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Tentaciones

El consejo bíblico recomienda evitar las tentaciones si no se quiere pecar (los cínicos, en cambio, aseguran que nada hay más delicioso que caer en las tentaciones). La ética pública, menos voluntarista, recomienda que las instituciones se doten de controles estrictos para evitar que la naturaleza humana, que es frágil, se desvíe de su camino y actúe en perjuicio de la comunidad.

Viene esto a cuento del escándalo protagonizado por Félix Millet durante su etapa al frente del Palau de la Música de Barcelona, ante la consternación general. Este hombre de cultura, respetado y mimado por la sociedad catalana hasta conocerse su imperdonable desliz, no pudo resistirse a la tentación de adueñarse de gran parte de los caudales públicos que pasaban por sus manos. El desfalco es muy importante y podría llegar a los nueve millones de euros.

Desde el punto de vista del interés general, lo grave de este caso no es tanto el yerro de este ciudadano, que se enriqueció a costa de su dignidad, cuanto el hecho de que nadie se percatara en años de que una institución que vive en gran parte de subvenciones públicas comenzaba a acumular un colosal agujero. La lección es clara: contra las tentaciones, riguroso control fiscal.

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