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Los dineros de la Corona: la transparencia es expansiva

“El misterio es su vida; no debemos permitir que la luz del sol desvele su magia”, escribió Lorenz von Stein de la monarquía británica en una obra clásica curiosamente traducida por el profesor Enrique Tierno Galván, eximio politólogo de izquierdas y primer alcalde democrático de Madrid.

 

Los tiempos han cambiado y ya es indispensable permitir que la luz entre a raudales en la institución monárquica. Desde hoy, ya sabemos lo que gana el Rey, la asignación del Príncipe, la partida que el Monarca otorga al resto de su familia directa. Son cantidades elevadas para el común de los mortales pero discretas para una institución de tan alto porte. Pero con este streptease no hemos hecho más que abrir un melón, que sentar un precedente, que despejar un portillo por donde acabará filtrándose toda la claridad. La transparencia es expansiva, como la curiosidad humana, plenamente legítima en esta cuestión.

 

En otras palabras, ahora conocemos las rentas del Rey pero nada sabemos de su patrimonio, a no ser por fuentes externas y sin duda poco fiables. Las revistas Forbes y Eurobusiness aseguran que la Familia Real española posee una fortuna de 1.790 millones de euros. La Casa del Rey no se ha pronunciado jamás sbre el particular pero algunas voces expertas han asegurado que el cómputo es erróneo porque en esta cuantiosa suma se incluyen numerosas propiedades del Patrimonio Nacional, que pertenecen al Estado. En cualquier caso, habrá que dar razón.

 

La monarquía británica, la más opulenta de las occidentales, es muy rica y está completamente bajo el escrutinio de la opinión pública. Sus negocios, algunos de ellos gestionados directamente a la vista de todos por el Príncipe de Gales, son totalmente públicos, y sus rentas se utilizan en parte para sufragar gastos oficiales… Naturalmente, el actual statu quo de la monarquía británica es el desenlace de siglos de exposición. Aquí, en cambio, la monarquía instaurada/restaurada en 1975 no ha acuñado todavía tradiciones ni se ha exhibido completamente a los ojos de la ciudadanía, pero ésta, la de la plena transparencia, deberá ser sin duda una de las tradiciones que primero haya que consolidar. Estamos en el camino pero falta mucho techo por recorrer.

 

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