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Entradas con etiqueta ‘ERC’

Errores y remedios

Martes, 23 Marzo 2010

Los pactos entre formaciones nacionalistas y no nacionalistas, aunque consustanciales con nuestro modelo democrático y con el sistema electoral proporcional, producen malformaciones que hieren la sensibilidad mayoritaria y con frecuencia han de ser corregidas cuando cesa aquella colaboración. Ello es especialmente así cuando la influencia nacionalista ha sido ejercida por una formación radical, como ERC en Cataluña o el BNG en Galicia.

 

Hoy día, dos de estas disfunciones están en vías de reparación: En lo tocante a Cataluña, el ministro de Educación, Gabilondo, ha dicho claramente que está en contra de que existan reglas rígidas de rotulación en Cataluña cuya vulneración acarree sanciones; el tripartito, de la mano de Maragall y a impulsos de ERC, ha ido en este asunto incluso más allá de lo que había dispuesto el partido de Pujol sobre el particular. Y dos, el presidente de Galicia, el popular Núñez Feijóo, ha corregido un deslizamiento lingüístico anterior, fruto del pacto entre el PSOE y el BNG, disponiendo que en lo sucesivo los alumnos puedan cursar la educación obligatoria en la lengua que decidan sus progenitores.

 

Ambos designios –la corrección de la rigidez catalana si prosperan la tesis del ministro; la liberalización de la educación gallega en camino hacia un bilingüismo pacífico y real- van en la dirección adecuada. La de la madurez, la del imperio de la moderación sobre el fundamentalismo etnicista.

PP y PSOE se necesitan

Lunes, 9 Marzo 2009

El proceso sin duda más reconfortante que afecta la política española en los últimos años es la progresiva contracción del nacionalismo periférico, especialmente de sus manifestaciones más radicales. La ciudadanía de este país, que ha demostrado gran sabiduría y una poderosa intuición en los treinta años de recorrido democrático, ha ido percatándose seguramente de que la dispersión de voto y su atribución a fuerzas excéntricas que ponen en duda los fundamentos del sistema comenzaba a debilitar el régimen constitucional, que goza del aprecio y satisface plenamente a la inmensa mayoría de los españoles.

Enric Juliana acaba de publicar en la prensa de Cataluña un análisis en el que constata que ésta es también la opinión de los más reputados sociólogos políticos, como José Juan Toharia o Juan Ignacio Wert. Y los datos son reveladores: en las pasadas elecciones generales de las que ayer precisamente se cumplía un año, todas las formaciones periféricas perdieron votos; la débacle fue particularmente estrepitosa para ERC, que redujo su clientela a menos de la mitad y pasó de 8 escaños a 3 en el Congreso, así como para el PNV, que vio cómo se esfumaban 120.000 votos de su cantera y perdió las elecciones en las tres provincias vascas, en las tres capitales y en la mayoría de las grandes localidades.

En las elecciones del 1 de marzo, las fuerzas del ‘tripartito’ vasco perdieron 62.000 votos y la mayoría absoluta de escaños, y ni siquiera podrían ya formar gobierno con Aralar, que recogió buena parte del voto ‘abertzale’. Gracias a ello, el PSOE podrá gobernar en Euskadi con el apoyo del PP.

Sin embargo, el adelgazamiento de los nacionalismos crea dificultades al partido político que Gobierna en el Estado con mayoría relativa (las mayorías absolutas son la excepción y no la regla en este país, a causa del sistema electoral proporcional). El pacto vasco PP-PSOE genera en este sentido inestabilidad en el Parlamento español, ya que el PSOE perderá la posibilidad de apoyarse en el PNV. Así las cosas, el grupo socialista no tendrá más remedio que recurrir a las minorías irrelevantes de la Cámara para sacar adelante sus iniciativas. Pero si cundiese cierta magnanimidad en los grandes partidos, este obstáculo podría salvarse fácilmente. De hecho, resultaría difícil de entender que el PP no facilitase la estabilidad cuando de lo que se trata en esta coyuntura excepcional es de combatir la crisis económica, objetivo primordial y casi único de esta legislatura. Algunos portavoces socialistas ya han requerido a Rajoy para que preste apoyo al Gobierno en este designio.

Si el PP y el PSOE, que son capaces de favorecer el cambio en Euskadi, no acertaran a entenderse en la lucha contra la crisis, mandarían a la opinión pública un mensaje equivocado: el de que las minorías nacionalistas no sólo no entorpecen el proceso político sino que son necesarias para garantizar la gobernabilidad. En cambio, si los dos grandes partidos demuestran que pueden cumplir sus respectivos roles sin desestabilizar ni paralizar el devenir político, es muy probable que consigan incrementar sus clientelas periféricas, en perjuicio de las anticuadas opciones particularistas que persiguen intereses locales por el procedimiento de introducir cuñas en los engranajes del Estado.

