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El fracaso de las primarias

La institución de las primarias, que de momento ha implantado el PSOE pero no el PP, van en teoría bien orientadas en la dirección de la democracia interna que la Constitución impone a los partidos políticos. El hecho de que la militancia intervenga en la selecciones de elites es una vaharada pluralista que compensa otras carencias.

Sin embargo, es ya evidente que las principales experiencias se han frustrado. Las primarias en que Borrell venció a Almunia y obtuvo la candidatura a la presidencia del Gobierno en el 2000, después fallida, abrieron graves heridas en el seno del partido socialista, ya muy decaído por otras causas en aquel momento. Las recientes primarias en que Tomás Gómez se ha impuesto frente a Trinidad Jiménez como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid han creado una colosal fractura interna, que Ferraz no ha conseguido todavía restañar. Y en Barcelona, Hereu y Tura, que se disputan la candidatura del PSC a la alcaldía de la ciudad, están a la greña en términos incompatibles con la fraternidad que se espera entre conmilitones. Hoy mismo se publican alarmantes noticias de esta nueva guerra.

Claramente, falta cultura democrática en nuestros partidos, y el dilema se plantea ahora entre tratar de implantarla o prescindir de una institución que, a la hora de la verdad, desgasta más que promueve a quienes la utilizan.  Teniendo en cuenta en todo caso que la extinción de las primarias agravaría el descrédito que la clase política ya padece por sus propios méritos.

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