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Choque de nacionalismos

La iniciativa del Parlamento de Cataluña de prohibir abruptamente los toros es una sinrazón absurda, una prueba de cerrazón ideológica e incluso un gesto de malsano autoritarismo (en democracia, hay que tener mucho pudor para prohibir). Dicho esto, hay que reconocer que la cámara catalana tenía toda la legitimidad para adoptar la decisión que ha tomado. Si Cataluña es competente en educación o en sanidad, ¿cómo poner en duda que pueda regular sus actividades lúdicas?

 

Ante el disparate catalán, el PP ha propuesto otro disparate simétrico: declarar los toros bien de interés cultural mediante una ley que desactive todas las prohibiciones que puedan poner límites a la fiesta. El nacionalismo identitario catalán, que está detrás de la proscripción como es evidente (aunque lo niegue enfáticamente) es embestido por el nacionalismo identitario español, que también considera los símbolos patrios –toros incluidos- una especie de sagrado acervo irracional que hay que preservar.

 

Los catalanes se han equivocado. No tendría sentido agravar el error cometiendo otro de proporciones idénticas en sentido contrario.

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