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Entradas con etiqueta ‘corrupción’

Lo esencial y lo accesorio

Sbado, 21 Febrero 2009

El ciudadano de a pie está comprensiblemente desolado ante el espectáculo que discurre frente a sus ojos. Perplejo ante la evidencia de que aquel mundo próspero en que creía que había de vivir el resto de sus días porque así se lo aseguraban, sin excepción, sus partidos políticos -¿recuerdan la curiosa teoría de los ciclos largos, que afirmaba que estábamos en una fase de crecimiento prácticamente ilimitado?- era una pura ficción, preocupado por la inseguridad de su puesto de trabajo o, simplemente, en desempleo desde hace días, semanas o meses, ve cómo la terrible crisis que se ha abatido sobre esta sociedad no es, ni de lejos, el principal problema de quienes deberían resolverlo, mitigarlo o, cuando menos, paliarlo mediante actuaciones excepcionales que garantizaran la supervivencia física de quienes han ido por delante en la lista creciente del paro, la angustia y la postración.

Por un extremo del escenario, asoma la conocida silueta de la corrupción, una lacra que tanto en cuanto irrumpe y pone de manifiesto que a alguna fuerza política, en mayor medida que a las demás, se le ha ido la mano de la avaricia y se ha contaminado hasta extremos que, al salir a la luz, estallan en forma de vistosa llamarada.  Por el lado opuesto, entra en escena el fantasma de la confusión institucional, del juez estrella y el ministro flamígero confundidos en el aquelarre cinegético que exhala un aroma letal de viciada confraternidad.

La escena central no versa tampoco sobre la recesión, ni sobre el cambio de modelo de crecimiento que inexorablemente deberemos impulsar para no quedarnos anclados en el cieno, ni sobre la expectativa trágica de los cuatro millones de parados este mismo año, ni sobre la crisis financiera que afecta a unas instituciones de crédito no tan sólidas como habíamos pensado, ni sobre un endeudamiento creciente que comprometerá el desarrollo de las futuras generaciones… : el espectáculo es la competición por la conquista de los gobiernos regionales de dos comunidades autónomas, de cuyo desenlace dependen al parecer equilibrios que nada tienen que ver con el drama de fondo ni con el bienestar de los electores.

Otras figuras secundarias del teatro dan, pese a la crisis, colosales pelotazos especulativos mientras empresas públicas extranjeras se adueñan de partes esenciales del tejido industrial español, completamente privatizado…

La España profunda, la formada por el pueblo llano y por las instituciones intermedias, la que pulsa el latido de la realidad, sabe que esta amarga coyuntura sólo podría resolverse mediante un gran pacto de Estado que nos pusiera a todos a trabajar en la misma dirección. Pero ni la oposición tiene bastante fortaleza para este gesto de magnanimidad, ni la mayoría gobernante está dispuesta a ceder un ápice de la eminencia que le han entregado las urnas. Definitivamente, la gran política española está en otra cosa. La crisis sólo importa a los políticos en función de lo que cada cual pueda extraer de ella en beneficio propio. ¿Cómo podrá extrañarse alguien de que, como denuncia un periódico catalán sobre las elecciones gallegas y vascas, “nunca tanta incertidumbre en el resultado de las elecciones produjo tanta indiferencia”? 

PP: la catarsis

Martes, 10 Febrero 2009

Aquel célebre y contrastado diagnóstico de lord Acton, “el poder corrompe”, está confirmándose estos días en el seno del Partido Popular. Los problemas de liderazgo provocados por la marcha de Aznar, la sacudida del paso inesperado a la oposición en 2004, la búsqueda insegura de una ubicación ideológica y social en la pasada legislatura, la nueva derrota de 2008, la vacilante reafirmación de Rajoy en el congreso de Valencia, generaron un vacío interior que, a todas luces, ha sido aprovechado por los desaprensivos –que abundan en todas partes- para rentabilizar su instalación en beneficio propio. La falta de control –el único antídoto seguro contra la corrupción- ha hecho el resto. Y por una azarosa coincidencia, varios de estos escándalos han estallado al tiempo. La situación del PP actual es en cierto modo parecida a la que padeció el PSOE en el tramo final de la larga presidencia de González: el director de la guardia civil, el gobernador del Banco de España y el presidente de una comunidad autónoma fueron casi al tiempo el exponente delictivo de una degradación moral que costó mucho esfuerzo superar.

Es muy lógico que hoy cunda el desánimo en las filas del PP, que, después de los sucesivos escándalos en Baleares, consecuencia también de una concepción perversa del poder y de la ausencia de los mínimos controles exigibles, ve como la comunidad de Madrid es escenario de dos graves episodios comprometedores: el espionaje en el gobierno de la autonomía, que revela que la codicia de algunos llega al chantaje, y el caso Correa –“caso Gürtel” lo llama la policía- que sintetiza una al parecer una larga secuencia de cohechos. Este último asunto, que mancha a varias localidades de Madrid, salpica a la comunidad valenciana –el propio Camps ha sido señalado por alguno de los facinerosos- y hunde sus raíces en el núcleo duro del PP puesto que el tal Correa fue testigo en la boda de la hija de Aznar con Alejandro Agag. Por último, de momento, el PP gallego ha tenido que apartar a un candidato a las próximas elecciones tras saberse que tenía negocios en las Islas Caimán y que había defraudado a Hacienda.

