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Apellidos

El anuncio de que el proyecto de ley de Registro Civil aprobado por el consejo de ministros en julio y que ha empezado a tramitarse esta semana en el Congreso pretende suprimir la preferencia paterna en el orden de los apellidos genera cierta perplejidad ya que no acaba de verse que tal convención resulte discriminatoria.

 

En el fondo, es cada vez más claro que aquí se confunden demasiado a menudo los conceptos “no discriminación” e “igualdad”. El caso más obvio es la oposición de un sector de activistas a aceptar las convenciones idiomáticas sobre los plurales del español: el hecho de que el término “ciudadanos”, en masculino, englobe a los dos géneros no violenta la igualdad porque proviene de una simple convención encaminada a lograr una economía de medios: es simplemente absurdo suponer que sólo duplicando el apelativo, “ciudadanos y ciudadanas”, se respeta escrupulosamente el criterio de igualdad. No siempre es posible en cualquier caso que el hombre y la mujer entren a la vez por una puerta demasiado angosta, como tampoco los dos jinetes del mismo caballo pueden ir delante a la vez en la cabalgadura.

 

En la cuestión que nos ocupa, la igualdad ya se logró en la reforma del Código Civil de 1999, que permite a los progenitores elegir libérrimamente el orden de los apellidos de sus hijos. A partir de ahí, el mantenimiento de la tradición parece lógico, no por razones de género sino porque existe una concepción histórica del linaje que permite aprehender el origen personal como una secuencia. El árbol genealógico es, en todo caso, una referencia objetiva y preexistente que facilita la comprensión de nuestra identidad.

 

La prensa de hoy parece sugerir que este debate es, de nuevo, un rifirrafe entre PP y PSOE, y no hay tal: también Izquierda Unida, sin ir más lejos, considera extemporánea la propuesta del Gobierno. Y en todo caso, resulta muy osado introducir polémicas como ésta cuando ni la sociedad ha mostrado el menor interés en plantearla ni siquiera se había manifestado inquietud alguna relativa a una hipotética discriminación que en este caso está más en los laboratorios políticos que en la realidad.

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