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Archivo de Octubre, 2008

Justicia sin rumbo

Jueves, 16 Octubre 2008

Sus señorías se han ofendido. El “caso Mariluz” trae cola, y los jueces de este país han decidido expresar su malestar: han convocado Juntas de Jueces simultáneas a la huelga que asimismo han convocado los secretarios judiciales para el próximo día 21. La razón es manifiesta: el Gobierno se ha entrometido, directamente mediante duras declaraciones y a través de la Fiscalía del Estado, en la depuración de las responsabilidades de aquel terribles asunto: el asesinato de una niña por un pederasta ya condenado que se hallaba sin embargo en libertad por un error judicial. Con la particularidad de que el juez que cometió el dislate, jefe de la Oficina Judicial y responsable último de cuanto sucede en su juzgado, ha sido hasta ahora sancionado por el CGPJ con 1.500 euros en tanto la secretaria judicial que actuaba a sus órdenes ha sido suspendida de empleo y sueldo por dos años por el Ministerio de Justicia.

La indignación del Gobierno ha sido en este caso trasunto de la que ha sentido toda la sociedad al comprobar cómo el corporativismo judicial, la vieja lacra, impedía a la Justicia autorregularse, hasta el punto que algunos nos hemos cuestionado si el vigente sistema de autogobierno judicial tiene sentido y puede mantenerse. La irritación de los jueces no es, pues, pertinente, y esa arrogancia que se trasluce del comunicado del CGPJ en que reivindica su independencia ante las “intromisiones” resulta ser la excusatio non petita de una institución que hasta ahora nos ha llenado de sonrojo por su incapacidad para cumplir cabalmente su papel constitucional.

Al fondo de esta triste historia, gravita aquel asombro de Ortega ante las insesateces de la Justicia: yo no sé una palabra de Derecho pero sí sé, cuando llega el caso, quedarme atónito.

Todos con Obama

Mircoles, 15 Octubre 2008

Una encuesta confeccionada para Antena 3 por TNS Demoscopia llega a la conclusión de que si los españoles participáramos en las elecciones americanas del próximo 4 de noviembre, el 62,4% de los electores votaríamos a Obama y apenas el 7,4% a McCain. Además, el 62,6 del censo español cree que Obama ganará finalmente las elecciones, frente al 14,1% que piensa que el triunfador será McCain.

De dicho cómputo, que es puramente testimonial porque obviamente no tendremos la oportunidad de dar nuestra opinión institucional sobre el futuro del Imperio (aunque habría muchas razones para ello), se desprenden varias interesantes conclusiones. Una de ellas es que quizá sea cierto que el eje de simetría del cuerpo electoral español está escorado de manera natural hacia el centro-izquierda, aunque como es lógico no sólo influyen en el voto las preferencias subjetivas sino las condiciones objetivas (calidad del candidato, coyuntura política y económica, desgaste de las opciones en liza, calidad del programa, etc.).

La otra conclusión, que tiene más sustancia, es que una mayoría de la sociedad española ha detectado con claridad la responsabilidad última de la crisis económica: han sido los republicanos de los Estados Unidos, hasta hace poco en manos de la corriente neocon, los que han engendrado el caos y el hundimiento doloso del sistema financiero USA, cuyo desmoronamiento ha arrastrado al sistema global. McCain paga así la debilidad y las desviaciones de Bush, verdadero causante de la catástrofe. 

Arrimar el hombro

Lunes, 13 Octubre 2008

El Rey, dotado siempre de una borbónica intuición que facilita sus funciones constitucionales –el arbitraje y la moderación de las instituciones, nada desdeñables-, ha acertado también con sus escuetas palabras durante la recepción de la fiesta nacional: “Hay que aguantar el tirón”, dijo, antes de recomendar “la unidad de todos para salir adelante” y “ponerse de acuerdo y empezar a trabajar” para hacer frente a la crisis financiera.

