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Hipotecas y moral del mercado

En nuestras sociedades, la moral se acaba imponiendo felizmente en toda clase de designios, menos en las finanzas. No nos damos cuenta del todo por la deformación que padecemos, tras siglos de experimentar en este territorio deslizante,  pero estamos asistiendo a espectáculos deshonestos, degradantes, sencillamente inmorales con absoluta impasibilidad, sin percatarnos de que el hecho de que existan unas rutinas indecentes no justifica en ningún caso el atentado a los principios.

 

Hay un caso bien a la vista: es sencillamente inmoral que una familia que es desahuciada de su vivienda por no poder pagar la hipoteca –situación frecuente en estos tiempos en que uno de cada cinco trabajadores está en paro y hay de más de un millón de familias en que todos sus miembros están desempleados- tenga que seguir pagando los plazos correspondientes hasta que devuelva por completo el crédito que recibió según la nueva tasación que el banco quiera imponerle. Quien esté en estas circunstancias de sometimiento a la perversa lógica del mercado se verá incapacitado de levantar cabeza, de tratar de recomenzar desde abajo su propia resurrección.

 

Se podrán esgrimir las objeciones técnicas que se quiera a los remedio obvios a estas situaciones indecentes pero no por ello se resolverá la inmoralidad ni se solventará la injusticia. Y el Estado, no se olvide, es el encargado de impulsar la idea amplia de civilización que, en esencia, consiste en el respeto insobornable al ser humano.

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