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Pedagogía del cambio

El debate sobre el estado de la Nación que acaba de celebrarse ha sido infructuoso en sus aspectos clave: la inminencia de las elecciones europeas ha convertido el ritual parlamentario en una colosal contienda que sin duda habrá irritado a una opinión pública que tenía derecho a esperar que la gravedad excepcional de la coyuntura obligaría moralmente a todos los actores a buscar consensos y soluciones comunes. Sin embargo, si se elimina la abundante paja de este desafuero se entreverá un grano sustancioso que por primera vez ha aparecido en un acto de esta naturaleza: el gobierno y los partidos políticos ya no sólo están preocupados por resolver la crisis, detener la tendencia ascendente del desempleo y recuperar el pulso; ya empieza a ser lugar común la evidencia de que para resolver este problema tenemos que activar grandes y trascendentales cambios, establecer un nuevo modelo de crecimiento, basar la prosperidad en nuevos pilares económicos. En este sentido, el debate ha resultado pedagógico, y ahora sólo falta que ahondemos en esta dirección.

En efecto, la medida más significativa de las apuntadas por el presidente del Gobierno ha sido la supresión de la desgravación por compra de vivienda. Desde hace años, expertos económicos de prestigio e instituciones económicas solventes llamaban la atención a los sucesivos gobiernos españoles sobre lo pernicioso que resultaba mantener este incentivo a la demanda cuando el sector de la construcción residencial se iba recalentando hasta crecer los precios anualmente a tasas muy superiores al IPC. Pese a ello, nadie se atrevió a suprimir aquel dislate, que ni siquiera beneficiaba a los compradores ya que el principal efecto de aquella ayuda fiscal era elevar los precios.

La supresión de la desgravación, que sólo se mantendrá para rentas muy bajas que, por lógica, no deberían acceder a una vivienda libre en propiedad,  pretende redimensionar el sector construcción, de forma que no represente en el futuro más allá del 7 ó el 8% del PIB y no el 14% como en los últimos años. Además, se pretende una reconsideración de la cultura de la vivienda en propiedad para intensificar el mercado de alquiler, como en toda Europa. La disposición de muchos jóvenes a entramparse seriamente de por vida para conseguir 60 metros cuadrados en propiedad es enfermiza.

Al propio tiempo, Rodríguez Zapatero ha hecho hincapié –más retórico que real hasta el momento- en intensificar la inversión en educación y en I+D para incrementar la productividad y explotar nuevos nichos de actividad y empleo de mayor valor añadido. Esta tarea, que resultará ardua, es que la tiene que tiene que dar a luz el nuevo modelo de desarrollo, sintéticamente enunciado por el propio jefe del Ejecutivo como “menos ladrillo y más ordenadores”.

De momento, la respuesta del PP a estas iniciativas, que no son partidistas sino de simple sentido común, ha resultado decepcionante. Rajoy se ha opuesto al fin de la desgravación por vivienda con el argumento de que va contra las clases medias. Y sin embargo, éste es el camino. Debería prepararse también el PP a recorrerlo. 

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