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Los mineros y Ortega

La minería española del carbón tiene un oscuro futuro porque ya ha fracasado el argumento que servía para mantenerla: el carbón -se decía- es estratégico para España por la elevadísima dependencia energética de nuestro país, que no posee petróleo ni gas. Y ello había de justificar la explotación de unas minas en galería que proporcionan carbón a precios exorbitantes, y que no pueden competir con las del Este de Europa, en las que se extrae el carbón a cielo abierto. Pues bien: pese a los esfuerzos españoles, la UE no nos permite seguir subvencionando el carbón más allá de 2018.

Ortega declara varias veces en su obra la inconveniencia de la subitaneidad del tránsito, y su preferencia por los cambios cadenciosos y progresivos. Pues bien: en la minería, la gran clausura de las explotaciones debería hacerse así, con gradualidad y sin sorpresas. Por respeto a uno de los trabajos más duros que la humanidad ha organizado para desarrollarse.

Actualmente, quedan 7.000 empleos directos en la minería, y existe un plan gestionado por el Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras que, en resumen, contempla la subvención decreciente de la producción mientras se trata de reindustrializar las comarcas afectadas. Así se había logrado hasta ahora un precario y pacífico equilibrio de supervivencia. Pero el Gobierno, por causa de la crisis, ha recortado bruscamente las dotaciones de este plan en un 37,5%. El resultado es que las explotaciones no pueden mantenerse. Y los mineros han salido a la calle a luchar por su empleo.

La crisis es una realidad objetiva que no puede negarse, pero quizá fuera preciso atacar este problema haciendo excepciones y con una mayor sensibilidad. Es cierto que las 7.000 familias que viven en España de las minas son una gota de agua en el océano de los muchos millones de parados, pero sólo un desaprensivo no entendería que el fin de una actividad milenaria que ha sido eje de la industrialización debería contar, al menos, con la comprensión solidaria de toda la sociedad.

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