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Archivo de la categoría ‘Sudáfrica’

Queridísimo Ellis Park

Domingo, 4 Julio 2010

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¡Qué potra la mía! Vengo a un Mundial y España hace historia, magnífico. Encima, tuve la ocasión de volver a asistir a mi predilecto Ellis Park. No sé, quizá no sea el estadio más fastuoso de Sudáfrica, pero le he cogido cariño venir aquí. Es simplón y atractivo al mismo tiempo; tumultuoso por dentro y frío por fuera.  Tiene el corte de un estadio inglés y, aunque es un poco vetusto, sus galerías están recién alicatadas. El Ellis ha acogido el epílogo de lo que iba a ser el cuento argentino; el amago de la gran Brasil en octavos; la defunción de la oxidada Italia y, por supuesto, la historia de España. Porque ahí hemos inventado un nuevo relato, el de las ‘semis’.

El miércoles ganaremos o perderemos, me da igual. La gente recordará a la campeona de Europa que una vez le dio por llegar hasta el penúltimo peldaño de un Mundial, o no. Puede que sea mucho mejor, pero estas intrigas no van conmigo y no voy a estar deshojando la margarita hasta que llegue el Alemania-España. Además, Martín me comentaba durante el partido de anoche que hagamos lo que hagamos, ya hemos dejado huella. Por lo menos, él se llevará a Perú una grata imagen de nuestro fútbol, a pesar de que la noche fuera un pestiño…hasta que a Iker le dio por ser Iker.

No os podéis imaginar el efecto devastador que ha tenido la eliminación de Argentina en el IBC. Aparte de los cansinos halagos y recelos a Maradona, los periodistas confiaban que ésta sería  su fiesta. Pero ha bastado un contendiente respetable para dejar el centro de prensa como un solar. Los argentinos habían venido en masa a Johannesburgo y en tropel se irán. Adalina, presentadora de la tele TYC Sports, me confesaba la semana pasada que estaba un poco cansada debido al  ajetreo diario. Ella tampoco es muy forofa, o sea que no le habrá molestado el bofetón alemán.

En definitiva, el panorama del IBC parece un Gran Hermano, en el que a medida que van cayendo las selecciones, sus respectivos periodistas vacían los pabellones. Por suerte, quedamos nosotros, un ejército entero de alemanes de la super ZDF,  la tele local de Holanda y un puñado de uruguayos desperdigados por todos los estudios sudamericanos. Y, cómo no, Al Jazeera sigue haciendo alardes de ostentación con sus macroequipos electrónicos, vastos platós, sofisticadas cabinas de producción y la plantilla de comentaristas estrellas que entran y salen de la sala de maquillaje a todas horas. Vamos, que aún quedamos una burrada.

Entre celebridades…y plátanos

Jueves, 1 Julio 2010

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Perdón por estos dos días de ausencia. Mi delicado estómago no me ha dejado trabajar a gusto y cada vez que intentaba teclear algo, un dolor insoportable me impedía contaros las peripecias de  Johannesburgo. La razón de mi angustia la corrobora la foto que os muestro. Mi ‘buen’ amigo Thahani, oriundo de aquí, nos recomendó que compráramos plátanos y demás fruta en el mercadillo dominical de Sandton. Ingenuo de mí, le hice caso y éstas han sido las consecuencias. Ciertamente, ese bazar es muy famoso en toda la ciudad; maldita la casualidad que justo me tocaran a mí un par de plátanos pasados, y eso que tenían pinta de manjar. No le he recriminado nada a Thahani, porque es nuestro taxista oficial: precio módico y servicio premium, perfecto. No es fácil encontrar una bicoca semejante por estos lares, más que nada porque en Sudáfrica el tema del transporte es un cachondeo. Esta semana os relataré más cositas del gran Thahani, un guía excepcional capaz de recomendarte hasta el bar donde sirven el mejor anís del África subsahariana. Aunque, como el anís siente igual de bien que los platanos…

Mercadillos aparte, el centro internacional de prensa se está quedando vacío. Ayer el panorama era desolador porque pudimos disfrutar del primer día de descanso, ¡ya era hora! Casi veinte días de fútbol a granel me habían saturado un poco. Hoy toca apurar el asueto y mañana empiezan los cuartos de final. Todavía no sé si podré ir al Uruguay-Ghana; no me querría perder al único superviviente del Mundial que ansiaba la eclosión definitiva del fútbol africano. Además, me apetece entrevistar a Forlán y confesarle que en algunos momentos siento nostalgia de Madrid.

