Blogs

Archivo de la categoría ‘Copa del Mundo’

Una crónica diferente

Jueves, 24 Junio 2010

carlos-vanaclocha.jpg

Os escribo en vivo y directo desde la tribuna central del Ellis Park, afín esta tarde a la causa italiana. Conocéis de sobra su estilo: una dulce agonía que culmina en esa jugada rocambolesca y atropellada con la que siempre sobreviven, ¡claro que sí! Ellos manejan como nadie los tempos de este tipo de partidos y saben de qué va la vaina. Bueno, tampoco deseo del todo que la campeona siga abriéndose camino. A mi lado se sienta Marek, un fotógrafo de Bratislava encantado de la vida. Se sobreexcita cada vez que su equipo amaga con cercar el área italiana; refunfuña si los de alrededor vitorean a Cannavaro y aguanta el aire cuando asoma la terna de delanteros que Lippi ha sacado a pasear. No es ninguna bola: Italia juega hoy con tres arietes. Creo que estoy presenciando un hecho histórico en ochenta años de mundiales.

¡Ay va!, Eslovaquia acaba de marcar y mi grada casi estalla por los aires: otro eslovaco no para de bramar y, como no le entiendo, deduzco que agradece el momento de éxtasis. En la fila justo debajo de la mía hay dos coreanos que están flipando; me gritan en inglés (el ruido de las malditas vuvuzelas es ensordecedor) que la campeona está noqueada. Yo les respondo que soy español y que no me importa quién pase. He venido a ver a La Italia  para incordiar a Cannavaro (por aquello que sabe español), en su defecto a Zambrotta (dos añitos de pachorra en Barcelona) y si soy muy torpe, me contentaré con una entrevista al italo-argentino Camoranesi. Vamos, grabar a alguien, aunque sea el aguador. A veces éstos te cuentan algún secretillo de vestuario.

Tanta Italia, tanta Italia, y por el momento poco más que once tíos atusándose el pelo cada dos por tres. Fijaos si les preocupa la moda que cuando Eslovaquia ha sacado de centro tras el pitido inicial, el portero Marchetti estaba peinándose…¡sin los guantes puestos! Soy yo su entrenador y no vuelve a jugar con la selección. En fin, que se acabó la primera parte y hoy no veo animadoras por ninguna parte. Sí las hubo en el Brasil-Corea del Norte, porque para esas pantomimas los brasileños se lo montan como nadie. ¡Ay, no!, perdón: ahora mismito acaban de aparecer las cheerleaders. Ya me parecía raro que los italianos fueran tan pavisosos, o quizás hayan sido los eslovacos quienes hayan insistido en amenizar el descanso.

Acaba de reanudarse el partido y la temperatura ha descendido vertiginosamente. De doce o trece grados hemos pasado a siete, me lo ha dicho un locutor brasileño que está sentado con el gran Mauro Silva, otro de los comentaristas estrella de este Mundial. Si dentro de un rato no tengo mucho ajetreo, le recordaré un par de discotecas de La Coruña. Aunque, pensándolo bien, éste era de los que se cuidaban y no le iba mucho la samba de noche.

Amigos, aquí termina esta crónica porque empiezo a estar aterido de frío y mis dedos no aciertan a pulsar la tecla correcta. El desenlace del partido lo habréis visto por la tele y si no, lo leéis aquí, en Ecodiario. Me despido con el ruido atronador de las trompetitas, ¿por qué? porque la gente está jaleando la salida al campo de Pirlo y me apetece verle con una cerveza…sin alcohol, tranquilos.  

   

Johannesburgo

Sbado, 19 Junio 2010

Por fin voy conociendo Johannesburgo; después de estar recluido once días en el IBC, anoche tuve un ratito y aproveché la visita de un amigo para cenar en una de las plazas más famosas de la ciudad, y una de las más raras que he visto en mi vida. Nelson Mandela Square no es un sitio cualquiera, está edificado en altura y se accede por las escaleras mecánicas de un edificio. La plaza en sí es pequeña, pero la gracia son sus restaurantes y bares de copas que amenizan el lugar todas las noches.  Cené en un asador (sí, aquí la carne es excelente) y tomé uno de los vinos que tanta fama van teniendo en Europa. Pedimos un merlot de la casa; Yacinne, mi acompañante, me comentó que estaba un poco joven pero bebible. A mí me dio igual (tampoco me las iba a dar de exigente), estaba disfrutando de la velada más entretenida desde que aterricé en Sudáfrica.

Ya que me he puesto a relataros la noche, os cuento el epílogo. Cuando salimos del restaurante, nos pedimos una copa en el bar que estaba justo en frente. Nada más entrar, nos encontramos de sopetón con una treintena de hondureños que no paraban de corear canciones futboleras típicas de su país. Un par de ellos se dieron cuenta que eramos españoles y nos pusimos a charlar del Mundial. Habían viajado desde Tegucigalpa para animar a su selección durante toda la primera fase; bueno, hasta que duren. Y claro, ayer no era el día más propicio para fardar de España. De todos modos, ellos están convencidos que pueden darnos guerra el próximo lunes. Les creo, seguro que los suizos también lo pensaban.