Esa necesidad de arrimar el hombro ante la coyuntura excepcional por la que atravesamos, que nos acomete desde fuera y de la que difícilmente se pueden exigir responsabilidades concretas aquí dentro, ya se ha manifestado tácitamente mediante diversos gestos. Varias reflexiones periodísticas sobre el 12 de octubre han destacado que, al contrario de lo que ocurrió en años anteriores,  la crispación ha desaparecido de la escena política –los líderes aprovechaban esta fecha para alardear de patriotismo y desacreditar al adversario- y ni siquiera el garrafal desliz de Rajoy con sus comentarios a micrófono abierto ha sido explotado políticamente. 

En el mismo orden de ideas, es patente que ha remitido la perentoriedad con que las fuerzas políticas catalanas han exigido la negociación y puesta en marcha del nuevo sistema de financiación autonómica, conscientes todos de que éste no es el momento de reclamar un incremento exorbitante de recursos, por lo que ya se da por hecho que el plan que se acuerde habrá de ser implementado poco a poco, a medida que la situación lo permita.

Asimismo, hoy es impensable que las cuentas públicas, que recogen ya sustanciales recortes del gasto y acercan el planeamiento presupuestario del Estado a la negra realidad macroeconómica, no sean aprobadas en el Parlamento. Con seguridad, la negociación que esta semana ha emprendido el Gobierno y que ha de fructificar antes de que concluya el viernes el plazo de presentación de enmiendas a la totalidad rendirá frutos. Ni siquiera puede descartarse que CiU brinde su apoyo a una causa que a todos nos conviene.

Mañana, con gran retraso, se celebrará la reunión Zapatero-Rajoy, que representará la participación institucional del PP en la solución de la crisis. Inexplicablemente, Rajoy –quien dice controlar los tiempos- provocó el aplazamiento de esa entrevista por el procedimiento de exigir previos contactos técnicos entre Solbes y Montoro. Parece claro que el encuentro llega tarde, cuando las diversas instancias internacionales han adoptado ya todas las medidas de emergencia, cuando el Gobierno las ha interiorizado en el consejo de ministros de hoy y cuando los Presupuestos españoles son prácticamente irrevocables. Hasta ahora, la voz cantante de la oposición en el terreno económico la ha llevado Montoro, y el ex ministro de Aznar no ha conseguido hacerse entender: su argumentación, a contracorriente de la evidencia, ha sido contradictoria y desconcertante. La verdad es que el Gobierno ha estado muy activo en la adopción de medidas que tienen el refrendo comunitario y van en la línea marcada por la propia comunidad internacional. Y puesto que la materia más escasa en esta hora es la confianza, un elemento subjetivo y frágil, el deber primordial de Zapatero y de Rajoy es el de tratar de infundirla, por lo que el encuentro entre ambos no debería desembocar en un catálogo de discrepancias concretas sino en una declaración conjunta estimulante de invitación a todos a arrimar el hombro y a “aguantar el tirón” solidariamente. A veces la grandeza es mucho más rentable políticamente que la corrosión.

El embrollo del ‘Estatut’ y el Tribunal Constitucional

Jueves, 9 Octubre 2008

Un periódico catalán con buenos contactos en las instituciones madrileñas ha revelado hoy que el dictamen del Tribunal Constitucional sobre los seis recursos de inconstitucionalidad presentados contra el Estatuto de Cataluña –los más relevantes son el del Partido Popular y el del Defensor del Pueblo- está muy avanzado; se habrían resuelto ya más del 80% de las cuestiones polémicas de la sentencia y, al parecer, se están consiguiendo aproximaciones notables entre las dos sensibilidades concurrentes en el tribunal. Tan adelantado está el estudio que sus resultados podrían publicarse en breve… si no se produce en el entretanto la renovación del Tribunal,  que ya debió haberse producido antes del finalizar el pasado año y que obligaría lógicamente a comenzar de nuevo los debates para que pudieran participar en ellos los cinco nuevos magistrados (cuatro elegidos por el Senado en rotación natural y uno en sustitución del fallecido García-Calvo).

