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Entradas con etiqueta ‘José Luis Rodríguez Zapatero’

Semana catalana

Lunes, 20 Abril 2009

Esta semana es clave en la relación entre la Generalitat y el Gobierno central, considerablemente distanciados por el creciente retraso en la financiación autonómica y –no es ningún secreto- por la escasa sintonía existente entre Zapatero y Montilla. De hecho, el presidente del Gobierno no ha regresado a Cataluña desde que en julio el presidente catalán le espetó aquella singular bienvenida: “Te queremos, José Luis, pero queremos más a Cataluña”.

En efecto, mañana se entrevistan en Barcelona Montilla y Chaves, en el primer viaje de éste a la periferia después de haber sido investido con la tercera vicepresidencia. Y a lo largo de la semana viajará también a Cataluña el flamante ministro de Fomento José Blanco, a quien sin embargo no se le ha aceptado que gire su visita de trabajo el jueves, como pretendía, ya que es el día de Sant Jordi, festivo en el Principado. Mariano Rajoy, por cierto, sí estará en esta fecha en la recepción que la Generalitat ofrece en el Palacio de Pedralbes.

Los intereses respectivos de ambos gobiernos convergen en este momento, en que se han allanado  las dificultades que imposibilitaban el acuerdo. En efecto, tras las elecciones vascas que han forzado al PNV a pasar a la oposición y la consiguiente irritación de los nacionalistas por esta causa, la satisfacción de Cataluña se ha convertido en cuestión vital para Zapatero ya que en el Congreso de los Diputados necesita imperativamente el apoyo de ERC y de IU, así como la condescendencia (al menos) de CiU. Asimismo, la marcha del riguroso Solbes, guardián estricto de las arcas del Estado y de la ortodoxia presupuestaria, y la llegada de Elena Salgado en su lugar facilitarán la mayor generosidad de Madrid hacia las autonomías. 

El nombramiento de Chaves y sobre todo la elevación del rango de la política territorial no han sido del agrado de los catalanistas; el actual presidente  del PSOE es considerado un jacobino (pese a que el nuevo Estatuto de Andalucía se parece mucho al catalán) y su llegada a la tercera vicepresidencia se ha interpretado como un intento de homogeneización de la “España plural”. Sin embargo, los recelos cederán si se concierta un buen modelo de financiación. Como es sabido, las exigencias catalanas obligarían a una financiación adicional total del sistema de entre 8.000 y 11.000 millones de euros, según las fuentes. Veremos si el Gobierno llega o no a estas cuantías. La llegada de Blanco en lugar de Álvarez sí ha complacido a los partidos catalanes, que ya tienen a punto su abultada lista de demandas: aeropuertos, puertos, cercanías… La lista ocupaba ayer una columna entera de “La Vanguardia”.

Por añadidura, llegan desde el Tribunal Constitucional noticias más esperanzadoras que las que anunciaban hace semanas que pintaban bastos para el Estatut. Con toda probabilidad, en un mes o dos llegará una sentencia interpretativa que salvará la constitucionalidad del texto aunque forzará una lectura restrictiva del mismo. Si se confirma este pronóstico que otorgará estabilidad institucional al régimen catalán y se consigue en mayo un acuerdo general de financiación en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, Cataluña podría entrar en una senda de normalidad que abandonó desde que Maragall lanzó al Principado en 2003 a la ardua y quizá innecesaria prueba de la reforma estatutaria, lo que dio lugar a un proceso descabellado que ha costado mucho embridar y racionalizar. 

El nuevo ritmo gubernamental

Lunes, 13 Abril 2009

Las encuestas de intención de voto publicadas ayer domingo acreditan que, como ya debía saber Moncloa, el PP va considerablemente por delante del PSOE en esta precampaña de las elecciones europeas de junio. Es muy probable que, siguiendo con una tendencia ya habitual, la mayoría de los partidos de gobierno de la Unión Europea se vean fustigados en esta consulta por sus ciudadanos a causa de la crisis. Y esta evidencia explicaría que, contra lo que parecía lógico, Zapatero haya adelantado el cambio de Gobierno, en vez de aplazarlo hasta después del 7-J.

Sea como sea, lo cierto es que, tras el desplazamiento del agotado Solbes, el nuevo equipo gubernamental está dando pasos para retomar la iniciativa, una plausible actitud que debe perseguir un triple objetivo: imprimir a la ejecutoria gubernamental una visibilidad que se echaba en falta para ponerse psicológicamente al frente de la tarea de reactivación; emprender las decisiones y las reformas que auxilien a los damnificados por la crisis y ayuden eficazmente al objetivo común de combatir la recesión, e involucrar a todos –territorios, partidos, agentes sociales- en esta lucha contra la adversidad y el pesimismo.

