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¿Elecciones en octubre?

Los acontecimientos se precipitan. Y aunque Zapatero desearía concluir la legislatura para concluir su legado de reformas, es claro que a Rubalcaba y al PSOE no les conviene prolongar este período agónico ni reforzar la dureza de las medidas estructurales todavía pendientes, que ya tropiezan con la resistencia explícita y contagiosa del movimiento del 15M. Además, cada vez está menos clara la posibilidad de que las minorías nacionalistas estén dispuestas a secundar unos presupuestos del Estado para 2012 en los que habría muy escaso margen para hacer concesiones a la periferia.

 

Así las cosas, Zapatero ya no ha exhibido su proverbial intención de llegar a marzo de 2012 en su viaje a Rusia, lo que ha abierto todas las especulaciones: si ya circulaba la fecha del 27 de noviembre para las elecciones generales, esta temprana rectificación del presidente del Gobierno ha comenzado a alimentar la idea de que la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones podría decidirse en el primer consejo de ministros del retorno tras las vacaciones, lo que permitiría situar la consulta el último domingo de octubre. En este caso, no se reabrirían las Cortes y, por supuesto, la reforma de la negociación colectiva debería esperar su redacción final en forma de ley ordinaria a la siguiente legislatura.

 

Es probable que se tenga alguna claridad a este respecto durante el debate sobre el estado de la Nación que se celebrará entre el 28 y el 30 de junio, que será el último de Zapatero y tendrá por tanto un cierto carácter testamentario.  Durante el debate o inmediatamente antes o después Zapatero anunciará el cambio de gobierno imprescindible, ya que Rubalcaba pasará a dedicarse a preparar su candidatura. En principio, se había manejado la hipótesis de que renunciaría al ministerio del Interior y a la portavocía pero todo indica que dejará también la vicepresidencia y, por tanto, el gobierno. Su sustituto en Interior será con toda probabilidad el actual secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho (no puede descartarse a Rodolfo Ares) y la portavocía recaerá en Ramón Jáuregui.

 

Los acontecimientos se aceleran, y quizá sea buena cierta tensión de fondo para que se anime psicológicamente el proceso económico, agazapado y pendiente de que se produzca el cambio de ciclo.

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