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Entradas con etiqueta ‘CGPJ’

La medicina de Garzón

Jueves, 24 Diciembre 2009

Garzón se queja amargamente de unas filtraciones que se han producido sobre una investigación que lleva a cabo sobre su ejecutoria el Tribunal Supremo: cartas personales a Botín solicitándole financiación para unas actividades académicas en los Estados Unidos. Dice el magistrado de la Audiencia Nacional, encausado por varios presuntos deslices más o menos relevantes, en una queja ante el Consejo General del Poder Judicial, que tales revelaciones obedecerían a una “estrategia prediseñada” contra él a través de “un determinado medio de comunicación” empeñado “en su denigración sistemática” (se refiere evidentemente a ‘El Mundo’).

 

Muchas de las causas abiertas por el propio Garzón han sido puntualmente filtradas a la prensa en tiempo real, para desesperación de los encausados. Es obvio que no es posible acusar al titular del juzgado de tales filtraciones pero ha sido en cualquier caso patente que el ‘juez estrella’ no ha tenido jamás demasiado empeño en evitarlas y mucho menos en perseguirlas. De cualquier modo, Garzón prueba ahora su propia medicina.

 

Sea como sea, lo importante es el fondo del asunto. Y ese fondo es muy ingrato para el ambicioso personaje: es extremadamente indecoroso que un juez solicite una elevadísima cantidad de dinero –más de 300.000 euros- para financiar una iniciativa académica al mismo banquero sobre el que tendrá que resolver una querella pocos meses después. Lo demás es espuma.

Desconcierto penal

Viernes, 27 Febrero 2009

De un tiempo a esta parte, los actores políticos –gobierno y oposición- pretenden resolver las más graves disfunciones sociales mediante el endurecimiento sistemático del Código Penal, como si las leyes pudieran obrar milagros y como si la única terapia clínica en manos de la medicina fuera la cirugía.

La sinrazón acaba de ser puesta de manifiesto por el Consejo General del Poder Judicial, que en un informe no vinculante sobre la nueva reforma en ciernes opone dos objeciones serias a los cambios que se postulan en el Código: en primer lugar, las nuevas penas que se impondrá a los agresores sexuales no son proporcionadas porque, por graves que sean estos delitos, siempre será más punible y reprobable el asesinato que el abuso. En segundo lugar, es muy dudosa la figura de la libertad vigilada para terroristas y pederastas porque no tiene sentido que esta situación suponga un “régimen vital” peor que el tercer grado, en el que, antes de quedar en libertad, el recluso ya puede trabajar fuera de la cárcel.

La lucha contra la delincuencia no es tarea simple, ni puede resolverse por la vía exclusiva de agravar los castigos. Habría que entenderlo cuanto antes para no incurrir más veces en el disparate o en la demagogia.

Las represalias de Bermejo

Jueves, 19 Febrero 2009

Quien haya pulsado la opinión de los jueces sobre la huelga de ayer y las movilizaciones previstas para el futuro, sabrá que uno de los factores desencadenantes de la crisis ha sido el tono abrupto y arrogante del ministro de Justicia, con quien ha resultado imposible mantener una negociación pacífica. 

Pues bien: tras la primera huelga, Bermejo no ha tenido otra ocurrencia que exigir represalias para los huelguistas y amenazar al colectivo de jueces y magistrados con una ley ad hoc que les cercene definitivamente el derecho de huelga. Como es conocido, existe un vacío legal al respecto, que ha hecho desistir al Consejo General del Poder Judicial de adoptar cualquier medida sancionadora. Nadie, salvo Bermejo, ha sentido sin embargo la necesidad de llenar ese vacío. Todo ello al margen de que las iniciativas legislativas en caliente se descalifiquen por sí solas.

Es evidente que, para reconducir el conflicto, habrá que atender primero las peticiones razonables de los movilizados en lo tocante a la modernización y dotación de la maquinaria judicial. Y, en segundo lugar, será preciso restablecer los puentes entre la judicatura y el Ministerio de Justicia. Bermejo camina justo en sentido contrario, por lo que de nuevo queda en entredicho su aptitud para seguir al frente de su actual responsabilidad. 

Bermejo y la huelga de jueces

Mircoles, 18 Febrero 2009

La desolación causada por la crisis económica tiene hoy el sobreañadido ingrato de la huelga de jueces, que ha contribuido a incrementar el malestar social de este país, aterido por las gélidas noticias y previsiones que anuncian la larga travesía del desierto. Los jueces se han equivocado absolutamente al utilizar a un arma de presión sindical cuando tienen constitucionalmente vetado afiliarse a sindicato alguno (art. 127.1 C.E.). Pero el ministro de Justicia, Fernández Bermejo, tampoco saldrá indemne de la prueba.

Conviene recordar que los jueces son individualmente los titulares del poder judicial (ese poder no descansa, como generalmente se cree, sobre el Consejo General, sino que son los jueces en el ejercicio de su función jurisdiccional quienes lo ostentan). En consecuencia, resulta muy chirriante que quienes desempeñan una función tan trascendente en la estructura del Estado vayan a la huelga. Huelga, ¿contra quién? ¿Acaso contra el Gobierno, como si el Poder Ejecutivo fuera su empleador? ¿Quizá contra los ciudadanos? Y es innegable que esta conducta frívola, por justificada que éste por unas demandas que todos compartimos y que son razonables, mina el más valioso patrimonio de la Justicia: su prestigio. No parece serio que quien tiene en su mano la libertad, la hacienda y el destino de las personas se comporte con esa ligereza.

Dicho esto, es claro que la huelga tiene ribetes políticos. Porque no se entendería este acto de fuerza sin observar también el trasfondo del “caso Mari Luz”, en el que Gobierno se entrometió en el régimen disciplinario de los jueces diciendo en voz alta lo que pensábamos todos los ciudadanos. Y es evidente asimismo que el ministro de Justicia, Fernández Bermejo, no ha sido capaz de reconducir esta situación. Las asociaciones judiciales no lo han ocultado: el temperamento arrogante y nada condescendiente del ministro ha hecho imposible acuerdo alguno para evitar la huelga, a pesar de que sea cierto que precisamente ahora se están realizando cuantiosas inversiones en la modernización de la Justicia. Y, lejos de reconocerlo, Bermejo clama ahora porque se abra expediente a los jueces huelguistas, cuando el propio Consejo, que cree que existe un ‘vacío legal’ al respecto, ha descartado hacerlo. Más leña al fuego.

Todo esto se añade a la insensibilidad de Bermejo en lo que respecta a su fin de semana cinegético con Garzón. Es un sofisma la tesis de que aquel esparcimiento pertenecía al ámbito de la “vida privada” del ministro. Pompidou, en memorable ocasión y cuando uno de sus ministros pretextó unos problemas particulares, lo destituyó fulminantemente con el argumento de que “los ministros no tienen vida privada”. Lo que los ocupantes de las instituciones hacen de puertas afuera de su casa es indubitablemente público, por lo que Bermejo es reo de un error gravísimo. Así parece haberlo entendido  el propio Zapatero, quien ni siquiera cruzó una mirada con su colaborador al coincidir ambos en el Senado.

El problema de la Justicia, que se arrastra desde el arranque de la etapa democrática, debe resolverse cuanto antes, no a causa de la huelga sino porque existe conciencia general de que la penuria de medios materiales y humanos ha llegado al límite. Y en esta tesitura, no parece que Bermejo sea la persona adecuada para pilotar esta transformación.