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¿De quién es la culpa de la crisis? Segunda parte

El ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, ante la insistencia de los representantes del sistema financiero por flexibilizar todavía más el modelo de relaciones laborales, ha tenido el arrojo de recordar a la banca española que el alto impacto de la recesión sobre nuestro país se ha debido, sobre todo, a los riesgos inaceptables que adoptaron las entidades de crédito en el sector inmobiliario, lo que contribuyó a engendrar la colosal burbuja cuyo estallido nos ha dejado en una gran precariedad. Este efecto ha sido mucho más lesivo para el empleo que las carencias de nuestro sistema de contratación.

 

Tiene razón Gómez. Pero también la tienen quienes señalan al establishment político como corresponsable del desastre. Ni los sucesivos gobiernos, ni los sucesivos ministros de Economía, ni los sucesivos gobernadores del Banco de España alertaron sobre los riesgos de la burbuja y mucho menos aún sobre la posibilidad del estallido, por lo que los excesos de los bancos y cajas se hicieron con la plena aquiescencia de todo el mundo. Durante muchos años, quien osaba hablar de la “burbuja” era víctima del anatema del sistema, y, en el mejor de los casos, con la reconvención, recibía aquella socorrida explicación de que el sector inmobiliario realizaría en todo caso un “aterrizaje suave”.

 

Por ello mismo, quizá no tenga sentido depurar ahora responsabilidades. Siempre que unos y otros estén dispuestos a reconocer su error y a actuar en consecuencia con vistas al futuro.

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