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La nueva Ertzaintza

Viernes, 26 Junio 2009

Los líderes del PNV –Urkullu, Ibarretxe y Balza, éste antiguo consejero del Interior- están irritados con López y su equipo de gobierno porque –dicen- de las manifestaciones del Ejecutivo socialista parece desprenderse que la actual Ertzaintza es distinta de la anterior, de la que estaba a las órdenes de los nacionalistas. 

El nuevo consejero Rodolfo Ares, sucesor de Javier Baltza, ha quitado hierro a la polémica por respeto a la propia Ertzaintza y para no introducir cuñas en unas relaciones políticas ya tensas desde que Ibarretxe fue descabalgado del poder. Sin embargo, los nacionalistas aciertan, contra su voluntad, en lo que dicen. Y una gran parte de la ciudadanía de este país está muy satisfecha, emocionadamente satisfecha, de que la policía autónoma vasca sea al fin un cuerpo de seguridad del Estado, dispuesto a luchar codo con codo con la Guardia Civil y la Policía Nacional contra los asesinos de ETA.

A esto algunos le llamamos nada eufemísticamente “normalización” de Euskadi. Por vez primera, se visualiza a toda una sociedad movilizada contra el terrorismo que trata de corroerla. Incluso a una policía que hasta hace poco era instada a mirar hacia otro lado con demasiada frecuencia.

El PNV a la oposición

Mircoles, 11 Marzo 2009

En las últimas horas se ha conocido que Jesús Eguiguren, presidente del PSE-PSOE, estaría trabajando en pro de un gobierno transversal PSE-PNV con Patxi López como lehendakari. Esta fórmula facilitaría las cosas a Zapatero, ya que le proporcionaría el apoyo parlamentario del PNV en el Congreso (los seis diputados vascos, que, sumados a los 169 del PSOE, darían plena estabilidad al Gobierno). Sin embargo, es muy dudoso que tal coalición respondiera a la voluntad de cambio que López dice haber percibido en la sociedad vasca, que, por primera vez ha alumbrado una mayoría no nacionalista en la Cámara de Vitoria. 

En efecto, lo que está en juego en Euskadi no es sólo un equilibrio político sino una reorganización del poder y un saneamiento de las dinámicas sociales. En treinta años, el PNV ha construido una trama de intereses y clientelas que desfigura la neutralidad institucional y genera reductos de votos cautivos que distorsionan la propia democracia. Tanto tiempo en el poder ha hecho posible el surgimiento de inercias viciadas y de hábitos objetivamente corruptos que es preciso desterrar. 

Todo ello se hace especialmente evidente en dos ámbitos significativos: la policía y la televisión vascas. En la Ertzaintza, un cuerpo policial formado por cerca de 8.000 agentes, todos los cargos relevantes –más de quinientos- son de confianza y, por lo tanto, de libre designación. Es claro que un cambio de mayoría política, capaz de generar una colaboración más estrecha entre la policía vasca y las policías estatales –sobre todo en materia de lucha antiterrorista-, representaría significativos relevos, e incluso podría dar lugar a un sistema de nombramientos y ascensos mediante criterios objetivos, como parece deseable.

La Radio Televisión Pública Vasca –la ETB- es en la actualidad un organismo estrechamente vinculado al PNV (en descargo de los nacionalistas vascos, hay que reconocer que esta parcialidad, que llega con frecuencia al sectarismo, es general y ocurre en prácticamente todas las televisiones autonómicas del Estado).  Quien ocupó la dirección general de este organismo hasta 2008, Andoni Ortúzar, abandonó el cargo para presidir el PNV en Vizcaya y convertirse en número dos del actual presidente del EBB, Urkullu. La ETB ha sido el gran aparato de propaganda de los planes soberanistas de Ibarretxe, sin contradicción posible en sus cadenas de radio y televisión. Los cambios resultarán también en este caso oxigenantes.

En esta hipótesis de pérdida del poder autonómico, el PNV conservará de momento las diputaciones (que gobierna pese a ser segunda o tercera fuerza provincial gracias a los desacuerdos de los demás partidos), que gestionan las poderosas Haciendas Forales. Pero sin mayoría suficiente para controlar las cajas (la alavesa, la Vital, ya tiene como presidente al socialista Gregorio Rojo, y en las otras dos,  la mayoría es tan ajustada que no fue posible aprobar la fusión entre la BBK y la Kutxa). Previsiblemente, además, el cambio de equipo en Ajuria Enea supondría el relevo al frente de las diversas empresas públicas vascas, verdaderos feudos nacionalistas.

El ‘cambio’ en Euskadi, si llega a producirse, habría de llevarse a cabo con sana intención pedagógica: no debería representar la vuelta de la tortilla sino la normalización democrática, que ha de procurar avances en la neutralidad administrativa, de forma que la alternancia sea cada vez menos una sacudida social. La madurez democrática se demuestra precisamente en que los cambios de mayoría no provocan grandes terremotos. Entre otras razones, porque el poder no se entiende como ocupación sino como servicio. Hemos de avanzar en esta dirección, también en el opaco terreno autonómico.