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Competencia

El titular es de de esta mañana, en la prensa escrita española: “La gasolina roza el precio que tenía cuando el crudo estaba un 60% más caro”. La información corrobora evidentemente que se cumple una vez más la doble percepción que tenemos los ciudadanos / consumidores: 1).-El precio al por menor de los carburantes sube siempre a mayor ritmo que el petróleo crudo y baja, cuando baja, mucho más despacio. Y b).-Este proceso afecta con sospechosa sincronía a todos los operadores, como si existiera un inconfesado pacto de precios.

 

Esta evidencia, periódicamente denunciada por los medios, no obtiene en general respuesta alguna de la Comisión Nacional de la Competencia, que es la encargada de velar por la transparencia de los mercados. Ni mucho menos de las autoridades de la competencia de Bruselas, que apenas actúan en unos cuantos asuntos llamativos al año, casi siempre relacionados con multinacionales norteamericanas, para dar fe de su propia e inútil existencia sin molestar a los monopolios autóctonos.

 

En definitiva, todos tenemos ocasión de comprobar que nuestras costosas burocracias no sirven para casi nada, a pesar de sus pretensiones. En este caso concreto, es obvio que la pregunta tópica de quién controla al controlador no tiene respuesta. Y así nos va.

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