Blogs

Debate fiscal

El ruido de fondo que preside este final de etapa/final de legislatura no ha impedido que se suscitara con ímpetu el gran asunto que sin duda será el colofón de la crisis económica: junto al cambio de patrón de crecimiento, que es inexorable, deberemos pilotar un nuevo dibujo del modelo fiscal que queremos para este país, una vez que hemos constatado la fragilidad de la artificial opulencia de que hemos disfrutado unos años y cuando ya hemos interiorizado que no será posible en le futuro vivir por encima de nuestras posibilidades.

 

El debate sobre el modelo fiscal, al que Rubalcaba hará mañana sin duda sus primeras aportaciones, tiene dos elementos: uno primero, sustentado sobre el consenso básico entre los grandes partidos, se refiere básicamente a las infraestructuras. Como han recordado los medios estos días, España es el país de Europa con más kilómetros de autovías y autopistas, el que ofrece más red de estas vías rápidas por habitante y automóvil y el primero de Europa y segundo del mundo en líneas de de tren de alta velocidad (2.800 kilómetros actualmente); en 2008, de los 3.474 km de alta velocidad en construcción en Europa, el 64% (2.219 km) estaba en España. El ministro de Fomento, Blanco, que ha tenido que ejecutar el gran ajuste y que reducir a la mínima expresión este ritmo inversor que, con toda probabilidad, no retornará nunca, nos ha advertido ya de que tenemos que tomar graves decisiones en el sector. De entrada, se dispone a implementar la “euroviñeta” –tasa para camiones que circulen por autovías no de peaje- como ya se ha hecho en buena parte de Europa, pero además habrá que extremar el rigor en los estudios previos de rentabilidad de nuevas inversiones y que actuar con criterios mucho más racionales. Por ejemplo, sería lógico que, antes de construir más kilómetros de AVE, se reforzara el ferrocarril convencional para que una gran parte del transporte de mercancías por carretera pase al tren.

 

El segundo elemento del debate es el referente al modelo de Estado y a los grandes servicios públicos, y éste sí tiene un carácter claramente ideológico que se presta claramente al debate. Los modelos políticos europeos, todos ellos desorientados por la gran recesión que ha otorgado extraordinario predicamento a las opciones más conservadoras, se basan todavía en la pervivencia de un potente estado de bienestar, que inexorablemente habrá que reconsiderar ahora, cuando regresemos a los equilibrios perdidos. En el caso español, parece existir un acuerdo muy extendido sobre el mantenimiento de los grandes servicios públicos, universales y gratuitos de sanidad y de educación, que son además la principal garantía de nivelación social y de igualdad de oportunidades en el origen (la baja presión fiscal española reduce los efectos de la redistribución). Pero aún así, a pesar de este consenso amplio, la derecha y la izquierda conservan matices diferenciales que habrá que dirimir. Éste debería el gran objetivo de la campaña electoral: iluminar a la sociedad sobre este asunto, en el que compiten visiones más liberales, tendentes a un Estado de menor tamaño, con impuestos bajos, y socialdemócratas, partidarias de más intervención y regulación estatales, y, lógicamente, con una mayor presión fiscal.

 

Lamentablemente, estas vísperas electorales registran ya un barullo de fondo que dificulta emitir y escuchar propuestas y que aleja a la sociedad civil de una ceremonia política que le ha dado la espalda. No sería decente ni razonable que los políticos jugasen de nuevo a continuar alejando de ellos a sus clientelas, y dando por tanto oxígeno a los movimientos informales que son la respuesta lógica de la ciudadanía a la desconexión entre ella misma y las instituciones.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Deja tu comentario