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Zamorano, Valderrama, Stoichkov,….

Lunes, 14 Junio 2010

Pues por aquí siguen pasando viajes glorias ávidas de notoriedad. A mediodía, mientras cogía los cubiertos para comer, me he chocado de frente con el gran Hristo Stoichkov. Ahí estaba él, impecable con su traje de Armani y un gesto de pocos amigos. Aunque tampoco parecía tan cabreado como acostumbraba cuando pisaba el césped; entonces, no había quien le aguantase. Puede que la edad le haya serenado, pero sigue siendo cortante. Le he dado la mano y me ha soltado un simplón qué tal. Tampoco esperaba un abrazo efusivo, pero me había imaginado un saludo más agradable que me diera pie a charlar de fútbol con el mejor futbolista búlgaro de todos los tiempos.

Y si Stoichkov parece un tío desabrido (sólo de fachada), su bendito contraste lo he encontrado en el entrañable Carlos Valderrama. Sí, le recordaréis por aquel lance con Míchel, en el que el madridista le tocó sus partes, o más bien el colombiano se quedó mirando, inerte y estupefacto. Valderrama es un auténtico crack porque se para a hablar con todo el que pasa por su lado. Su carácter campechano seduce a cualquiera en este IBC de Johannesburgo; sonríe por inercia e hipnotiza a aquellos que se quedan escuchando sus teorías futboleras: que si España va como un cohete pero se la puede dar, que si a Brasil le falta una nueva hornada de jugones,… Se le nota que echa muchísimo de menos a su querida Colombia.

También he visto de soslayo a Iván Zamorano, Bam Bam para la historia merengue y El Terrible para sus fanáticos chilenos. Comenta los partidos del Mundial para una televisión de su país y nunca pierde ocasión de merodear este vasto centro de operaciones para ver cómo trabajan otros medios. Es una pena que no me haya parado a conversar con él, tiempo habrá. Y éste no es de los que te miran por encima del hombro, me consta. Algún compañero me ha contado que le pirra recordar su vida madrileña. Obviamente, los futbolistas que pasan o acaban en la capital no viven mal. La excepción más escandalosa que conozco es la del francés Nicolas Anelka, ¡qué mal lo pasó en Madrid con su hermano en aquel chalé que tenía campo de fútbol!
En fin, otra singladura más por Johannesburgo sin haberme adentrado en la ciudad. A ver si después del debut de España del próximo miércoles tengo un ratillo e indago un poco por aquí, claro que no solo. Para mañana os contaré la verbena que tienen montada los sudafricanos con los dichosos taxis…sólo os digo que es legal llevar a seis personas en un turismo de cinco plazas: esto es África.