Según dicho medio, que con certeza ha tenido acceso a alguna fuente del propio Tribunal, se estaría redactando una sentencia interpretativa que enmarcaría la bilateralidad en la multilateralidad sin eliminarla, de acuerdo con la lectura que hace ya Solbes del Estatut: las negociaciones bilaterales con Cataluña han de convalidarse en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y que plasmarse en la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (Lofca). El Tribunal recela además de la obligatoriedad de conocer el catalán en Cataluña, un precepto que amenaza presuntamente a la buena salud del castellano y que rebasa la previsión constitucional al respecto. Y salvaría el término ‘nación’ incluido en el preámbulo, precisamente por estar fuera del articulado dispositivo. En definitiva, parece que esta sentencia, si llegase a promulgarse, respondería a las expectativas que ya se han creado, sin generar un verdadero conflicto y, desde luego, sin forzar la modificación del texto refrendado plebiscitariamente por el pueblo de Cataluña.

Así las cosas, la pelota está ahora en el tejado del Gobierno. En principio, la renovación del Tribunal Constitucional quedó acordada entre Zapatero y Rajoy este verano, por lo que de no haber mediado algún inconveniente sobrevenido,  hubiera debido ser el TC renovado –con clara mayoría progresista- el encargado de sentenciar sobre el Estatut, con el consiguiente retraso. Pero la renovación está bloqueada por la incomprensible obstinación del PP de situar entre los nuevos jueces a Hernando y López, presidente y portavoz salientes del anterior CGPJ, muy ‘contaminados’ en distintos asuntos por las opiniones vertidas por ambos en su trabajo anterior. Así las cosas, el Gobierno puede desbloquear  la renovación, aunque fuera aceptando a los candidatos populares, o mantener su negativa y forzar por tanto una dilación que permita al actual TC concluir su tarea y dejar cerrado este embarazoso asunto. En aquel caso, el nuevo TC dictaría probablemente una sentencia menos restrictiva, aunque con un retraso injustificable.

La solución lógica a este embrollado dilema parece ser la de permitir al actual TC que concluya su trabajo mientras el Gobierno renegocia con el Partido Popular una renovación cabal del Constitucional que trate de huir de la excesiva politización en lugar de abonarla. La parcialidad ideológica de Hernando y López ha sido en el pasado tan llamativa que pretender elevarlos al arbitraje constitucional parece incluso una provocación. Quizá fuera pertinente madurar este asunto y procurar que, en lo posible, se cumpla el mandato de los constituyentes de llevar a las grandes instituciones a los profesionales más prestigiosos en vez de convertirlas en moneda con que pagar los servicios prestados. 

Corporativismo

Mircoles, 8 Octubre 2008

Los secretarios judiciales han comenzado a movilizarse para protestar por la sanción impuesta por el Ministerio de Justicia a su compañera por el “caso Mari Luz”, que consideran excesiva. Y ciertamente, tienen razón al irritarse y reaccionar toda vez que, como es sabido, el juez del caso, que es lógicamente el máximo responsable de la oficina judicial a su cargo, ha sido apenas sancionado con una multa de 1.500 euros por el mismo asunto.

El corporativismo judicial –la sanción al juez ha sido acordada por el CGPJ saliente- excita otros corporativismos. A la espera, claro está, de que prospere o no el recurso de la fiscalía contra la ridícula sanción al juez. En caso afirmativo, si el magistrado que toleró el colapso de su juzgado es apartado de su función como parece inevitable, la proporcionalidad se habría restablecido y el corporativismo habría de ceder por ambas partes.

Dicho de otra forma, la lenidad o el exceso sancionador desequilibran la integridad del poder judicial. Entre otras razones, porque la Justicia se nutre sobre todo de ecuanimidad y de sentido común.

Indecencia frente a la crisis

Martes, 7 Octubre 2008

El Gobierno y el PP son sin duda conscientes de que existe una vehemente reclamación ciudadana en el sentido de que la rivalidad política debe ceder ante la preocupante crisis económica, de modo que los grandes partidos están obligados, si no a conseguir consensos –es lógico que discrepen en materia de política económica por razones ideológicas-, sí a remar en la misma dirección, favorable a los intereses generales.

Y porque han advertido esta exigencia de la sociedad civil, Zapatero y Rajoy han acordado reunirse con el objeto teórico de atenderla, tranquilizar a todos y tratar de buscar una estrategia común. Sin embargo, desde que se anunció la reunión y hasta hoy mismo, PP y PSOE no han parado de arrojarse recíprocamente los trastos a la cabeza, con insultos y descalificaciones de toda índole, hasta generar un clima desabrido y crispado en que el encuentro ha dejado incluso de tener sentido.

