Blogs

El Rey y la crisis

Sea cual sea la actitud ideológica con que se contemple la monarquía española y con independencia del incuestionable papel fundacional de la democracia que ha desempeñado, hay que reconocer que don Juan Carlos ha sabido desempeñar con maestría la función institucional que le atañe al jefe del Estado: sus espaciadas intervenciones, y en especial la habitual de cada Nochebuena, tienen la virtud de referenciar con comprensible sencillez la coyuntura del país y de reclamar con abrumadoras dosis de sentido común la cooperación colectiva en pro de la resolución de los principales problemas.

En esta ocasión, el Rey, que ha celebrado como es lógico el trigésimo aniversario de nuestra Constitución, cuyas “reglas, valores y principios son nuestra principal fuente de fortaleza como nación moderna, unida, solidaria y diversa”, ha dedicado la mayor parte de su discurso a la grave crisis que nos aqueja, dejando claro en todo caso que es precisamente ahora cuando más necesario resulta asegurar “los derechos humanos, la dignidad y la igualdad de las personas, sin discriminación por razón de ideología, raza, creencias o sexo”.

El mensaje, en lo tocante a la recesión económica, convoca a la esperanza. El Rey se muestra convencido de que la sociedad española saldrá adelante como lo ha hecho “en otros períodos complejos” y llama a la confianza en la capacidad de las instituciones, empresarios y trabajadores para regresar “a la senda del crecimiento y de la creación de empleo”. En definitiva, y en lenguaje llano, invita a todos a “tirar del carro en la misma dirección”. En incluso, tras reconocer que “no hay recetas mágicas”, ratifica las grandes líneas de avance que son hoy pertinentes para salir del pozo: “reglas internacionales más eficaces para reforzar la estabilidad, supervisión y transparencia del sector financiero en un nuevo entorno globalizado”; y en el ámbito interno, “más eficiencia y competitividad, más innovación tecnológica, y elevar la educación y preparación de nuestros jóvenes”. También es pertinente defender nuestros intereses en el exterior  mediante una acción “lo más consensuada y coordinada posible”.

El Rey es la persona mejor informada del reino y ocupa la privilegiada posición de sobrevolar la política concreta sin interés partidario alguno. Este encumbramiento le permite no sólo otear la realidad con magnífica perspectiva sino cargarse de prestigio a la hora de confirmar unas pautas que la ciudadanía alienta pero que no siempre los partidos, que sí tienen intereses particulares, son capaces de auspiciar. En otras palabras, la realidad se solemniza cuando quien está en el vértice de las instituciones la reconoce. Éste es el cometido de la Corona, que don Juan Carlos ejerce con solvencia.

En este sentido, no ven seguramente los nacionalismos que cuando se desmarcan de la senda que marca el Monarca no se reafirman sino que se marginan. La crítica del particularismo periférico al Rey suele ser el reflejo de la hostilidad que merecen los nacionalismos por el hecho de ignorar que este país pivota sobre el eje inalienable de un colectivo y entrañable interés general que es el engrudo que vertebra a la ciudadanía. 

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Deja tu comentario