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Los “minicontratos” de Joan Rosell

La sugerencia de los ‘minijobs’, realizada por el presidente de la patronal, Joan Rosell, y recibidos con agresiva hostilidad por los sindicatos (en el abanico político y en los demás sectores económicos ha habido división de opiniones) ha arrancado con mal pie, tanto por el nombre –el anglicismo es desafortunado y parece una burla a los desempleados- cuanto por el lanzamiento de la idea, que pareció fruto de una improvisación. Y, sin embargo, el concepto no es en absoluto desdeñable.

 

La idea no es nueva: los contratos de ‘minitrabajo’ ya implantados en Alemania -400 euros limpios al mes por quince horas semanales, 60 mensuales, sin descuentos fiscales ni sociales, a los que el empleador ha de añadir otros 120 por la seguridad social- equivalen aproximadamente al salario mínimo actual, por lo que no tiene sentido hablar de “explotación” de los trabajadores. Y su utilidad no es dudosa: actualmente hay siete millones de ‘minijobs’ en Alemania, el 15% de la población activa.

 

También aquí, como en Alemania, los ‘minicontratos’, cuyos titulares podrían simultanear varios empleos, tendrían su aplicación preferente en tareas discontinuas y de baja cualificación, y en todo caso servirían a los aspirantes a un primer empleo para dar el paso de decisivo de incorporarse al mundo laboral. Lógicamente, en circunstancias como las actuales, con más del 20% de paro real, también recurrirían a los ‘minjobs’ otras categorías laborales, pero en cuanto se normalice la situación, adquirirían su posición marginal frente a los modelos contractuales a jornada completa o parcial.

 

En nuestra coyuntura económica, esta fórmula permitiría aflorar empleo sumergido –que representa más del 20% del PIB como es sabido- y entregaría una gran flexibilidad al ‘emprendedor’ que se anime a arriesgarse. Por supuesto, no podemos tender a una sociedad en equilibrio basada en estos contratos-basura, pero sería absurdo no recurrir a ellos en situaciones de emergencia como la actual cuando el ejemplo alemán demuestra que podemos dar pasos positivos en materia de empleo. Es muy encomiable defender los derechos adquiridos por los trabajadores a lo largo de siglos de lucha sindical, pero en la situación actual es ´mas urgente sacar del pozo a estos cinco millones de parados que representan una tragedia sin precedentes en nuestra historia democrática.

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