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Hipotecas

Zapatero anunció ayer, en el curso del debate sobre el estado de la nación, un nuevo paso para proteger a quienes, titulares de una hipoteca y afectados por la crisis, han caído en las redes del sistema financiero, que, además de apoderarse de la vivienda que no pudieron terminar de pagar –un auténtico drama en muchos casos-, han contraído una deuda que les perseguirá de por vida.

 

Muchas de estas personas, desposeídas de su hogar, obligadas a responder de su deuda con sus ingresos presentes y futuros, sometidos a un contrato leonino que les obliga a pagar intereses de demora de hasta el 29% -¿usura?-, no levantarán cabeza jamás ya que, al figurar en los registros de morosos, tendrán que llevar una existencia clandestina, serán náufragos en la economía sumergida. Por añadidura, también los avalistas del préstamo –padres, hermanos, amigos- quedarán irremisiblemente dañados por un sistema inhumano, kafkiano, que les envuelve. Porque, para mayor escarnio, son los propios bancos los que tasan los inmuebles que se van a hipotecar.  ¿Por qué sólo el sufrido ciudadano ha de pagar los errores de cálculo o las imprevisiones?

 

Bien está, en fin, que se declare inembargable una parte importante del  salario del deudor de una hipoteca pero ésta no es la solución: hay que llegar cuanto antes y sin excusas al modelo en el que la devolución del inmueble extingue la deuda en todos los casos. Es lo racional y lo equilibrado.

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