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Cisma vasco

Ante la imposición por Roma de un nuevo prelado en sustitución del dimisionario monseñor Uriarte, los curas de Guipúzcoa se han plantado y en un gesto insólito el 77% de los sacerdotes -un total de 131, entre ellos 85 de los 110 párrocos y 11 de los 14 arciprestes-, ha expresado en un comunicado su “disconformidad y desaprobación” con la “intencionalidad” y el “procedimiento” de la designación de José Ignacio Munilla como nuevo obispo de su diócesis, que han recibido con “dolor y profunda inquietud”.

En el manifiesto, los firmantes consideran que Munilla “en modo alguno es la persona idónea para desempeñar el cargo de obispo” de la Diócesis. La designación del nuevo prelado -añaden- ha sido percibida como una “clara desautorización de la vida eclesial” de la Diócesis guipuzcoana, presidida hasta ahora por Juan María Uriarte, “y también como una iniciativa destinada a variar su rumbo“. Finalmente, los clérigos afirman que conocen la trayectoria pastoral de Munilla como presbítero y que ésta estuvo “profundamente marcada por la desafección y la falta de comunión con las líneas diocesanas“, por lo que entienden que no es la persona adecuada para dirigir esta Diócesis.

Bajo la literatura políticamente correcta (más o menos) de la nota rupturista, en que se defiende “la línea pastoral y estilo eclesial que se han ido forjando en nuestra Diócesis en fidelidad al espíritu del Concilio Vaticano II con el aliento y dirección pastoral de nuestros obispos” (Setién y Uriarte), los clérigos critican la militancia integrista de Munilla, persona de confianza del asimismo ultraconservador Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal.

Pero más allá de esta discrepancia doctrinal, que no tiene demasiado sentido (las posiciones de Rouco son a fin de cuentas las mismas que las que mantiene el Papa Ratzinger), lo que se cuece en esta polémica es la ligazón política entre el clero vasco y el nacionalismo euskaldún o, si se prefiere, el futuro de la alianza entre el PNV –fundado por el clerical Sabino Arana, un integrista cuyos textos producen hoy sonrojo- y la iglesia de Euskadi. En cualquier caso, conviene subrayar que calificar de “progresistas” a Setién o a Uriarte, impulsores de un etnicismo malsano y excluyente, bastiones de una determinada concepción cerrada de Euskadi y de un monopolio de poder clientelar que han sido el caldo de cultivo que ha alimentado a la violencia vasca, es un irónico sarcasmo.

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Una respuesta a “Cisma vasco”

  1. Dylan dice:

    Los curas de Guipúzcoa que protestan sí que son lo más integrista y ultraconservador que quepa imaginarse, eso sí, en la fe del nacionalismo y a las órdenes de un PNV que, expulsado del gobierno vasco gracias a la pinza PPSOE, conserva la mano en numerosos aspectos de la sociedad vasca, no siendo el concernido a las sotanas y las hostias el menor de ellos, por cierto.

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