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El retorno de CiU

Martes, 2 Marzo 2010

Jordi Pujol siempre se opuso a que CiU se implicase directamente en la gobernación del Estado aportando ministros al Ejecutivo. Éste fue un motivo de discordia con Miquel Roca, quien sí hubiera visto con buenos ojos la posibilidad de ser personalmente ministro para gestionar el apoyo que el nacionalismo moderado catalán otorgaba al Gobierno socialista de Felipe González. Tampoco el president quiso que CiU entrase en el primer gobierno de Aznar tras el pacto de Majestic, pese a la insistencia del líder conservador.

 

Ahora, casi en puertas de las elecciones autonómicas catalanas, la cuestión vuelve a plantearse. Si, como presagian las encuestas, CiU consigue de nuevo auparse a la Generalitat, quedará automáticamente abierta la posibilidad de que la fuerza capitaneada por Artur Mas –futuro president- y Duran i Lleida se implique en Madrid en la lucha contra la crisis.  

 

No cabe, pues, descartar que veamos pronto a Duran i Lleida como el redivivo Cambó de una nueva regeneración política. Ni es probable, desde luego, que CiU quede al margen del Gobierno que surja de las elecciones generales del 2012, en las que, según todos los indicios, nadie está en condiciones de obtener mayoría absoluta.

 

Guiones para una crisis

Mircoles, 11 Febrero 2009

No es la primera vez que ocurre, pero el rasgo más llamativo del debate económico del martes fue el hecho de que los guiones de todas las intervenciones estuvieran escritos de antemano. Pese a la gravedad excepcional de la situación, ya se conocía con anterioridad que ni el Gobierno ni el PP deseaban la convocatoria de un pacto de Estado contra la crisis. Las medidas del Gobierno eran asimismo públicas –y Zapatero las reiteró, con las únicas novedades de la promesa de incrementar la cobertura del desempleo y del ahorro de 1.500 millones euros del gasto no financiero del Estado-, al igual que se sabía la posición del PP, que limita sus recetas a las políticas de oferta –reducción de impuestos y gastos sociales- y a las reformas estructurales, un concepto muy estético que no significa nada si no se desciende al pormenor.

En suma, el Gobierno, que reconoció estar improvisando –como por otra parte hacen todos los gobiernos de los países desarrollados- al hilo de los acontecimientos imprevisibles, parece estar seguro de sus recetas, algunas de ellas muy controvertibles –como es el caso del plan de actuaciones municipales-, en tanto el Partido Popular de Rajoy ha optado por recluirse en su crítica acerba al Gobierno, actitud que permite a su debilitado líder lucirse en el discurso, frecuentemente demagógico y siempre retórico. Aunque la utilidad de esta postura es dudosa: todos los ciudadanos somos conscientes de lo fácil que resulta denostar a un Gobierno que tiene que conducir una coyuntura dramática como la actual y de lo inútil de tal actitud. Aunque para Rajoy la oportunidad era magnífica: consiguió así que por un momento no se evocaran los escándalos internos del PP y se dejara de cuestionar su liderazgo.

Ante este panorama desolador, en que la única actitud constructiva fue paradójicamente la adoptada por Duran i Lleida al frente del grupo de CiU –este político catalán, digno sucesor del histórico Miquel Roca en la portavocía de los nacionalistas del Principado, fue el primero en reclamar un pacto de Estado frente a la crisis-, los ciudadanos tenemos derecho a la irritación: es cierto que el Gobierno no ha tenido más remedio que improvisar las medidas urgentes que había que adoptar, sin tiempo para proyectarlas al medio y largo plazo; lo es asimismo que el PP no tiene hoy la responsabilidad del gobierno de la nación. Pero nada debería impedir que el proceso de resolución de la crisis contara con una base de sustentación muy amplia, fruto de la negociación y el acuerdo de los grandes partidos. En los Estados Unidos, el plan original de Obama ha sido sustancialmente modificado, seguramente para bien, después de la negociación de los demócratas con los republicanos. ¿No sería sensato reproducir aquí este proceso negociador, con el fin no sólo de mejorar técnicamente las medidas sino también de otorgarles prestigio, a la vez que se generase confianza en los agentes económicos?

Para este país es poco relevante la correlación de fuerzas al final de la crisis, que es lo que parecen dirimir ante todo los grandes partidos, ávidos de poder. Lo auténticamente importante es la evolución de la economía española, la contención del paro en lo posible, la supervivencia de los desempleados y la construcción de un nuevo modelo económico de crecimiento cuando remonte la crisis, que todavía no ha tocado fondo. Y el martes, todo esto parecía ser lo de menos para unos líderes que miraban mucho más al 1 de marzo que al futuro de esta atribulada sociedad.