Por cierto, el pasado lunes pululaba yo por el comedor del IBC, indeciso en qué elegir, cuando una mujer me preguntó en inglés si le podía sugerir algún determinado tipo de ensaladas, de las tropecientas que hay. Como su acento me sonaba latino, le respondí que era español y ella se rió. “Ah, bueno, entonces es más fácil”, replicó. Me contó que era puertorriqueña residente en Miami y presentadora de una tele hispana. Yo le resumí mi vida escuetamente mientras hacíamos cola para pagar la comida, me dio su mail y me dijo que, si quería, fuera a buscarla esta semana para tomar algo.

Cuando llegué a mi estudio, como estaba un poco ocioso, busqué videos suyos para ver qué programas presentaba. No hizo falta navegar mucho por internet; escribí su nombre en google y aparecieron miles de entradas. Ésta es la susodicha…¡vaya!, al parecer he conocido a una celebridad.

El cortejo descomunal

Domingo, 20 Junio 2010

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Son las doce menos cuarto de la noche y todavía sigo tecleando en mi ordenador del IBC. Hoy no ha sucedido nada fascinante, pero se me olvidó contaros que esta semana estuve en el Brasil-Corea del Norte. El partido en sí no tuvo mucho misterio, pero insistí en ir porque quería pisar el mítico Ellis Park. Bueno, tampoco os voy a mentir: el verdadero campo, donde los springbocks vencieron contra todo pronóstico a la todopoderosa Nueva Zelanda de Jonah Lomu en la Copa del Mundo de rugby de 1995, se ha quedado en reliquia. Ni siquiera eso, ahora es un ‘campucho’ que pisotea cualquier transeúnte de la ciudad. El nuevo Ellis es un estadio cualquiera, sin más.

La selección brasileña arrastra un cortejo descomunal allá donde va; no exagero si calculo un número de periodistas de entre trescientos y cuatrocientos para cada partido, ¡qué barbaridad! Inmediatamente después del pitido final, unos cuantos españoles salimos pitando a la zona mixta (la sala en la que los jugadores son entrevistados por los medios) para agarrar literalmente a algún protagonista. La espera fue pesada y los nervios me atenazaron hasta tal punto que ya no podía enchufar la grabadora. Entonces, salió Julio César a la palestra y una marabunta de micrófonos engulló al portero. La espeluznante imagen me pilló a varios metros; ya me podía olvidar de entrevistar a alguien en exclusiva.

Pero he aquí que tuve suerte y pude atrapar a Dani Alves justo en un momento en el que nadie le incordiaba. Aunque, claro, fueron tres preguntas rápidas, respuestas aún más cortas, y cuando le quise pedir opinión sobre Sandro Rosell, su jefe de prensa me apartó el micrófono. Ya no recordaba cómo se las gastaba la corte de aduladores, amiguetes y demás ‘asesores’ que se encargan de exprimir la imagen de los cracks del baloncito. Total, que con tres tonterías de Alves grabadas, me fui a por Felipe Melo, otro titular indiscutible que pasó por España sin pena ni gloria.

Ahora viene el clímax (naturalmente, lo tenía que dejar para el final): el gran Kaká, el fracaso más sonado de la Liga, todavía es el más mediático de su selección. Por supuesto, tuvo que atender mil y una entrevistas hasta que me cayó mi oportunidad. Grité a Kaká al oído y le supliqué un par de declaraciones para todo Madrid. Fue escuchar ‘Madrid’ y el tío se acercó a mí sin refunfuñar. Rodeado de otros presentadores, conseguí preguntarle cuatro veces consecutivas; así que ya tenía mi entrevista. Tampoco dijo nada fascinante, como la mayoría de futbolistas, pero me pude colgar una medallita de la que podré fardar…no sé cuándo.

Johannesburgo

Sbado, 19 Junio 2010

Por fin voy conociendo Johannesburgo; después de estar recluido once días en el IBC, anoche tuve un ratito y aproveché la visita de un amigo para cenar en una de las plazas más famosas de la ciudad, y una de las más raras que he visto en mi vida. Nelson Mandela Square no es un sitio cualquiera, está edificado en altura y se accede por las escaleras mecánicas de un edificio. La plaza en sí es pequeña, pero la gracia son sus restaurantes y bares de copas que amenizan el lugar todas las noches.  Cené en un asador (sí, aquí la carne es excelente) y tomé uno de los vinos que tanta fama van teniendo en Europa. Pedimos un merlot de la casa; Yacinne, mi acompañante, me comentó que estaba un poco joven pero bebible. A mí me dio igual (tampoco me las iba a dar de exigente), estaba disfrutando de la velada más entretenida desde que aterricé en Sudáfrica.

