Blogs

El prodigioso y semisecreto Tratado de Estabilidad

¿No lo han visto? El famosísimo “Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria entre el Reino de Bélgica, la República de Bulgaria… [y hasta veinticinco países enunciados por orden alfabético]” fue rubricado por los jefes de Estado de Estado y de Gobierno de veinticinco países de la UE –también lógicamente por el presidente Rajoy- en el Consejo Europeo del pasado fin de semana, y ahora será ratificado por todos los países.

 

El tratado, publicado por la Comisión Europea en un opúsculo de 24 páginas, está redactado en un repulsivo estilo burocrático completamente demodé –las normas de todos los países tienen un estilo mucho más moderno-, arranca con un farragoso preámbulo con veintisiete gerundios introductorios -deseando, recordando, teniendo presente, etc.- y consta de 16 artículos agrupados en seis títulos. Como se sabe, el Tratado fija rigurosamente los criterios de estabilidad y establece una difusa gobernanza de la zona del euro mediante la institución de la “Cumbre del Euro”, una figura “informal” (sic) presidida por el Presidente de la Cumbre del Euro, designado por mayoría simple por los Jefes de Estado o de Gobierno de las Partes Contratantes cuya moneda es el euro. Y lo será al mismo tiempo que el Consejo Europeo elija a su Presidente y para un mandato de igual duración.

 

La irrelevancia suele ser bien detectada por el mundo periodístico y ni un solo medio de comunicación español ha publicado el Tratado, ni en su totalidad ni en versión resumida, ni lo ha colgado siquiera de su página web, por lo que puede darse por cierto que este acuerdo, que en teoría cambia por completo la idea de Europa e introduce subrepticiamente elementos federales clave a la gobernanza europea, ha pasado totalmente inadvertido para la opinión pública, incluida la mayor parte de la clase política. Quien firma estas líneas ha constatado además que la versión española del Tratado no es demasiado fácil de encontrar en Internet.

 

¿Cómo es posible que una revisión trascendental de los fundamentos constitucionales de la Unión Europea progrese por esta vía clandestina y subrepticia, sin el menor debate, sin ni siquiera abrir una polémica entre quienes añoran el viejo consenso keynesiano y los audaces neoliberales que nos han traído hasta la trágica postración actual? Tan sólo Irlanda ha anunciado que celebrará un referéndum, porque así lo requiere su Constitución, pero esta vez la oposición de un solo país no paralizaría el tratado; los demás europeos digeriremos como siempre el fárrago sin pestañear. Si no fuera porque detrás de este oscurantismo avanza probablemente la decadencia de un modelo de vida y de convivencia que reflejaba las excelencias democráticas, valdría la pena responder a carcajada limpia a la maniobra de los burócratas que traman con siniestro desparpajo nuestro futuro.

Comparte este post:
  • Meneame
  • Digg
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google

Deja tu comentario