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Cuestión de equilibrios

El surgimiento de Internet, base de la globalización, ha roto todos los equilibrios que regían hasta ahora entre la libertad de expresión y los derechos de creación. Y los gobiernos, las instituciones en general, están intentando construir unos equilibrios distintos, basados en presupuestos nuevos, cambiantes a medida que avanza la tecnología. No se trata obviamente de frenar el ímpetu de la sociedad de la información sino de habilitar reglas de convivencia nuevas.

 

En España, nada se ha hecho todavía en este sentido, y la comunidad internacional empieza a afear esta anarquía que también le afecta a causa de la propia globalización. La “ley Sinde” no era probablemente una buena solución –ninguna es buena del todo-, ni resolvía el problema de fondo, pero marchaba en la dirección adecuada: si el intercambio entre particulares (P2P) puede ser aceptable y resulta difícilmente perseguible, no lo es en absoluto que alguien se lucre de despojar a los demás de sus derechos. Y el fracaso de la propuesta en el Parlamento ha lanzado un mensaje equivocado a todo el mundo.

 

La rivalidad entre partidos y la bisoñez política de la ministra Sinde han frustrado la nueva norma, pero no podemos cruzarnos de brazos. La industria cultural, muy afectada, debe ser socorrida sin merma significativa de la libertad de Internet. El argumento de que la actividad cultural tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos, muy certero, no puede justificar los abusos. Y hay que actuar con urgencia si no queremos que ciertas especialidades de la creación artística sufran daños irreversibles.

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