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El modelo alemán

Lunes, 22 Junio 2009

Los dos grandes sindicatos se han escastillado en la negativa a cualquier reforma laboral. Se apoyan para ello en un manifiesto firmado por más de 700 expertos y profesores que viene a decir que cualquier negociación sobre la materia sería en el fondo un medio de facilitar el despido y de eliminar la distinción entre despidos procedentes e improcedentes y, en última instancia, representaría la precariedad generalizada de los trabajadores y un abaratamiento de la rescisión del contrato laboral.

Las organizaciones obreras tienen razón cuando dicen que la legislación laboralno ha sido la causa de la crisis”, por lo que resultaría sangrante que ahora los trabajadores fueran castigados a pagar en primer lugar por una coyuntura que no han desencadenado. Sin embargo, yerran cuando afirman que una reforma del modelo de relaciones laborales no podría haber evitado en parte el fortísimo desempleo que padecemos ni sería capaz de reducir el alto número de parados actual.

Xavier Vidal-Folch acaba de publicar un artículo revelador sobre el modelo alemán, un país en que la recesión es más fuerte que la española (en el primer trimestre de este año, la caída del PIB fue del 6,9%, frente al 3% en España). Pero entre abril de 2008 y abril de 2009, el desempleo creció en Alemania del 7,4 al 7,7%, mientras que en España casi se duplicó, pasando del 10% hasta el 18,1%. Y explica el articulista que la razón de del “milagro” alemán, que contrasta con el desastre español, ha de buscarse en buena medida en la reglamentación laboral, que en aquel país incluye dos poderosas herramientas.

Una de ellas es la flexibilidad para efectuar reducciones de jornada con apoyo del Estado en empresas que hayan de reducir su producción a causa de la caída de la demanda por la crisis. A esta fórmula se han acogido 1,5 millones de trabajadores que han reducido en promedio un tercio de su jornada, lo que supone que se han salvado 500.000 empleos. La otra herramienta es el aparcamiento o suspensión temporal de empleo: la empresa paga el 10% del salario y el resto el Estado; el trabajador mantiene su contrato y sigue en nómina hasta que la demanda se reavive. En principio, esta situación podía mantenerse seis meses pero se ha ido prorrogando el plazo y ahora puede durar hasta 24 meses.

En el caso alemán, tales medidas no son simple cosmética para disimular el paro porque los empleos a los que se aplican son viables, productivos, y no cabe duda de que las empresas afectadas reanudarán su rentable actividad en cuanto se recupere la economía. En el caso español, es obvio que ciertos empleos que acaban de desaparecer no eran viables –muchos del sector construcción, por ejemplo-, pero sí otros muchos de los sectores industrial y de servicios que actualmente han desaparecido mediante EREs o, en el peor de los casos, mediante quiebras seguramente evitables.

En España, se consumen ingentes cantidades de recursos en financiar el subsidio de desempleo –se acaban de aplicar 19.000 millones de euros adicionales-, cuando se podría haber evitado con un coste incluso menor la desaparición de una parte sustancial de los puestos de trabajo destruidos. Obviamente, estamos a tiempo todavía de intentar unos cambios que en otros países –y no sólo en Alemania- han dado resultado. La negativa sindical a negociar y la ciega defensa que hace el Gobierno de las posiciones sindicales son, por lo tanto, una obstinada locura que no nos lleva a parte alguna.