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Rosa Díez y la reforma electoral

Rosa Díez, antigua dirigente socialista que llegó a disputar la secretaría general del PSOE a Rodríguez Zapatero en el Congreso del 2000, actualmente líder del partido bisagra UPyD, publica hoy en la prensa de Madrid un largo artículo repleto de lugares comunes en el que, en coherencia con su posición actual, reclama una reforma de la ley electoral para acentuar su proporcionalidad. Es evidente que la “proporcionalidad corregida” mediante la ley d’Hondt dificulta grandemente el acceso a las instituciones parlamentarias de las minorías. Como sucede por otra parte en muchas otras grandes democracias, la norteamericana, la británica, etc.

 

Muchos pensamos sin embargo que, por sentido común y a la vista de determinados escándalos, la reforma habría de ser al contrario: debería acentuarse el carácter mayoritario de nuestro sistema electoral, o, por o menos, habría que exigir un mayor porcentaje mínimo de votos en cada circunscripción para obtener representación.

 

Los partidos bisagra pueden llegar a adquirir un poder exorbitante y desequilibrador  si se dan las circunstancias matemáticas adecuadas. Como ha sucedido en Baleares, por ejemplo, con Unió Mallorquina con las consecuencias que bien a la vista están. Cuando lo razonable es que el grueso del poder (y de la oposición) recaiga sobre las grandes formaciones. Porque ni se echa en falta la irrupción de nuevas ideologías en el gran mapa político de nuestras democracias europeas (en muchos casos, derecha e izquierda tiene  problemas para diferenciarse entre sí) ni, para influir en política, hace falta crear un partido nuevo: basta con trabajar en el interior de los que ya existen.

 

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4 respuestas a “Rosa Díez y la reforma electoral”

  1. Juan 1972 dice:

    Con todo respeto, Sr Papell (y lo del respeto lo digo de verdad)… hace falta ser desvergonzado para reclamar “acentuar el carácter mayoritario de nuestro sistema electoral, o, por lo menos, habría que exigir un mayor porcentaje mínimo de votos en cada circunscripción para obtener representación”.

    Y como yo sería un desvergonzado si se lo dijera sin justificarlo, ahí van algunos argumentos:

    a) Un hombre=un voto. Exigir un mayor porcentaje mínimo de votos equivale a “sacar del sistema” cientos de miles, millones de votos que valen tanto como el suyo o el mío.
    b) El fin no justifica los medios. Los partidos bisagra no deben eliminarse. Lo que debe eliminarse es la “sobre-representación” de cualquier partido. Y la mejor forma es eliminar las circunscripciones provinciales. O, al menos, eliminar esa desfachatez de que cada provincia tenga una representación mínima de diputados a la que se añaden representantes en función de su población. Si mañana nadie quiere vivir en Teruel… ¿por qué ha de tener representación mínima? ¿Representando a los árboles que queden en esa provincia?

    Volvamos a lo básico… un hombre=un voto. Representación idéntica para cada voto.

    Así que, representación proporcional de cada provincia en base a su población. O, mejor aún, circunscripción nacional. Y así todos los partidos, grandes o pequeños, nacionales o regionales, tendrían justamente la representación que el votante les otorga.

    O, alternativamente (cosa que yo preferiría), listas absolutamente abiertas con circunscripciones para 3 ó 4 representantes y corregido con un sistema paralelo de representación en base al voto nacional en circunscripción única.

    Lo dicho, un hombre=un voto. Para todos

  2. amiplin dice:

    Totalmente de acuerdo con Juan 1972.

    Una persona=Un voto.

  3. Lola dice:

    Los periodistas tienen una obsesión enfermiza con el sistema d’Hont, que es un método escrupulosamente proporcional de reparto de restos en enteros. Teniendo en cuenta que, en los sistemas políticos v¡gentes, no pueden asignarse fracciones de escaño, no existe ningún sistema es proporcional en puridad.

    El problema para los partidos pequeños no es el método d’Hont, sino la fragmentación de la circunscripción electoral.

  4. adelante dice:

    un hombre = un voto
    Rosa diez NECESARIA

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