Pagarán los políticos y pagaremos todos esta indecencia. Porque el hecho de que la única preocupación visible de la clase política ante la crisis sea la de conseguir que sea el adversario el que más perjudicado salga de la coyuntura es un insulto a toda la sociedad.

Llamazares se va, Izquierda Unida se hunde

Lunes, 6 Octubre 2008

Izquierda Unida fue una decantación oportunista de las fuerzas situadas a babor del Partido Socialismo, entre ellas el Partido Comunista, que habían conseguido una presencia pública notable con ocasión del referéndum OTAN de 1986. La llamada Plataforma Cívica por la Salida de España de la OTAN fue el germen de una iniciativa que tenía además otra virtud fundamental: los comunistas podían ampararse bajo aquellas siglas sin necesidad de seguir exhibiendo el anacronismo de su propia denominación. Por aquel entonces, los ex comunistas de toda Europa (con alguna excepción, como la portuguesa) ya habían adoptado otras terminologías, dado el descrédito que el marxismo-leninismo hacía alcanzado en vísperas de la caída del Muro de Berlín (1989).

Izquierda Unida (IU) recogió en un primer momento a un sector significativo que no se sentía representado por el tibio socialismo del PSOE, que había abandonado explícitamente el marxismo y se había acomodado a los modelos socialdemócratas occidentales y las pautas del establishment internacional. Con Gerardo Iglesias al frente (etapa 1986-1989), IU consiguió reunir a un millón de electores (7 diputados en 1986). Pero la llegada del mesiánico Julio Anguita otorgó a la coalición un gran impulso. El secreto de aquel relativo éxito consistió en la puesta en práctica de una oposición inflamada al PSOE, entonces en el poder, que recordaba –la tesis es de Santos Juliá-  la táctica “clase contra clase” que la Internacional Comunista puso en marcha en 1928 al definir la socialdemocracia como “ala izquierda del fascismo” y enemigo principal del comunismo. Se dio la paradoja de que, con demasiada frecuencia, la hostilidad de IU hacia el Gobierno socialista coincidió con los intereses del PP, erigido en principal oposición al PSOE, lo que dio lugar a una indecorosa “pinza”, jaleada  por determinados medios.

Gracias a aquella estrategia, Anguita consiguió elevar el techo de IU, que llegó a obtener 2,6 millones de votos y 21 diputados en las elecciones generales de 1996, que ganó el PP.  Pero la victoria conservadora anuló las expectativas de la izquierda radical, que comenzó un imparable declive. Anguita abandonó el liderazgo de IU en 1999 y su sucesor, el comunista Francisco Frutos, tan sólo obtuvo ocho diputados en las elecciones del 2000, lo que provocó su sustitución por Gaspar Llamazares, quien restauró las rotas relaciones con Iniciativa per Catalunya, desde entonces referente catalán de IU. El reinado de Llamazares, siempre combatido por el sector comunista de su coalición, ha sido agónico: la representación parlamentaria de IU-IC descendió a cinco diputados en 2004 (incluidos dos de IC) y a dos en 2008 (uno de IC). Llamazares, al contrario que Anguita, ha prestado frecuentes colaboraciones al PSOE, lo que ha diluido los perfiles de su formación y ha estimulado el voto útil a favor de los socialistas.

No es extraño, pues, que IU se haya convertido en un hervidero, en buena parte porque la progresiva contracción de la formación política ha dejado sin cargos institucionales a sus miembros más activos. Ni que Llamazares haya decidido dimitir este mismo mes, antes de la próxima IX Asamblea Federal que se celebrará a mediados de noviembre. Pero la salida del todavía coordinador general no plantea buenos augurios para la coalición, actualmente dividida en tres fracciones irreconciliables: los seguidores de Llamazares, el PCE y un sector desgajado de la dirección. Tal es el enfrentamiento interno que no ha sido posible elaborar los censos ni acordar el documento político que debe ser debatido en la Asamblea. Así las cosas, todo indica que IU se está disponiendo a pasar de la testimonialidad a la marginalidad. Probablemente ya no haya sitio para la utopía ni para la nostalgia en el Parlamento español.