Ya que me he puesto a relataros la noche, os cuento el epílogo. Cuando salimos del restaurante, nos pedimos una copa en el bar que estaba justo en frente. Nada más entrar, nos encontramos de sopetón con una treintena de hondureños que no paraban de corear canciones futboleras típicas de su país. Un par de ellos se dieron cuenta que eramos españoles y nos pusimos a charlar del Mundial. Habían viajado desde Tegucigalpa para animar a su selección durante toda la primera fase; bueno, hasta que duren. Y claro, ayer no era el día más propicio para fardar de España. De todos modos, ellos están convencidos que pueden darnos guerra el próximo lunes. Les creo, seguro que los suizos también lo pensaban.

He comenzado por el final, pero el día amaneció muy animado. Aquí a la gente le da igual que los Bafana Bafana ganen o pierdan, esto es una juerga continua. Este viernes había mercadillo camino del IBC, lo podéis ver en la foto. Los sudafricanos montan tiendas ambulantes al estilo de El Rastro madrileño en un pispás. Uno puede desde fruta y verduras hasta una camiseta de la selección sudafricana: el merchandising ha calado en todos los rincones de la ciudad.

El viaje diario en autobús desde el hotel hasta el centro de trabajo cubre una ruta que describe a la perfección los exagerados contrastes de Johannesburgo: desde ese mercadillo que podías ver, pasando por el centro financiero, hasta el estadio Soccer City, una monstruosidad capaz de engullir a casi noventa mil espectadores. Tanta preciosidad para que dentro de un mes quede obsoleto. Una pena, la verdad.

¡Que siga la jarana!

Martes, 15 Junio 2010

Acabo de llegar al centro de emisiones de Johannesburgo aterido de frío; pensaréis que esto es Sudáfrica, pero es que el día ha amanecido con cuatro grados de temperatura y fuertes rachas de viento huracanado. Así pinta la jornada en la que me voy a  cubrir el Brasil – Corea del Norte. Sí, sé que el partido no es muy apetecible porque los brasileños hacen de todo menos jugar bien, y de los norcoreanos ha salido un tal Jong Tae-se diciendo que pueden ganar y que él, personalmente, se parece a Wayne Rooney y Didier Drogba, ¡toma ya! Aunque, pensándolo bien, a veces también me he gustado tanto como José María García o Matías Prats. Por imaginar, que no quede.

Estoy un poco ansioso porque entre en liza España; más que nada, para ver si me divierto con algún partido. Por el momento, me he tragado tostones abominables como el Japón-Camerún o el Argelia – Eslovenia…y los que todavía faltan. Pero, aparte de nuestra selección, me apetece que vuelva a jugar Sudáfrica para vivir otra fiesta tumultuaria, con la gente histérica soplando las dichosas vuvuzelas desde el amanecer. La trompetita tiene gracia un rato, pero los sudafricanos nos van a dar ración de soplidos para un mes. Con razón hay mercadillos ambulantes en las carreteras en las que el stock de tapones para los oídos se agota continuamente.

Otros que han montado un buen jaleo en el IBC son los brasileños. He contado hasta una veintena de teles y radios que siguen a la ‘canarinha’. Tampoco me extraña porque allí, en Brasil, les va la vida con su selección. Si Johannesburgo es una jarana permanente, Río no le debe andar a la zaga. Ya os contaré mañana cómo me las arreglo esta noche para intentar ‘incordiar’ a Kaká, Dani Alves o Luis Fabiano. Me han informado que centenares de periodistas se han acreditado para el debut de Brasil; quizá pueda engañar a alguien en el estadio para que me consiga una entrevista en exclusiva. Difícil, ¿verdad?

¡Ah!, se me olvidaba: esta mañana en el hotel, cuando estaba esperando al ascensor en el descansillo de mi segunda planta, he empezado a oír cánticos tribales. Una vez en el ascensor el ruido se acrecentaba hasta que he aparecido en la recepción y todo el servicio de empleados amenizaba a los huéspedes con cánticos y palmas. Me dicen que lo hacen varias veces a la semana, así que para la próxima lo grabaré en vídeo para que lo podáis ver en Ecodiario. Sinceramente, me gusta mucho el ánimo de esta gente, deslumbrada por el acontecimiento que la FIFA les ha servido. Lo están aprovechando bien; saben que pueden pasar décadas hasta que el mundo vuelva a prestarles atención.

