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Krugman y la recesión

“Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión”. El diagnóstico lapidario es de George Soros, el gurú de las finanzas que, tras convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo, ha donado su inmensa fortuna a una fundación benéfica.

Parece evidente que así será, que el daño infligido a la economía real no financiera es, en alguna medida irreparable, porque ya está teniendo lugar la clausura irreversible de centros productivos no competitivos en esa nueva situación de ajuste. Además, para  muchos, la recesión ya está aquí, la veremos en cuanto se publiquen los últimos indicadores, por lo que no tiene sentido ponderar cómo evitarla: lo razonable es ver cómo actuar contra ella para salir de esta situación cuanto antes.

El premio Nobel ya no es lo que era, pero el economista Paul Krugman, que acaba de obtenerlo, no necesitaba del galardón para que su prestigio fuera ya muy alto. Y las posiciones de este profesional progresista y pragmático son bien claras: para proporciona ayuda a la economía real, “habrá que dejar de lado algunos prejuicios. Está políticamente de moda despotricar contra el gasto estatal y pedir responsabilidad fiscal. Pero ahora mismo, un mayor gasto estatal es justo lo que el doctor receta, y las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso”. Krugman cree que la recuperación del mercado inmobiliario va a tardar en producirse, aunque se consiga descongelar los mercados de crédito; y piensa asimismo que la bajada de tipos de interés que sin duda tendrá lugar a ambos lados del Atlántico apenas concederá un leve impulso económico. De modo que las recetas que sugiere son proporcionar prestaciones ampliadas a los desempleados (lo que incrementará la demanda interna), otorgar ayudas excepcionales a los entes estatales y locales (en nuestro caso, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos), para que no recorten bruscamente algunos servicios públicos con la consiguiente generación de más desempleo; proceder a la compra de hipotecas en ciertas condiciones y a la renegociación del crédito para evitar desahucios; abordar la puesta en construcción de algunas infraestructuras importantes, que aunque se concluirán cuando ya no haya crisis, son necesarias de todos modos…

En definitiva, Krugman propone –con carácter temporal, evidentemente- un sistema de subvenciones directas y de inversión en obras públicas que bien hubiera podido firmar el viejo Keynes, y que, lamentablemente, no tiene alternativa alguna en este momento.

La apelación al déficit público es en España perfectamente posible sin dañar los equilibrios macroeconómicos dado que en los tiempos de bonanza que acaban de pasar se ha conseguido reducir el endeudamiento a poco más del 38% del PIB, uno de los más bajos de la UE y, por supuesto, infinitamente menor que el norteamericano. Así las cosas, no parece que la lucha contra la recesión haya de conseguirse exclusivamente por la vía de reducir la presión fiscal a las pymes: también será preciso apelar temporalmente al déficit para socorrer a los damnificados, estimular la demanda y promover la actividad mediante inversiones públicas que, por utilizar la expresión del propio Keynes, ceben la bomba de la inversión privada.

 

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Una respuesta a “Krugman y la recesión”

  1. carlos gimenez baño dice:

    Soy un liberlal en mi forma de pensar en todos los ambitos pero no quiero dejar de pensar que ese señor Krugman puede tener razon .lo malo es que son las clases medias las que van a pagar de esta forma los desfueros de los bancos y demas gentes que se dedican a la economia financiera ademas de por supuesto de los que ya lo estan pasando mal por el mismo motivo.Vuelve a repetirse la historia , la avaricia del ser humano eso si que tiene poca solucion.
    ¿estamos ante el fin de Occidente como civilizacion dominante? creo que si

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