 

Heterodoxias

Viernes, 3 Octubre 2008

El hecho de que el capitalismo no tenga ya enemigos en esta crisis –en la de 1929 tenía enfrente al comunismo, que llegó a pensar que su victoria estaba próxima ante el derrumbe económico de su contendiente- permite a sus actores recurrir sin temor a todas las heterodoxias que, en otras circunstancias, parecerían claudicaciones ideológicas. Así, los Estados Unidos, en donde sus ciudadanos más liberales detestan al Estado y piden su reducción a la mínima expresión, realizan la mayor intervención pública de la historia –700.000 millones de dólares, algo menos de la mitad del Producto Interior Bruto español- para sanear su sistema financiero. Y otros conservadores europeos, como Sarkozy, actúan sobre el mercado para salvarlo sin el menor pudor: el presidente francés ha ordenado invertir 5.000 millones de euros en la adquisición de 30.000 viviendas privadas en construcción para impulsar la actividad del sector.

El pragmatismo es bueno en economía, y hay que aplaudir la desinhibición de quienes se aprestan a combatir sintomáticamente la etiología de la crisis. Pero estas heterodoxias no deberían impedir ni aplazar la revisión del modelo para que sea sostenible. Dicho más claramente, lo meritorio no es combatir con eficacia las crisis sino trabajar racionalmente para que no sucedan, al menos con esta insoportable subitaneidad.

¿Pacto anticrisis Gobierno-PP?

Jueves, 2 Octubre 2008

Rajoy, preocupado porque la crisis económica, cuyas causas norteamericanas han adquirido plena visibilidad, lo deje al margen del principal asunto político que hoy domina el panorama español, lanzó a los medios hace días su disposición de avenirse a un pacto anticrisis con el Gobierno en ciertas condiciones. “La Vanguardia” fue el medio que recogió aquella filtración y Rodríguez Zapatero, con buenos reflejos, se apresuró a recoger el guante e invitó al líder del PP a mantener una entrevista monográfica. Tras algunos contactos telefónicos, ambos líderes acordaron que la reunión fuera precedida de un encuentro técnico entre los respectivos equipos, con Solbes y Montoro al frente. Y en esas estamos.

En el entretanto, el consejo de ministros ha aprobado el proyecto de Presupuestos y el PP y el Gobierno se han lanzado dardos envenenados que demuestran que ninguna de las dos partes quiere el pacto, que por otra parte no tendría sentido. Porque una cosa es que los dos grandes partidos remen en la misma dirección, que no lo están haciendo, y otra muy distinta que se hurte la mala coyuntura del debate democrático. Antes al contrario, lo saludable es que quede bien claro en esta adversidad que es el Gobierno el que asume toda la responsabilidad, aunque con receptividad a las opiniones de todos los actores, en tanto la oposición se dedica a controlarlo, a estimularlo mediante la denuncia de los errores y omisiones, a mantener latente la idea de que no existe una única política económica posible puesto que el centro-derecha también dispone de su propia opción alternativa.

No habrá, pues, pacto económico, ni sería deseable que lo hubiese, por lo que Gobierno y PP, Zapatero y Rajoy, deben tener cuidado para no irritar a una opinión pública que está lógicamente alarmada y que no toleraría escenificaciones cínicas de los simples intereses partidarios. Y es que no hay que ser muy sagaz para entender que, más allá de la preocupación intensa que ambas fuerzas experimenten por este país, hay en estos escarceos otro afán bastante menos puro: el de que la crisis económica desgaste sobre todo al adversario.

En materia de economía, nuestros regímenes, tan nivelados ideológicamente, mantienen todavía por fortuna una cierta y saludable polaridad interna. Y aunque en muchos casos la discrepancia sea sólo de matiz, es bueno preservarla. El PSOE se resistirá instintivamente a recortar el gasto social o los salarios públicos, con lo que desistirá de reducir impuestos en estas malas coyunturas, en tanto el PP preferirá salir en socorro de las empresas, cuya crisis es sin duda la más amenazante a medio plazo. Los electores tuvieron en su momento la palabra acerca de qué enfoque de la realidad querían. Y ahora valorarán sin duda las respectivas conductas, el manejo de la crisis y la gestión que se haga de su propia angustia, y ese juicio influirá en futuras determinaciones electorales. Mientras tanto, poder y oposición mantendrán vivo el debate, lo que servirá para alumbrar ideas, sortear errores,  mantener vigilantes la percepción y los reflejos.

