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La gripe española

Hasta los profanos somos capaces de advertir que la mal llamada “gripe española” de 1918, que causó 40 millones de muertos en todo el mundo (la Primera Guerra Mundial, concluida aquel año, se saldó con nueve millones de víctimas) y provenía de una cepa aviar –la H1N1, idéntica a la detectada en México-, se desarrolló en un escenario sanitario que en nada puede compararse al actual. Las comparaciones de la OMS son, pues, además de innecesariamente alarmistas,  claramente exageradas.

La primera oleada de aquella gripe fue benigna; la segunda, que se desencadenó en Brest el 22 de agosto de aquel año, fue la más perniciosa: provocaba una neumonía que, al no poder ser tratada en la época, causaba la muerte en 48 horas. Se expandió a prácticamente todo el mundo, a través de los puertos y de las vías terrestres de comunicación.

El precedente, sobrecogedor, ha de servir de aviso para que las autoridades sanitarias adopten una estrategia adecuada. Pero sería absurdo sembrar una alarma infundada. Hoy, la medicina tiene respuestas para esta enfermedad, por lo que parece más importante preparar la batería de medidas que puedan adoptarse que dejarse arrastrar por el temor irracional.

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Una respuesta a “La gripe española”

  1. Alejandro dice:

    Buenas tardes,muy acertados sus comentarios ,y llenos de sentido comun.Las condiciones sanitarias y la investigacion estan a niveles que no pueden compararse a los de 1918.Prevencion si,alarmismo injustificado y,añadiria,interesado.no.

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