He comenzado por el final, pero el día amaneció muy animado. Aquí a la gente le da igual que los Bafana Bafana ganen o pierdan, esto es una juerga continua. Este viernes había mercadillo camino del IBC, lo podéis ver en la foto. Los sudafricanos montan tiendas ambulantes al estilo de El Rastro madrileño en un pispás. Uno puede desde fruta y verduras hasta una camiseta de la selección sudafricana: el merchandising ha calado en todos los rincones de la ciudad.

El viaje diario en autobús desde el hotel hasta el centro de trabajo cubre una ruta que describe a la perfección los exagerados contrastes de Johannesburgo: desde ese mercadillo que podías ver, pasando por el centro financiero, hasta el estadio Soccer City, una monstruosidad capaz de engullir a casi noventa mil espectadores. Tanta preciosidad para que dentro de un mes quede obsoleto. Una pena, la verdad.

¡Que siga la jarana!

Martes, 15 Junio 2010

Acabo de llegar al centro de emisiones de Johannesburgo aterido de frío; pensaréis que esto es Sudáfrica, pero es que el día ha amanecido con cuatro grados de temperatura y fuertes rachas de viento huracanado. Así pinta la jornada en la que me voy a  cubrir el Brasil – Corea del Norte. Sí, sé que el partido no es muy apetecible porque los brasileños hacen de todo menos jugar bien, y de los norcoreanos ha salido un tal Jong Tae-se diciendo que pueden ganar y que él, personalmente, se parece a Wayne Rooney y Didier Drogba, ¡toma ya! Aunque, pensándolo bien, a veces también me he gustado tanto como José María García o Matías Prats. Por imaginar, que no quede.

Estoy un poco ansioso porque entre en liza España; más que nada, para ver si me divierto con algún partido. Por el momento, me he tragado tostones abominables como el Japón-Camerún o el Argelia – Eslovenia…y los que todavía faltan. Pero, aparte de nuestra selección, me apetece que vuelva a jugar Sudáfrica para vivir otra fiesta tumultuaria, con la gente histérica soplando las dichosas vuvuzelas desde el amanecer. La trompetita tiene gracia un rato, pero los sudafricanos nos van a dar ración de soplidos para un mes. Con razón hay mercadillos ambulantes en las carreteras en las que el stock de tapones para los oídos se agota continuamente.

Otros que han montado un buen jaleo en el IBC son los brasileños. He contado hasta una veintena de teles y radios que siguen a la ‘canarinha’. Tampoco me extraña porque allí, en Brasil, les va la vida con su selección. Si Johannesburgo es una jarana permanente, Río no le debe andar a la zaga. Ya os contaré mañana cómo me las arreglo esta noche para intentar ‘incordiar’ a Kaká, Dani Alves o Luis Fabiano. Me han informado que centenares de periodistas se han acreditado para el debut de Brasil; quizá pueda engañar a alguien en el estadio para que me consiga una entrevista en exclusiva. Difícil, ¿verdad?

¡Ah!, se me olvidaba: esta mañana en el hotel, cuando estaba esperando al ascensor en el descansillo de mi segunda planta, he empezado a oír cánticos tribales. Una vez en el ascensor el ruido se acrecentaba hasta que he aparecido en la recepción y todo el servicio de empleados amenizaba a los huéspedes con cánticos y palmas. Me dicen que lo hacen varias veces a la semana, así que para la próxima lo grabaré en vídeo para que lo podáis ver en Ecodiario. Sinceramente, me gusta mucho el ánimo de esta gente, deslumbrada por el acontecimiento que la FIFA les ha servido. Lo están aprovechando bien; saben que pueden pasar décadas hasta que el mundo vuelva a prestarles atención.

¡¡Porque esto es África!!

Viernes, 11 Junio 2010

shakira.jpg

Terminé el trabajo entre bambalinas y me puse el esmoquin de gala, ya tocaba que empezara la función. El estadio Soccer City, muy cerquita de mi centro de operaciones, abrió sus puertas para dar el pistoletazo de salida al mundial en que se concitan por primera vez todos los campeones del mundo. Y se ha notado que Johannesburgo ha vivido el prólogo de una fiesta apasionante. Desde la mañana, cientos de miles de vuvuzelas han atronado sin cesar por todos los rincones de la ciudad; no es para menos, el mundo entero ha escudriñado a Johannesburgo para darles su aprobación.

