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La ambigüedad del PSC

En un artículo reciente aparecido en El Economista, este bloguero manifestaba su opinión contraria a proporcionar a Cataluña un inviable concierto económico y favorable en cambio a que el Estado en su conjunto avance hacia la federalización del modelo autonómico poniendo ciertos límites a la solidaridad, extendidos a todas las comunidades. La Constitución impone claramente el criterio de la solidaridad interterritorial -artículos 2 y 138- y establece dos regímenes fiscales diferentes: el general y el de los territorios forales vasco y navarro. Se esté o no de acuerdo con esta excepción, que se justificó en su día mediante unos dudosos pero eficaces derechos históricos, resulta muy difícil aceptar la concesión –e incluso la demanda- de privilegios para alguna comunidad autónoma en particular.

 

Cataluña no tiene, pues, argumentos políticos ni legales para apoyar la petición de un concierto económico, ni de un pacto fiscal que privilegiara su posición frente a otras comunidades autónomas. Sí sería posible, en cambio, establecer límites generales a la solidaridad en todo el Estado, como tienen la mayoría de los sistemas federales y el propio modelo federalizante de la UE: los países acceden a fondos estructurales y de cohesión hasta que se aproximan al PIB per capita promedio. De este modo, la solidaridad adquiere un papel estimulante de la competitividad y las regiones más ricas no se ven tan lastradas que se vuelvan incapaces de actuar como verdaderas locomotoras del conjunto.

 

Se puede entender que el nacionalismo catalán ignore estos criterios y reclame el concierto económico o un pacto fiscal unilateral. Pero no hay modo de comprender que el PSC, partido fraternalmente vinculado al PSOE y por lo tanto antinacionalista y con un cierto sentido del Estado como totalidad, presionado por los nacionalistas, entre a pedir también un trato excepcional, un extraño consorcio fiscal en el que Cataluña tendría “la llave de la caja”, según explica hoy confusamente su líder, Pere Navarro, en un periódico de Barcelona. Rubalcaba tiene que exigir y que dar una explicación.

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