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Trabajadores

En España hay, a grandes rasgos, cuatro clases de trabajadores: los funcionarios (con empleo absolutamente estable, aunque mal retribuido), los trabajadores fijos (con empleo relativamente estable e indemnizaciones altas por despido), los temporales (prácticamente sin derechos) y los parados contra su voluntad.

 

Tal clasificación, que no se corresponde necesariamente con criterios de esfuerzo, mérito y capacidad, se hace particularmente sangrante en épocas de crisis como la actual, en que destaca la posición privilegiada de algunos asalariados frente a la postración de un número cada vez mayor de ellos. 4,6 millones de trabajadores no tienen empleo ni expectativas de lograrlo a corto plazo.

 

Así las cosas, parecería lógico que los sindicatos, que no pueden renunciar a mantener enhiestos los principios de solidaridad y equidad que forman parte de su naturaleza esencial, mantuvieran un discurso tendente a reducir los graves desequilibrios mencionados. La congelación temporal de los salarios públicos y la tendencia a un único contrato laboral para todos los trabajadores del sector privado serían actuaciones que, con los matices y cautelas que se quiera, facilitarían una más rápida salida de la crisis y la redención más fácil de los desempleados.

 

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