Ciertamente Johannesburgo se lo ha montado bien. Cuando esta mañana venía al IBC (International Broadcasting Center) en el autobús de la prensa, me he cerciorado que el Mundial no se vive igual aquí que en Europa. La población está sobreexcitada por la bonita oportunidad que les ha concedido Joseph Blatter. La selección sudafricana ha despertado un interés inusitado que seguramente apabullaría a las ganas de Mundial de otros países, incluido España. No me imagino las calles de Madrid abarrotadas de aficionados a primera hora de la mañana y sin pausa hasta la noche, animando y encandilando a los turistas. Ellos lo han conseguido; han aparcado (que no olvidado) sus graves y dilatados problemas sociales y económicos, y se han entregado a la fiesta. En serio, sé que es imposible ponerme en su lugar, con todo el trasfondo que ello implica, pero sí que he intuido la jovialidad con la que van a colorear cada día de competición. Desde que empecé a cogerle gustillo a esto del fútbol y por lo que me han contado compañeros que han cubierto otros mundiales, jamás había percibido tanta algarabía en masa. Los sudafricanos, por lo menos los de Johannesburgo, conciben el Mundial como si pudiese cambiar sus vidas. Es peligroso, pero te hace esbozar una sonrisa.

Pero sonrisa, irónica en este caso, la del guardaespaldas de Shakira. Esta mañana se ha dado una vuelta por el centro de emisiones porque debía conceder unas entrevistas programadas con anterioridad. Así que me he ido decidido con mi compi Isaac Fouto a sacarle un saludo. Claro, intentar hablar con una superestrella se las trae: hemos podido sortear al primer vigilante porque el hombre se ha hartado de nosotros y no quería aguantar más barrila. A continuación llegaba lo gordo: un sudafricano controlaba quien estaba autorizado para subir al plató donde estaba la cantante colombiana. Le hemos podido sobornar con un simple grito de ‘¡Bafana, Bafana! Y cuando habíamos enchufado la grabadora para robarle un ‘hola’ a Shakira (y por qué no un beso), ha aparecido el guardaespaldas personal y nos ha mandado a casa con un simple gesto. No ha hecho falta que dijera nada, su sola presencia lo decía todo. En fin, nos hemos cansado de repetirle hasta la saciedad que sólo queríamos un saludo de Shakira para la COPE y para toda España. Quizá si hubiésemos venido con un regalito, como el resto de medios que habían concertado el encuentro, el guardaespaldas no nos habría acojonado. Lo siento, amigos, pero no os preocupéis que vendrán más celebrities.

Tierra de oportunidades

Jueves, 10 Junio 2010

La cita que podéis leer en el cabecero del blog Objetivo Sudáfrica la descubrí durante el vuelo que me trajo a esta tierra de oportunidades. La genial frase la he sacado de Gary Jennings y su fascinante Viajeros, una oda al infatigable espíritu aventurero de Marco Polo; sin duda, os la recomiendo, porque dan ganas de echarse la maleta a cuestas y ver qué depara el mundo. Pero aludo a Sudáfrica como una tierra de oportunidades porque atina más o menos con lo que el país quiere reivindicar al mundo. Irlandeses, italianos y demás inmigrantes de ese lado del Atlántico se obsesionaron hace un siglo con América, por entonces la verdadera tierra de oportunidades, o así se creía entonces. Hoy ya es 2010 y Sudáfrica quiere explotar el apelativo para con su gente, la que hoy lo necesita.

Johannesburgo va a ser mi hábitat de trabajo durante los próximos cuarenta días. Es una ciudad curiosa porque asoma infraestructuras impresionantes con suburbios de gente negra que se hacinan en la periferia. Tal contraste no se disimula por el día ni por la noche: ricos y pobres conviven en una urbe que ya se sobreexcitó hace quince años, cuando Nelson Mandela solidarizó a todo un pueblo en torno a un balón de rugby. Entonces, Sudáfrica expuso al mundo un Mundial (de rugby) inolvidable. Década y media después,  la FIFA ha querido dar otra oportunidad a África para demostrar que aquí también se puede entender al occidentalismo. Me ha encandilado observar desde un autobús como se agolpaba la gente en las calles con sus  vuvuzelas (trompetas muy ruidosas, demasiado para mi gusto) para proclamar la venida del Mundial. Precisamente, este miércoles ha sido el día de la selección anfitriona, apodada Bafana Bafana. Sus hinchas han sincronizado manifestaciones por toda la ciudad a las doce del mediodía para saludar al fútbol, otro más de los protagonistas concitados aquí este verano.

Porque Sudáfrica 2010 no es sólo una Copa del Mundo, es la máxima expresión de una cultura lejana(para mí, al menos); es la llamada de atención de un país con el que Mandela ha dado ejemplo a la ONU y, finalmente, la reválida de un país y por ende un continente a los que se les puede fiar un acontecimiento de tan vastas dimensiones.

Hoy comienza mi segundo día recluido en el Centro de Emisiones. Nunca había visto una colmena de estudios de televisión y radio tan desmesurada como ésta. Miles de periodistas de todos los continentes (bueno, creo que de la Antártida no ha venido nadie) comparten espacio y se exprimen diariamente para narrar los partidos y escudriñar la actitud de nuestros anfitriones. Por el momento, sólo puedo hablar de una hospitalidad exagerada; ni una mala cara, ni un gesto enfurruñado. La llegada ha sido una bienvenida complaciente. La gente no ha olvidado su dudoso pasado y el duro presente; pero estos días se están volcando con lo que puede ser la bisagra a un estado de bienestar más agraciado. Que así sea.