Blogs

Entradas con etiqueta ‘Estado de las Autonomías’

El desorden autonómico

Jueves, 21 Mayo 2009

El debate sobre el estado de la Nación ha permitido este año observar uno de los déficit más disfuncionales del sistema democrático español. Ciertas medidas anunciadas por el presidente del Gobierno eran, en realidad, mixtas, es decir, comprometían a la vez recursos gestionados por el gobierno central y recursos autonómicos (es el caso, por ejemplo, de las ayudas al automóvil); y, sin embargo, como se ha visto, no existen mecanismos de coordinación y codecisión que sustenten estas actuaciones complejas. Nuestro Estado de las Autonomías está, en fin, “inacabado”, como explica hoy con acierto el constitucionalista Francesc de Carreras en la prensa catalana.

La denuncia de este ilustre crítico puede resumirse así: cuando Zapatero llegó al gobierno en 2004, lo hizo con un programa electoral muy razonable en lo tocante a la cuestión territorial: el designio principal era una reforma constitucional que hiciera del Senado una verdadera cámara ‘federal’; y el entonces ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, creó la Conferencia de Presidentes Autonómicos y perfeccionó la participación de las comunidades autónomas en Europa. Sin embargo, en lugar de avanzar en aquella dirección coordinadora e integradora, que era la que se imponía tras la finalización de la descentralización política del Estado, la nueva mayoría socialista hubo de embarcarse, por razones meramente coyunturales impuestas por Maragall, en un innecesario, oneroso e inútil proceso de reformas estatutarias que, en realidad, ha aportado bien poco al modelo preexistente. Porque, como es obvio, la redefinición de la financiación autonómica que está a punto de consumarse, y que en teoría es la gran conclusión de la reforma, poco o nada tiene que ver con la farragosidad voluntarista de los nuevos Estatutos.

La necesidad de concluir el Estado de las Autonomías mediante la generación de una estructura que dé coherencia interna al conjunto, delimite ciertos procedimientos cooperativos y facilite la integración de los esfuerzos y de las voluntades es bien patente, y es para muchos inexplicable que el Partido Popular, la gran oposición conservadora, no estimule al Gobierno a generar con su ayuda tales avances. El PP critica a Zapatero por prometer ayudas autonómicas sin haber negociado antes con las autonomías, pero se muestra incapaz de apoyar los sistemas de coordinación que hubieran posibilitado una propuesta armónica. Y es impensable que la mayoría socialista pueda apoyarse en las otras minorías porque los nacionalismos periféricos son alérgicos al concepto de ‘armonización’, que es el que habría que exprimir en semejante reforma.

Con independencia del acierto o desacierto de los grandes partidos en el desempeño de sus respectivas funciones, es muy negativo para la buena marcha del país su incapacidad para acordar cuestiones de alcance constituyente que no tienen significado partidista y que sin embargo racionalizarían nuestro modelo territorial y facilitarían grandemente la buena marcha del Estado. Asuntos como la reforma del Senado y algunos otros aspectos de la Constitución necesitados de reforma forman parte del núcleo de consenso que comparten PP y PSOE. Es, pues, absurdo y hasta ridículo que las dos formaciones sigan dándose la espalda en estas cuestiones, de las que depende la estabilidad institucional, para que nadie piense que alguien flaquea en la sagrada tarea de negar el pan y la sal al adversario.

El papel de Chaves en el nuevo gobierno

Jueves, 9 Abril 2009

Ayer,  día en que Chaves tomaba posesión de su tercera vicepresidencia, el análisis político más punzante aparecido en la prensa catalana aseguraba que la principal misión del hasta ahora presidente de Andalucía será conseguir elecciones anticipadas en Cataluña.

Esta sospecha, que muy probablemente tenga un trasfondo real por la necesidad que tiene Zapatero de congraciarse con el nacionalismo moderado catalán, indica el recelo con que ha sido recibido en la periferia el nuevo rango otorgado por Rodríguez Zapatero a la política territorial, que ha quedado a cargo de quien ha sido durante dos décadas el contrapeso autonómico jacobino de las tensiones centrífugas impulsadas por los nacionalistas de la periferia. Hasta el extremo de que Moncloa no dio el visto bueno al proyecto del Estatuto de Cataluña hasta que la comunidad andaluza le dio el visto bueno e incorporó buena parte de los logros catalanes a su propia carta autonómica.