El giro al centro del PP facilita grandemente las cosas porque restablece una plausible simetría parlamentaria que hace posibles la cooperación y el diálogo. No habría que demorar, pues, la extrapolación del pacto PP-PSOE en Euskadi a un gran acuerdo de Estado en Madrid. El drama social de la crisis exige este esfuerzo.

La estabilidad de la legislatura

Sbado, 7 Marzo 2009

La formación de un gobierno socialista en el País Vasco con el apoyo político del Partido Popular, que relegará al Partido Nacionalista Vasco a la oposición, creará un problema evidente de estabilidad al Gobierno, constituido por una formación política, el PSOE, que también mantiene a CiU en la oposición en Cataluña. En ambos casos, las fuerzas nacionalistas hegemónicas están resentidas con el Partido Socialista, que les ha impedido gobernar a pesar de que en las respectivas elecciones autonómicas fueron las que obtuvieron más votos y más escaños.

El PSOE consiguió en las últimas elecciones generales 169 escaños, de forma que está a siete diputados de la mayoría absoluta. Hasta ahora, el grupo socialista se ha apoyado con frecuencia en el PNV (seis diputados) para sacar adelante sus iniciativas legislativas –la ley de Presupuestos de este año, por ejemplo-, ya que CiU (once diputados) se ha negado a cualquier colaboración. Si el Gobierno pierde también el apoyo del PNV, quedaría teóricamente en manos de ERC (tres escaños), IU (dos), BNG (dos), CC (dos), UPyD (uno) y Nafarroa Bai (uno).

Parece innecesario decir que la coyuntura de este país es sumamente grave a causa de la crisis económica, por lo que no resultaría nada tranquilizador que el Gobierno estuviera a merced de tan heterogéneas e insignificantes minorías. Así las cosas, tiene todo el sentido que el Gobierno reclame y que el PP conceda una estrecha colaboración entre las dos grandes fuerzas políticas en aquellos asuntos de Estado que hay que abordar con premura y énfasis en esta legislatura.

Tras las elecciones del 1-M, el liderazgo de Rajoy ha salido indudablemente fortalecido, a pesar de los episodios de corrupción y espionaje que quedarán superados si Génova aplica con firmeza la cirugía necesaria. Así las cosas, es evidente que el líder de la oposición tiene al alcance de la mano adquirir envergadura de estadista si sabe entender que su papel ahora no sólo consiste en la contradicción y el control del Gobierno sino en cerrar un gran pacto anticrisis y otros monográficos sobre la Justicia, sobre política exterior y sobre los asuntos de Estado que lo requieran.

Ramón Jáuregui le explicaba a este columnista recientemente que ésta es precisamente la intención de la mayoría: conseguir la estabilidad parlamentaria no sólo mediante ocasionales pactos con las minorías sino a través de un acuerdo de mayor calado con el principal partido de la oposición, que adquiere todo el sentido en las circunstancias excepcionales en que nos encontramos. Ha de tenerse en cuenta que el arma principal en la lucha contra la crisis, la confianza, no provendrá tanto de las medidas que sucesivamente se vayan aplicando cuanto de la aparatosidad y consistencia de la respuesta que reciba la recesión de parte de las instituciones del Estado.

Conviene, en fin, que Rajoy se libere cuanto antes de los tumores que debe extirpar en su partido y que se apreste a cumplir esta misión trascendental que le corresponde y que le permitirá sin duda asentarse definitivamente al frente del hemisferio conservador de este país.

Nacionalismos y Constitución

Lunes, 8 Diciembre 2008

El leitmotiv del trigésimo aniversario de la Constitución de 1978, que acaba de celebrarse con la solemnidad de los números redondos, ha sido la conveniencia o no de reformar una Carta Magna que, aunque admirable y utilísima, acusa el paso de los años en algunos aspectos de menor cuantía.  Al propio tiempo, y como ya comienza a ser habitual, los nacionalismos periféricos, con la sola excepción de Convergència i Unió, no sólo han estado ausentes de las conmemoraciones oficiales sino que, en algunos casos significativos, han aprovechado la coyuntura para desmarcarse explícitamente de la Constitución. El caso de las intolerables expresiones de Joan Tardá, de Esquerra Republicana de Catalunya, es la constatación extrema de lo que quiere decirse.

