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Montesquieu

Los políticos aceptan trajes de las tramas corruptas y los tribunales les miran con benevolencia; los jueces sancionados por haber aceptado cohechos solicitan y obtienen el reingreso en la carrera judicial; los policías municipales encarcelados por mafiosos aspiran a recuperar el mando perdido y nadie les planta cara con la firmeza necesaria; el tesorero de un partido político sospechoso de corrupción vive ostensiblemente por encima de sus posibilidades y es mantenido en el cargo; el eurodiputado mencionado en los sumarios de tráfico de influencias repite en las listas electorales; los políticos se espían unos a otros con dinero público y las ulteriores investigaciones quedan en agua de borrajas… 

Montesquieu describió con mano maestra ese clima irrespirable: “No son sólo los crímenes los que destruyen la virtud, sino también las negligencias, las faltas, una cierta tibieza en el amor de la patria, los ejemplos peligrosos, las simientes de corrupción; aquello que no vulnera las leyes, pero las elude; lo que no las destruye, pero las debilita”. Deberíamos controlar esta ostensible decadencia…

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