Sectores relevantes de la opinión pública están preocupados ante la deriva de las fuerzas nacionalistas en el Parlamento español, donde fueron durante mucho tiempo un exigente pero sólido elemento de estabilidad. Hoy, cuando CiU está en la oposición en Cataluña y el PNV está a punto de serlo en Euskadi, ambas minorías, airadas, están colocando al partido gobernante contra las cuerdas, a pesar de que el PSOE está a sólo siete escaños de la mayoría absoluta. Es bien cierto que CiU puede tener razón al irritarse por el pacto PSC-ERC, una alianza contra natura para una fuerza nacional y federalista, y que el PNV no puede estar satisfecho con el pacto PP-PSOE, que sólo se explica por la radicalización del propio nacionalismo democrático vasco, pero no lo es menos que resulta inaceptable que el nacionalismo periférico juegue sistemáticamente a la desestabilización del Estado.

En este sentido, es claro que Zapatero, hoy en condiciones muy distintas que en 2004, preferiría ahora poder contar con el apoyo de CiU. Pero, al margen de este asunto, es claro que Chaves llega al cargo con el cometido de armonizar definitivamente el Estado de las Autonomías, lo que requiere conseguir un buen pacto de financiación y, en su caso, gestionar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, que podría no ser tan complaciente como se pensó en un cierto momento. Asimismo, es preciso lograr una sintonía de las comunidades autónomas con el esfuerzo estatal contra la crisis económica, que exige la cooperación de todos. Y si se actúa en estos terrenos con cierto sentido del Estado, el PP deberá ser convocado también a la mayoría de los acuerdos.

Es probable que, en este asunto, el órgano sea previo a la función, es decir, que la tarea que se encomienda a Chaves sea ulterior a la decisión de hacerle vicepresidente. Pero consumado el nombramiento, no cabe duda de que su papel puede ser eficaz. Primero, porque la coyuntura excepcional que nos aqueja exige un acto unánime de razón y de voluntad contra la crisis. Y segundo, porque nuevo Estado de las Autonomías requiere a estas alturas importantes dosis de racionalidad que cierren el proceso emprendido y restauren todos los valores constitucionales. 

Despilfarro autonómico

Martes, 3 Febrero 2009

Algunos análisis externos e internos sobre la crisis económica en nuestro país  inciden en el despilfarro burocrático de nuestro Estado de las Autonomías, en el que se han duplicado y hasta triplicado los aparatos gestores de un mismo servicio y se ha producido una sobreabundancia inaceptable de funcionarios, que ha sobrepasado hace poco la frontera de los tres millones. El número de cargos políticos en los tres niveles de la Administración es asimismo asombroso.

En algunos casos, las noticias que dan testimonio de este abuso son demagógicas y en otros no. Pero muchas veces la denuncia tiene fundamento. Así, ayer toda la prensa se hacía eco de que el viaje de dos días de Carod-Rovira –un vicepresidente regional, sin competencias en política exterior- al Próximo Oriente el pasado noviembre, acompañado de un séquito de dos altos cargos y siete asistentes, ha costado 40.000 euros. El estupor ante el viaje mismo -¿qué tendría que contar Carod a las autoridades de la zona?- y ante la imagen de España y de Cataluña que habrá proyectado en lugar tan remoto nuestro ínclito independentista cede ante la indignación que produce este oneroso despliegue, que no ha aportado ni una brizna de bienestar a los ciudadanos.

El disparate es de los que resultan inhabilitantes; un personaje que dilapida así los fondos públicos no merece representar a los ciudadanos. Y el mensaje que se lanza con este abuso es demoledor: ¿cómo se nos puede pedir a los contribuyentes que, en esta hora difícil, intensifiquemos nuestra conciencia fiscal