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Los bienes de Camps

El plausible ejercicio de transparencia política que ha ensayado la Comunidad Valenciana ha degenerado en una vulgar burla a la opinión pública por la estrafalaria entidad de los datos aportados por la mayoría de quienes se han visto obligados a presentar su declaración pública de bienes. Así, el presidente Camps ha reconocido poseer un piso compartido de escaso valor, 900 euros en una cuenta bancaria y un coche de quince años de antigüedad.Es obvio que esta revelación no sólo no retrata al personaje –un ciudadano de clase media alta cuya esposa regenta una próspera farmacia- sino que ha de ser forzosamente interpretada como una mofa a los ciudadanos que, después de lo que ha ocurrido en su comunidad,  tienen derecho a controlar las finanzas de sus dirigentes. El provocativo perfil de mileurista de Camps sugiere que el establishment valenciano no está dispuesto en absoluto a someterse al escrutinio del electorado, por lo que no dudará en burlar los controles que se establezcan y en alardear de ello.Es difícil imaginar que un solo valenciano esté de acuerdo con esta irrespetuosa muestra de desparpajo, que es una especie de corte de mangas a la ciudadanía.

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