Las cosas son así y no tiene sentido dar vueltas alrededor de ellas. Por lo que está de más la marrullería que consiste en amagar el pacto para renunciar a él en cuanto se hagan ostensibles las divergencias. Zapatero y Rajoy deben encontrarse para hablar francamente del problema y contrastar sus propias soluciones. Si lo hacen pacíficamente y con honradez, seguirán discrepando pero los dos, por el solo hecho de debatir, habrán enriquecido sus respectivos puntos de vista. Algo muy importante cuando de lo que se trata es de ahorrar al país el mayor sufrimiento posible.

Ibarretxe, candidato

Mircoles, 1 Octubre 2008

Inexplicablemente, el Partido Nacionalista Vasco ha decidido presentar por cuarta vez a Juan José Ibarretxe como candidato a la presidencia del Gobierno vasco (ya lo fue en 1998, 2001 y 2005), cuando a todas luces se mantiene en un rumbo obstinado a cuyo frente sólo hay una infranqueable pared. Es posible que, para los nacionalistas, no exista en este momento opción de recambio que pueda ofrecer las garantías cuantitativas que ostenta el actual lehendakari, cuya popularidad es alta (para lo bueno y para lo malo), pero esta insistencia en el personaje anula sin duda las expectativas de su clientela, que ya ha recorrido de su mano un sombrío viaje a ninguna parte, con la consiguiente frustración.

Ibarretxe llegó a Ajuria Enea en 1999, para gestionar el derrumbe del inefable Pacto de Lizarra firmado el año anterior, que supuestamente convenció al PNV de la inutilidad de buscar a ETA para compartir objetivos políticos. El fracaso del proceso de paz pilotado por Aznar y el retorno de los terroristas a la violencia en enero de 2000 representaron el principio del fin de la salida negociada del problema de la violencia en Euskadi. Hasta que fracasó también el proceso protagonizado por el Gobierno de Zapatero durante 2005 y hasta que ETA puso fin a toda esperanza con el atentado de Barajas de diciembre de 2006.

Durante todo este agitado período, Ibarretxe, en lugar de poner racionalidad a los esfuerzos de los representantes del Estado para acabar con el terrorismo, ha insistido permanentemente en perseguir objetivos políticos autodeterministas que, se quiera reconocer o no, han alimentado intelectualmente la causa de los violentos. No ha habido, faltaría más, complicidad o connivencia alguna, pero los hechos objetivos son los que son. Primero fue el “Plan Ibarretxe”, un despropósito irrealizable en el marco constitucional, que fue abortado por el Parlamento español; después, su descabellado proyecto de Consulta, esta vez abatido por el Tribunal Constitucional. El cansancio de la sociedad vasca no ofrece dudas: fue significativo que en las pasadas elecciones generales el PNV perdiera en Euskadi, en las tres provincias vascas, en las tres capitales de provincia y en las principales ciudades de Euskadi.

¿Qué expectativas se abren ahora a los electores de Ibarretxe? ¿Qué nueva ocurrencia tendrá el candidato para la próxima legislatura, en la que no parará de atizar sus ansias independentistas, que no son secundadas en grado suficiente por la sociedad del País Vasco? ¿No sería momento de plantear, quizá, una reforma estatutaria cabal, capaz de explotar todas las potencialidades del Estado de las Autonomías, como acaban de hacer sin ir más lejos los catalanes?

El PNV gobierna en Euskadi desde 1980. La alternancia es, pues, en el País Vasco un asunto de sanidad pública, aunque sólo sea para desmantelar las redes clientelistas y oligárquicas que desfiguran la democracia. Y el agotamiento del candidato nacionalista puede ser un argumento más que debería movilizar a quienes creen que el pluralismo ha de ejercerse con audacia, entre otras razones porque el mundo no acaba en las frondas idílicas del nacionalismo.