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Encuestas de infarto

Lunes, 23 Febrero 2009

Como es habitual, ayer domingo, último antes de las elecciones gallegas y vascas, se publicaron en los medios las últimas encuestas relativas a dichas consultas. La pasada semana, ya aparecieron dos encuestas significativas: la del Gobierno vasco, según la cual el tripartito encabezado por Ibarretxe se quedaría a cuatro escaños de la mayoría absoluta (es difícil no creer que este sondeo se ha maquillado para impulsar la participación electoral de los simpatizantes del nacionalismo) y el barómetro de Antena 3, que presagia que el PP no conseguirá en Galicia la mayoría absoluta (obtendría entre 35 y 37 escaños) y que en Euskadi el PSE, que subiría cinco puntos, sería el árbitro de la situación frente a un PNV que bajaría el 5% y que no conseguiría escaños suficientes para reeditar el tripartito.

Las encuestas publicadas el domingo –en “ABC”, “El País”, “”La Vanguardia”, “El Mundo”…- pronostican sin embargo unos resultados bastante más ajustados. Julián Santamaría, catedrático de Ciencia Política, uno de los expertos en sociología aplicada más prestigiosos y presidente del Instituto Noxa que ha confeccionado los sondeos para “La Vanguardia”, ha resumido así la situación en las dos comunidades en juego: “La campaña electoral será clave ya que hay muchos indecisos y el resultado se juega en uno o dos escaños”. 

Característica fundamental de las encuestas publicadas es la escasa incidencia en los resultados de la coyuntura política –los escándalos de corrupción, espionaje y cinegéticos que tanto nos entretienen en Madrid-, y la gran preocupación ciudadana por la situación económica y el paro. Según los expertos, la recesión en que nos encontramos podría acentuar la abstención.

Así las cosas, las elecciones, que parecían resueltas a favor de la continuidad en Galicia y de un trascendental cambio en Euskadi, han adquirido un súbito interés entre la clase política (no entre la ciudadanía), que ha sido presa de un extraño miedo escénico. Rajoy toca con la punta de los dedos un buen resultado en Galicia, lo que le lleva a intensificar su campaña personal, en tanto el PSOE comienza a horrorizarse por lo que puede ser un buen resultado propio en Euskadi. Realmente, si el ‘tripartito’ no consigue la mayoría absoluta (38 escaños), todas las opciones de Patxi López son peligrosas para el Gobierno central. En efecto, si el líder del PSE se convierte en lehendakari gracias a los votos del PP, y el PNV pasa a la oposición, la soledad del PSOE en el Congreso, donde se encuentra a siete escaños de la mayoría absoluta, resultará preocupante. La posibilidad de un pacto PSE-PNV es remota: no son tiempos de gobiernos transversales ni parece viable pactarlos: ni López aceptaría ser segundo de Ibarretxe ni al contrario. Aunque siempre cabría que López apoyara a un lehendakari nacionalista distinto de Ibarretxe (¿Izaskun Bilbao, actual presidenta del Parlamento vasco?).

 

A Rajoy, siempre bajo la lupa de su sector crítico, puede bastarle un resultado honroso en Galicia –como mínimo, repetir el de hace cuatro años- para salvar el escollo y mantenerse en el sillón de Génova sin oposición.  Pero en este caso y si consigue salir del atolladero de los escándalos, aún le quedará por delante la gran prueba de las europeas, en junio. Si Mayor Oreja no consiguiera esta vez ganar al Partido Socialista en unas elecciones en que es proverbial el voto de castigo al Gobierno de turno en todos los países comunitarios, Rajoy ya no podría probablemente oponerse a la evidencia de que no es un caballo ganador.

 

Elecciones vascas y gobernabilidad

Mircoles, 14 Enero 2009

Las elecciones autonómicas vascas del 1 de marzo pueden representar la salida del nacionalismo del poder en la comunidad, tras casi tres décadas de ocuparlo. Pero también pueden suponer la entrada de nuestro país en una etapa de inestabilidad dada la dificultad que encontrará el Gobierno socialista para encontrar apoyos parlamentarios.

El panorama es el siguiente: todos los pronósticos auguran que, aunque el PNV ganará las elecciones regionales, la correlación de fuerzas resultante de la consulta no permitirá la reedición del ‘tripartito’ (PNV-EA-IU). Y sí, en cambio, la formación de un gobierno socialista en minoría apoyado desde fuera por el Partido Popular.  En 2005, la coalición PNV-EA consiguió 29 escaños y 18 el PSOE, con 190.000 votos de diferencia; se piensa que la distancia se reducirá considerablemente, pero no tanto como para que el PSOE sobrepase al PNV, que ahora se presenta sólo.

Si se confirma esta situación, el PNV de Urkullu intentará por todos los medios convencer al PSOE para formar un gobierno transversal, como los que se sucedieron en el País Vasco antes de que Ibarretxe optara por la fórmula actual cuando ya las relaciones PNV-PSE se habían deteriorado gravemente, a causa sobre todo de la radicalización del nacionalismo que impulsó Arzallus y que desembocó en el Pacto de Estella. Para ello, Urkullu estaría incluso dispuesto a jubilar definitivamente a Ibarretxe y a colocar en su lugar a una figura moderada del estilo de Ardanza (se habla insistentemente de que quien mejor podría responder a este perfil sería Izaskun Bilbao, actual presidenta de la Cámara Vasca). Rodríguez Zapatero vería con buenos ojos esta solución, que no sería sin embargo aceptada por Patxi López y su núcleo de poder en el PSE-PSOE. En definitiva, si no suceden sorpresas, López será, al menos por un tiempo, lehendakari. Una saludable experiencia para la democracia vasca, que no ha experimentado nunca la alternancia.

Los problemas los tendrá en esta hipótesis el gobierno central, que ya no podrá contar con el apoyo parlamentario del PNV. Como es sabido, el grupo socialista está a sólo siete escaños de la mayoría absoluta, pero tras haber pasado CiU en Cataluña a la oposición, los seis votos del PNV le resultan vitales, como se ha comprobado en la reciente tramitación delos Presupuestos Generales del Estado. 

La posición de la mayoría socialista se volverá entonces delicada en Madrid. No peligrará la estabilidad del Gobierno ya que resultaría impensable que prosperase una hipotética moción de censura, que en nuestro régimen constitucional ha de ser constructiva –es decir, ha de incluir la propuesta de un candidato alternativo-, pero la tramitación de los proyectos legislativos puede volverse un calvario para el Gobierno.

Esta evidencia lleva a algunos buenos conocedores de la realidad vasca a pronosticar que el reinado de Patxi López sería en este caso efímero. La capacidad de adaptación del PNV, que no dudaría en adquirir un perfil moderado para asegurarse la vuelta al poder, auspiciaría pronto el paso a la fórmula transversal, que no en vano es con diferencia la más apreciada por la ciudadanía vasca, según acreditan todas las encuestas.