Esta acumulación de infortunios no puede ser casual: demuestra una pérdida general del rumbo, un decaimiento moral muy extendido que sin duda tiene que ver con la ligereza con que el PP ha actuado en casos conocidos. El hecho de que se haya mantenido a Fabra en Castellón como si no hubiera pasado nada, o la insidia de promover las candidaturas de alcaldes procesados por corrupción en las pasadas municipales son hechos que lanzan un mensaje equivocado a la ciudadanía y a la propia militancia. A veces ha parecido en este país que la corrupción urbanística era inocua y estaba en la naturaleza de las cosas. Y ahora se paga el precio de semejante tergiversación.

La rectificación del rumbo, el golpe de timón, la recuperación de la dignidad requieren una fortaleza y un liderazgo que pondrán a prueba a Rajoy, con fama de indeciso y de blando. Habrá que ver si el presidente del PP es o no capaz de impulsar una catarsis del PP en su acepción clásica: “purificación ritual de personas o cosas afectadas por alguna impureza”. Y ello ha de abordarse sin pérdida de tiempo porque, de no hacerse así, la gran fuerza de centro-derecha, anonadada y sin reflejos, será incapaz de afrontar los grandes retos que se le plantean. En concreto, la crisis económica: el peso específico del líder de la oposición está desfigurado y disminuido por su propia circunstancia, cuando es más necesario que nunca que la oposición contribuya constructivamente a resolver el drama económico y social que aqueja a nuestro país.

Todos iguales

Jueves, 30 Octubre 2008

La afición a los automóviles de alta gama, dotados de los más lujosos accesorios, es, a lo que se ve, un vicio general de nuestra clase política. Primero salió a la luz el dispendio del presidente del Parlamento de Cataluña, Benach, de Esquerra Republicana de Catalunya. Más tarde, el presidente socialista Touriño consentía en Galicia un dislate semejante, también a costa de los contribuyentes…

Pero no se ha detenido aquí la marea: ayer se conocía que las Cortes Valencianas, en que el Partido Popular disfruta de mayoría absoluta, han aprobado unos presupuestos de la Cámara para el próximo ejercicio en los que se incluyen dos Audi A-8 para los desplazamientos de su presidenta, la popular Milagrosa Martínez. La operación tendrá un coste para las arcas públicas de 278.000 euros -más de 46 millones de las antiguas pesetas.

Quienes hemos hecho siempre un esfuerzo por negar en los medios que todos los políticos sean iguales porque creíamos que esa afirmación era radicalmente injusta, ya no tenemos más remedio que aceptar que en todos los partidos existe la misma falta de sentido ético, de sentido de la ejemplaridad, de desprendimiento y hasta de valores. La moralidad pública está bajo mínimos, y estos tiempos de crisis, en que la austeridad personal es una obligación ejemplarizante, determinados gestos de insensibilidad son aún más rechazables.

Lo escribió Montesquieu con mano firme: “No son sólo los crímenes los que destruyen la virtud, sino también las negligencias, las faltas, una cierta tibieza en el amor de la patria, los ejemplos peligrosos, las simientes de corrupción; aquello que no vulnera las leyes pero las elude; lo que no las destruye pero las debilita”.

 

ERC y la moqueta

Jueves, 23 Octubre 2008

Solía decir Maragall poco después de la formación del ‘tripartito’ que sus indómitos socios republicanos de Esquerra, entonces acaudillados por el demagogo Carod Rovira, se tranquilizarían y aburguesarían hasta la docilidad en cuanto “tocaran moqueta”. En efecto, el ambiente cálido y acogedor de los despachos oficiales y el suave runrún de los automóviles de alta gama con chófer puestos a su disposición amansa a las fieras.

Ayer publicaba la prensa que el Parlamento de Cataluña ha renovado precisamente ahora, cuando la crisis está al rojo vivo, su flota de vehículos. Y al presidente de la institución, el republicano Ernest Benach, le ha tocado en suerte un “Audi A-8 Limusina” adaptado, más largo que el normal, de 450 CV y dotado de escritorio de madera a medida, reposapiés, televisión, etc, valorado en 110.000 euros.

El proceso de reconversión de aquellos agitadores asamblearios en burgueses amantes del lujo es tan escandaloso como decepcionante. Porque ha ocurrido lo habitual: no sólo los jóvenes utópicos han puesto pie a tierra sino que el poder les ha hecho perder la razón y la perspectiva. Han de tener cuidado porque el siguiente paso de esta mudanza conduce con frecuencia a los escabrosos parajes de la corrupción.