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Cambios de chaqueta

La política no es, no puede ser, una actividad de ida y vuelta sin condicionamientos. La política democrática, que es una responsabilidad que se contrae con la ciudadanía, plantea obligaciones inexorables, y entre ellas que el regreso a la actividad privada, si se produce, ha de ser despaciosa y, por descontado, en ámbitos que no colisionen sospechosamente con la anterior dedicación.

Por decirlo más claro, y al margen de lo que impongan las normas legales de incompatibilidad, es antiestético y perturbador que un juez que se convierte en diputado y secretario de Estado regrese a la judicatura sin solución de continuidad. También lo es que un asesor áulico del presidente del Gobierno se convierta en presidente de una patronal que solicita apresuradamente un abaratamiento del despido. Y, por supuesto, tampoco es éticamente legítimo que un periodista que ingresa en la política retorne al oficio como si su chaqueta fuera reversible.

No se puede pasar de un lado a otro de la barra sin una transición. Y en algunos casos, ni siquiera con ella.

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