Zamorano, Valderrama, Stoichkov,….

Lunes, 14 Junio 2010

Pues por aquí siguen pasando viajes glorias ávidas de notoriedad. A mediodía, mientras cogía los cubiertos para comer, me he chocado de frente con el gran Hristo Stoichkov. Ahí estaba él, impecable con su traje de Armani y un gesto de pocos amigos. Aunque tampoco parecía tan cabreado como acostumbraba cuando pisaba el césped; entonces, no había quien le aguantase. Puede que la edad le haya serenado, pero sigue siendo cortante. Le he dado la mano y me ha soltado un simplón qué tal. Tampoco esperaba un abrazo efusivo, pero me había imaginado un saludo más agradable que me diera pie a charlar de fútbol con el mejor futbolista búlgaro de todos los tiempos.

Y si Stoichkov parece un tío desabrido (sólo de fachada), su bendito contraste lo he encontrado en el entrañable Carlos Valderrama. Sí, le recordaréis por aquel lance con Míchel, en el que el madridista le tocó sus partes, o más bien el colombiano se quedó mirando, inerte y estupefacto. Valderrama es un auténtico crack porque se para a hablar con todo el que pasa por su lado. Su carácter campechano seduce a cualquiera en este IBC de Johannesburgo; sonríe por inercia e hipnotiza a aquellos que se quedan escuchando sus teorías futboleras: que si España va como un cohete pero se la puede dar, que si a Brasil le falta una nueva hornada de jugones,… Se le nota que echa muchísimo de menos a su querida Colombia.

También he visto de soslayo a Iván Zamorano, Bam Bam para la historia merengue y El Terrible para sus fanáticos chilenos. Comenta los partidos del Mundial para una televisión de su país y nunca pierde ocasión de merodear este vasto centro de operaciones para ver cómo trabajan otros medios. Es una pena que no me haya parado a conversar con él, tiempo habrá. Y éste no es de los que te miran por encima del hombro, me consta. Algún compañero me ha contado que le pirra recordar su vida madrileña. Obviamente, los futbolistas que pasan o acaban en la capital no viven mal. La excepción más escandalosa que conozco es la del francés Nicolas Anelka, ¡qué mal lo pasó en Madrid con su hermano en aquel chalé que tenía campo de fútbol!
En fin, otra singladura más por Johannesburgo sin haberme adentrado en la ciudad. A ver si después del debut de España del próximo miércoles tengo un ratillo e indago un poco por aquí, claro que no solo. Para mañana os contaré la verbena que tienen montada los sudafricanos con los dichosos taxis…sólo os digo que es legal llevar a seis personas en un turismo de cinco plazas: esto es África.  

¡¡Porque esto es África!!

Viernes, 11 Junio 2010

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Terminé el trabajo entre bambalinas y me puse el esmoquin de gala, ya tocaba que empezara la función. El estadio Soccer City, muy cerquita de mi centro de operaciones, abrió sus puertas para dar el pistoletazo de salida al mundial en que se concitan por primera vez todos los campeones del mundo. Y se ha notado que Johannesburgo ha vivido el prólogo de una fiesta apasionante. Desde la mañana, cientos de miles de vuvuzelas han atronado sin cesar por todos los rincones de la ciudad; no es para menos, el mundo entero ha escudriñado a Johannesburgo para darles su aprobación.

Ciertamente Johannesburgo se lo ha montado bien. Cuando esta mañana venía al IBC (International Broadcasting Center) en el autobús de la prensa, me he cerciorado que el Mundial no se vive igual aquí que en Europa. La población está sobreexcitada por la bonita oportunidad que les ha concedido Joseph Blatter. La selección sudafricana ha despertado un interés inusitado que seguramente apabullaría a las ganas de Mundial de otros países, incluido España. No me imagino las calles de Madrid abarrotadas de aficionados a primera hora de la mañana y sin pausa hasta la noche, animando y encandilando a los turistas. Ellos lo han conseguido; han aparcado (que no olvidado) sus graves y dilatados problemas sociales y económicos, y se han entregado a la fiesta. En serio, sé que es imposible ponerme en su lugar, con todo el trasfondo que ello implica, pero sí que he intuido la jovialidad con la que van a colorear cada día de competición. Desde que empecé a cogerle gustillo a esto del fútbol y por lo que me han contado compañeros que han cubierto otros mundiales, jamás había percibido tanta algarabía en masa. Los sudafricanos, por lo menos los de Johannesburgo, conciben el Mundial como si pudiese cambiar sus vidas. Es peligroso, pero te hace esbozar una sonrisa.

