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¿Cómo nadie se dio cuenta antes?

Produce perplejidad conocer la procedencia de la mayor parte de los ahorros del gasto corriente que el ministro de Fomento ha logrado realizar para incrementar la inversión en Obras Públicas en 200 millones de euros: 150 de esos millones ahorrados provienen de dejar de subvencionar los billetes de avión en clase business a  los residentes de las comunidades insulares, Ceuta y Melilla. Bien entendido que ningún residente se quedará sin el 50% de subvención al importe del billete siempre que viaje en clase turista.

 

Queda de manifiesto, en fin, que durante muchos años hemos estado pagando a escote la mitad del billete a viajeros que se hacían transportar en clases de lujo. Lo que demuestra hasta qué punto habían llegado el despilfarro y la sensación de opulencia que se vivía en este país, en que el Estado no sólo era reclamado para remediar ciertas inequidades –el coste de la insularidad es evidente- sino también para aliviar el bolsillo de los más ricos.

 

Tras este ‘descubrimiento’ -¿cómo pudo ser que nadie se hubiera dado cuenta antes?-, convendría revisar íntegramente el gasto público para comprobar que no haya más partidas semejantes. Para lo cual, sería deseable confeccionar de una vez unos presupuestos ‘base cero’ de todas las instituciones públicas que obligue a replantear minuciosamente la entidad y el destino de todos los gastos. No éramos tan ricos como pensábamos, y ha llegado la hora de poner los pies en el suelo.

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