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La Reina

Hoy cumple la Reina setenta años, de los que más de cuarenta y cinco han sido de abnegada dedicación institucional a este país, como consorte del jefe del Estado y como impulsora de innumerables iniciativas sociales y culturales que han procurado la excelencia del sistema. Toda una vida, en fin, ha consagrado doña Sofía de Grecia a la tarea de servir a España y a los españoles, tras vincularse voluntariamente al destino de quien sería el Rey constitucional de este país.

En las dos facetas, como compañera del Rey y como promotora de una vasta labor filantrópica, doña Sofía ha actuado con una dedicación, un tesón y un afán extraordinarios. Ha sido, como don Juan Carlos ha dicho en más de una ocasión entre bromas y veras, “una gran profesional”.  Y ha conseguido para sí y para la institución monárquica un valioso caudal de prestigio y afecto, que se manifiesta en todas las encuestas y, lo que es más importante, se palpa en todas sus comparecencias y cada vez que se confunde con las muchedumbres. La reina es respetada y querida por la ciudadanía, no por el papanatismo inane de los pueblos incultos que se inclinan reverencialmente ante el poder sino por la inteligencia de las sociedades maduras que saben reconocer la voluntad de servicio de quien, en una posición encumbrada, es realmente consciente de que ha de ganarse el prestigio todos los días, por el procedimiento de ponerse al frente de la inquietud intelectual y social.

Pese a su gran proyección pública, el pensamiento de la Reina era un tanto enigmático, y por alguna razón doña Sofía ha querido desvelar algunos aspectos de su enclavamiento intelectual mediante una biografía autorizada que firma la periodista Pilar Urbano. Ha sido un hecho insólito y sorprendente, dado que la esposa de don Juan Carlos había participado hasta ahora del hermetismo del jefe del Estado, sujeto a la obligación constitucional de neutralidad.

Pero la reina no es el jefe del Estado, y hay que ver con respeto su matizada decisión. Sus declaraciones, en las que se adoptan ciertas posiciones conservadoras en materia de costumbres y otras extraordinariamente progresistas en –por ejemplo- política exterior, no tienen la solemnidad de las definiciones ideológicas de un político: son rasgos de una personalidad pública que descorre por un momento el velo de sus convicciones. Los Reyes no son “como la bandera”, según ha dicho un político desorientado: además de símbolos, son obviamente seres humanos, con las grandezas, las miserias, las certidumbres y las dudas de tal condición.

En suma, la Reina, que jamás se ha entrometido en el proceso político español, ha querido hacerse un poco más cercana; quizá no ha acertado plenamente en el cómo, quizá hubiera sido preferible mantener determinadas actitudes en el claroscuro, pero ello no obsta para que en este gozoso aniversario reciba el expreso testimonio de afecto de una ciudadanía que intuye la decisiva contribución que la Corona ha hecho a la libertad y a la prosperidad de este país. 

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Una respuesta a “La Reina”

  1. monarquico dice:

    Perdone, pero está usted muy equivocado. Lo grave no es sólo que se inmiscuya y se ‘moje’ por primera vez en 40 años en temas políticos, lo realmente grave y lo que ha indignado a mucha gente es que, de un lado, la manera de opinar es claramente ‘amateur’: no dice “entiendo todo a mi no me gusta”, sino que dogmatiza y es especialmente grave en temas como violencia de género o familias desestrucutradas -que en España, le recuerdo, son casi la mitad del total-. Lo que sí coincido es que le han hecho un flaco favor y que se trata de un ataque en toda la regla instrumentalizado para hacerla daño. Vió usted en la televisión a Pilar Urbnao diciendo que lo que deberían darle por su cumpleaños “es un buen beso del Rey”… es indecente todo.

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