Pero sonrisa, irónica en este caso, la del guardaespaldas de Shakira. Esta mañana se ha dado una vuelta por el centro de emisiones porque debía conceder unas entrevistas programadas con anterioridad. Así que me he ido decidido con mi compi Isaac Fouto a sacarle un saludo. Claro, intentar hablar con una superestrella se las trae: hemos podido sortear al primer vigilante porque el hombre se ha hartado de nosotros y no quería aguantar más barrila. A continuación llegaba lo gordo: un sudafricano controlaba quien estaba autorizado para subir al plató donde estaba la cantante colombiana. Le hemos podido sobornar con un simple grito de ‘¡Bafana, Bafana! Y cuando habíamos enchufado la grabadora para robarle un ‘hola’ a Shakira (y por qué no un beso), ha aparecido el guardaespaldas personal y nos ha mandado a casa con un simple gesto. No ha hecho falta que dijera nada, su sola presencia lo decía todo. En fin, nos hemos cansado de repetirle hasta la saciedad que sólo queríamos un saludo de Shakira para la COPE y para toda España. Quizá si hubiésemos venido con un regalito, como el resto de medios que habían concertado el encuentro, el guardaespaldas no nos habría acojonado. Lo siento, amigos, pero no os preocupéis que vendrán más celebrities.

Tierra de oportunidades

Jueves, 10 Junio 2010

La cita que podéis leer en el cabecero del blog Objetivo Sudáfrica la descubrí durante el vuelo que me trajo a esta tierra de oportunidades. La genial frase la he sacado de Gary Jennings y su fascinante Viajeros, una oda al infatigable espíritu aventurero de Marco Polo; sin duda, os la recomiendo, porque dan ganas de echarse la maleta a cuestas y ver qué depara el mundo. Pero aludo a Sudáfrica como una tierra de oportunidades porque atina más o menos con lo que el país quiere reivindicar al mundo. Irlandeses, italianos y demás inmigrantes de ese lado del Atlántico se obsesionaron hace un siglo con América, por entonces la verdadera tierra de oportunidades, o así se creía entonces. Hoy ya es 2010 y Sudáfrica quiere explotar el apelativo para con su gente, la que hoy lo necesita.

Johannesburgo va a ser mi hábitat de trabajo durante los próximos cuarenta días. Es una ciudad curiosa porque asoma infraestructuras impresionantes con suburbios de gente negra que se hacinan en la periferia. Tal contraste no se disimula por el día ni por la noche: ricos y pobres conviven en una urbe que ya se sobreexcitó hace quince años, cuando Nelson Mandela solidarizó a todo un pueblo en torno a un balón de rugby. Entonces, Sudáfrica expuso al mundo un Mundial (de rugby) inolvidable. Década y media después,  la FIFA ha querido dar otra oportunidad a África para demostrar que aquí también se puede entender al occidentalismo. Me ha encandilado observar desde un autobús como se agolpaba la gente en las calles con sus  vuvuzelas (trompetas muy ruidosas, demasiado para mi gusto) para proclamar la venida del Mundial. Precisamente, este miércoles ha sido el día de la selección anfitriona, apodada Bafana Bafana. Sus hinchas han sincronizado manifestaciones por toda la ciudad a las doce del mediodía para saludar al fútbol, otro más de los protagonistas concitados aquí este verano.

Porque Sudáfrica 2010 no es sólo una Copa del Mundo, es la máxima expresión de una cultura lejana(para mí, al menos); es la llamada de atención de un país con el que Mandela ha dado ejemplo a la ONU y, finalmente, la reválida de un país y por ende un continente a los que se les puede fiar un acontecimiento de tan vastas dimensiones.

Hoy comienza mi segundo día recluido en el Centro de Emisiones. Nunca había visto una colmena de estudios de televisión y radio tan desmesurada como ésta. Miles de periodistas de todos los continentes (bueno, creo que de la Antártida no ha venido nadie) comparten espacio y se exprimen diariamente para narrar los partidos y escudriñar la actitud de nuestros anfitriones. Por el momento, sólo puedo hablar de una hospitalidad exagerada; ni una mala cara, ni un gesto enfurruñado. La llegada ha sido una bienvenida complaciente. La gente no ha olvidado su dudoso pasado y el duro presente; pero estos días se están volcando con lo que puede ser la bisagra a un estado de bienestar más agraciado. Que así sea.