Así las cosas, la reforma de la Constitución y el acomodo de los nacionalismos a este marco jurídico que los ciudadanos nos hemos dado son asuntos que cada vez están más interconectados. Porque la opinión pública ha comenzado a preguntarse si tiene sentido que se conceda a ciertas minorías radicales, que no tienen interés alguno en la buena salud del Estado, la capacidad de influencia que la Constitución y el generoso sistema electoral que de ella emana les conceden. En la legislatura anterior, 2004-2008, las minorías llegaron a condicionar significativamente las políticas de un Gobierno que había quedado a 12 escaños de la mayoría absoluta; y fue tan negativo aquel influjo que la propia soberanía popular ha rectificado: en las elecciones generales del pasado marzo, tanto el PSOE, que las ganó, como el PP, que ha seguido siendo la principal oposición, han subido su representación en cinco escaños, lo que ha reducido sensiblemente el peso específico de las minorías. ERC, en concreto, ha descendido súbitamente de 8 a 3 escaños en el Congreso.

Dicho en otros términos, la reforma constitucional que se ha manejado hasta ahora, a la espera de que un improbable clima de entendimiento PP-PSOE la haga viable, se limitaba a proponer una actualización de la norma fundamental –la consolidación del Estado autonómico y la reforma del Senado, la mención a la Unión Europea, la reforma de la sucesión a la Corona, etc.-, pero cada vez más se advierte que la reforma que podría resultar a medio plazo indispensable es la que, como hace la ley de d´Hondt en el conjunto del Estado, limite la representación de las minorías en el Parlamento español. No tiene sentido que Izquierda Unida, con más de 900.000 votos, obtenga dos escaños y que CiU, con menos de 800.000, obtenga 10.

Es claro que no todos los nacionalismos son iguales, y que resultaría altamente injusto no destacar el sentido del Estado que ha manifestado casi siempre Convergència i Unió, y que nada tiene que ver con la actitud de otros independentismos radicales. Pero, hecha esta salvedad, resulta evidente que no es sostenible esta conducta de que hacen gala las minorías y que consiste en poner precio material a sus apoyos parlamentarios. Una democracia no es una subasta, y no repugna excluir de la ceremonia política a quienes así lo piensan y obran en consecuencia.

Todos iguales

Jueves, 30 Octubre 2008

La afición a los automóviles de alta gama, dotados de los más lujosos accesorios, es, a lo que se ve, un vicio general de nuestra clase política. Primero salió a la luz el dispendio del presidente del Parlamento de Cataluña, Benach, de Esquerra Republicana de Catalunya. Más tarde, el presidente socialista Touriño consentía en Galicia un dislate semejante, también a costa de los contribuyentes…

Pero no se ha detenido aquí la marea: ayer se conocía que las Cortes Valencianas, en que el Partido Popular disfruta de mayoría absoluta, han aprobado unos presupuestos de la Cámara para el próximo ejercicio en los que se incluyen dos Audi A-8 para los desplazamientos de su presidenta, la popular Milagrosa Martínez. La operación tendrá un coste para las arcas públicas de 278.000 euros -más de 46 millones de las antiguas pesetas.

Quienes hemos hecho siempre un esfuerzo por negar en los medios que todos los políticos sean iguales porque creíamos que esa afirmación era radicalmente injusta, ya no tenemos más remedio que aceptar que en todos los partidos existe la misma falta de sentido ético, de sentido de la ejemplaridad, de desprendimiento y hasta de valores. La moralidad pública está bajo mínimos, y estos tiempos de crisis, en que la austeridad personal es una obligación ejemplarizante, determinados gestos de insensibilidad son aún más rechazables.

Lo escribió Montesquieu con mano firme: “No son sólo los crímenes los que destruyen la virtud, sino también las negligencias, las faltas, una cierta tibieza en el amor de la patria, los ejemplos peligrosos, las simientes de corrupción; aquello que no vulnera las leyes pero las elude; lo que no las destruye pero las debilita”.

 

ERC y la moqueta

Jueves, 23 Octubre 2008

Solía decir Maragall poco después de la formación del ‘tripartito’ que sus indómitos socios republicanos de Esquerra, entonces acaudillados por el demagogo Carod Rovira, se tranquilizarían y aburguesarían hasta la docilidad en cuanto “tocaran moqueta”. En efecto, el ambiente cálido y acogedor de los despachos oficiales y el suave runrún de los automóviles de alta gama con chófer puestos a su disposición amansa a las fieras.

Ayer publicaba la prensa que el Parlamento de Cataluña ha renovado precisamente ahora, cuando la crisis está al rojo vivo, su flota de vehículos. Y al presidente de la institución, el republicano Ernest Benach, le ha tocado en suerte un “Audi A-8 Limusina” adaptado, más largo que el normal, de 450 CV y dotado de escritorio de madera a medida, reposapiés, televisión, etc, valorado en 110.000 euros.

El proceso de reconversión de aquellos agitadores asamblearios en burgueses amantes del lujo es tan escandaloso como decepcionante. Porque ha ocurrido lo habitual: no sólo los jóvenes utópicos han puesto pie a tierra sino que el poder les ha hecho perder la razón y la perspectiva. Han de tener cuidado porque el siguiente paso de esta mudanza conduce con frecuencia a los escabrosos parajes de la corrupción.