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Madoff y el sistema

El financiero Bernard Madoff, hasta hace poco considerado un prodigioso gestor de patrimonios, acaba de ser condenado por un tribunal de Manhattan a 150 años de cárcel –en la práctica, a cadena perpetua- por haber desarrollado un gigantesco fraude basado en la pirámide de Ponzi: los inversores eran retribuidos no con el fruto de sus capitales sino con los recursos que aportaban los nuevos clientes. El tinglado se ha mantenido en pie mientras ha soplado el viento de popa sobre el sistema financiero; y la estafa ha quedado de manifiesto cuando ha llegado la crisis. Bancos de inversión, potentados de todo el mundo y –lo que es más grave- una infinidad de medianos y pequeños ahorradores han visto como se esfumaban sus dineros; tan sólo se les reembolsará una pequeña parte cuando sean liquidados los bienes del estafador. En España, algunas de las grandes fortunas se han visto afectadas. En diciembre pasado, la CNMV cifró en 106,9 millones de euros la exposición de los fondos y de los vehículos de inversión españoles a la estafa de Madoff. Entre las entidades más afectadas están el Banco Santander, a través de Optimal Strategic, y el BBVA.

Lo más grave del caso no es, con todo, la gran estafa sino el hecho de que haya sido posible llevarla a cabo durante casi cuarenta años (la SEC abrió incluso una investigación sobre el financiero en 2006, que se cerró al año siguiente con todos los pronunciamientos favorables), a pesar de que algunos expertos denunciaron reiteradamente los pies de barro de la empresa de Madoff. Uno de ellos, el agente financiero Harry Markopolos, de Boston, comenzó a denunciar a Madoff ante la SEC en 1999, sin resultados; irónicamente, cuenta ahora Markopolos que, lejos de compartir sus impresiones, sus jefes de entonces le espolearon para que consiguiera él también los mismos buenos resultados de Madoff. Carlo Ponzi (1882-1949), el estafador que arruinó a 20.000 clientes en 1919 por el mismo procedimiento y cuyo nombre ha pasado a la historia para designar el fraude piramidal, se desenvolvió en el marco de un sistema financiero rudimentario y falto de controles. Lo inexplicable es que Madoff, que llegó a ser presidente del Nasdaq, haya conseguido burlar al sofisticado mundo financiero global.

Y si ha sido posible semejante desmán, ¿cómo puede extrañar que otros agentes financieros, con la complicidad de muchas instituciones de crédito, pusieran en circulación las hipotecas basura, después de titulizarlas en forma de activos aparentemente sanos? Inevitablemente habrá que concluir en que la desregulación de los mercados, llevada a extremos paroxísticos, ha permitido todos los abusos que, a la postre, han terminado agostando la confianza y provocando el derrumbe del sistema financiero internacional. La responsabilidad, en fin, de que hayan pasado inadvertidas estafas como la de Madoff o prácticas viciadas como la de las hipotecas basura recae sobre el supervisor del sistema y, en última instancia, sobre el modelo político que ha relajado los controles y ha dado carta blanca a los desaprensivos.

Hoy, la gran urgencia es reconstituir el capitalismo, regenerar el tejido económico, adquirir la velocidad de crucero anterior a la crisis. La reactivación está en marcha, pilotada desde USA por Obama. Pero no deberíamos olvidar que correremos gravísimos riesgos de recaída si al mismo tiempo no instalamos mecanismos seguros y eficaces de supervisión y control del reconstituido sistema financiero. 

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