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Educación

Esta mañana, en un desayuno con periodistas, el ministro Gabilondo ha pedido a las comunidades autónomas “que no paguen con la educación la crisis” y a los ciudadanos que “trabajen” para que sus representantes políticos apliquen sus planes de austeridad sin perjudicar la formación de sus hijos.

 

Sin duda, el titular de Educación ha puesto el dedo en la llaga: el necesario cambio del modelo de crecimiento que debemos abordar para recuperar el ímpetu económico obliga a que el Estado adopte algunas preferencias inexorables a la hora de gastar, y lo razonable sería en esta hora fortalecer la educación y el I+D+i en lugar de someterlas a una poda indiscriminada.

 

Pero en esta clase de asuntos, sólo sirve predicar con el ejemplo: el Gobierno al que pertenece Gabilondo ya ha anunciado que “todos” los Departamentos ministeriales experimentarán una rebaja presupuestaria del orden del 15% en las cuentas públicas de 2011. No hay, pues, otro criterio que la austeridad sin matices, y será difícil convencer a las comunidades autónomas para que hagan otra cosa. Estamos, pues, en puertas de un verdadero disparate que retrasará sine die tanto la recuperación de la economía como el cambio que ha de devolvernos a la plenitud.

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