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Delitos de guante blanco

Félix Millet y Jordi Montull abandonaron ayer la prisión después de 13 días de permanecer encarcelados. Esta reclusión no está relacionada con el gran desfalco del Palau de la Musica de Cataluña sino con el caso anexo del hotel del Palau: la jueza no quería que los principales inculpados influyeran sobre los testigos que han declarado estos días. A la salida del centro penitenciario, los estafadores, en un alarde de ingenio, han declarado: “la cárcel es muy triste”.

 

Por la espectacular estafa que la fiscalía evalúa en unos 30 millones de euros, Millet, cerebro del gran desfalco, no ha pisado la cárcel. Sin duda, la juez ha cumplido estrictamente con sus obligaciones en Derecho, pero el común de los mortales ha tenido también razón al irritarse por el hecho de que un ladrón de guante blanco, que durante años se ha hecho pasar por una persona honorable de la alta sociedad catalana mientras se llenaba los bolsillos a espuertas con dinero público, esté recibiendo un trato tan delicado de parte del Poder Judicial.

 

La lectura que la ciudadanía en general hace de esta benevolencia es simple: los ladrones de guante blanco, los grandes delincuentes económicos consiguen siempre una cierta impunidad. En la mayoría de los casos, ni siquiera perderán la mayor parte de su ilegitima fortuna, puesta a tiempo fuera del alcance de la Justicia. Un mensaje muy disolvente y peligroso.

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