Puede parecer populista que esta pasada Semana Santa los miembros del Gobierno más directamente concernidos por la situación económica hayan permanecido en sus despachos, pero en realidad no hubiera sido admisible lo contrario. Estamos probablemente cerca del fondo del pozo de la recesión, camino de los cuatro millones largos de parados, y con un millón de desempleados que ya no cobran el seguro de desempleo. Es exigible que, aunque el Ejecutivo no tenga el remedio absoluto en sus manos, se mantenga al pie del cañón, haciendo lo humanamente posible para combatir el problema y mitigar el drama humano. La coordinación entre los vicepresidentes, que hoy se reúnen con Zapatero; el impulso con que ha arrancado José Blanco, responsable de la inversión pública en infraestructuras que debe cebar la bomba de la inversión privada; el anuncio del inmediato arranque del diálogo social con que Salgado habrá de obtener la futura del ley de medidas contra el paro, son actuaciones cabales que van en la dirección correcta.

También es relevante el ímpetu de Chaves al anunciar su ronda de contactos para conseguir cuanto antes un pacto de financiación autonómica que pueda ser aprobado por todos en el Consejo de Política Fiscal y Financiera antes de que concluya el próximo mes. Ese acuerdo, unido a la coordinación de las comunidades y ayuntamientos en la lucha contra la crisis, proporcionará además estabilidad parlamentaria al Gobierno, poniendo fin a una situación de relativa debilidad que interfiere en el avance hacia el objetivo común, la reducción de la crisis.

En este cambio de ritmo, que parece inobjetable en sus principales rasgos, hay sin embargo un riesgo que el Gobierno debe ponderar y la oposición advertir: la marcha de Solbes, el profesional adusto que regateaba hasta el último euro a sus compañeros de gabinete, y su sustitución por Salgado, más flexible y sin duda más sumisa ante Zapatero, podría conducir a un inadmisible descontrol en las cuentas públicas. Ya se habla –y con fundamento- de la necesidad de prorrogar el período de cobertura del seguro de desempleo; y quizá, para contentar a todos, haya que aplicar más recursos a la financiación autonómica de los que preveía Solbes. Habrá que cuidar, en fin, el déficit para que en la terapia anticrisis no sea peor el remedio que la enfermedad. 

El G-20 en Londres

Viernes, 20 Febrero 2009

Cuando el pasado 15 de noviembre, con Bush todavía en la presidencia norteamericana, se reunió en Washington el G-20, más España y algún otro país, la situación de la economía global era crítica pero todavía no se había extendido el grave pesimismo que hoy embarga a la comunidad internacional. Desde aquella fecha, la recesión se ha generalizado en todo el mundo desarrollado y en las principales economías emergentes, y el horizonte de la recuperación continúa alejándose en el tiempo. De ahí lo sorprendente de que no se haya anticipado la siguiente reunión que, como se previó entonces, tendrá lugar el próximo 2 de abril en Londres. Es innecesario decir que esta cita tiene una gran importancia, toda vez que hay pleno consenso sobre la evidencia de que frente a una crisis global sólo resultarán efectivas soluciones también globales.

En la convocatoria de la cumbre de Londres efectuada por su anfitrión, Gordon Brown, se marcan los principales aspectos de la ambiciosa ‘hoja de ruta’ que habrá que desarrollar. Además de “revisar la ejecución de los principios y decisiones acordadas” en Washington, la propuesta fija varias iniciativas para llegar a una acción coordinada destinada a “restaurar la estabilidad y establecer las bases de una recuperación sostenible”; en concreto, se sugiere examinar el impacto real de las medidas adoptadas para incrementar la demanda global –desde el “plan Obama” hasta los diversos planes nacionales como el “Plan E” español-, que de momento no han rendido frutos apreciables.

Además, Brown propone la toma de otras decisiones: renuncia expresa de todos los países a utilizar el proteccionismo y adopción de medidas que garanticen la financiación de comercio; reforma de las instituciones reguladoras de los mercados financieros; refuerzo del FMI, que habría de ocuparse de crear un sistema de “alerta temprana de la crisis”; nuevo impulso político para tratar de concluir la cumbre de Doha sobre comercio internacional; más estrecha cooperación macroeconómica para restaurar el crecimiento y proteger los empleos, evitar contagios negativos y apoyar los mercados de los países emergentes y países en desarrollo.

Tan relevante como la cumbre de Londres será la que ha convocado Merkel en Berlín el próximo domingo para promover “una posición común” de la Unión Europea. A esta reunión asistirán sólo los países europeos del G-20, más España y los Países Bajos. La relación intraeuropea es vital porque no resulta concebible que los países comunitarios puedan salir aisladamente de la recesión. Y para que Alemania vuelva a ser “motor” de Europa y recupere su potencia exportadora, es preciso que sus grandes clientes se repongan de la crisis.

Es muy positivo que España esté de oficio en estas cumbres (es previsible, además, que en la cumbre de Londres Rodríguez Zapatero pueda mantener el primer contacto bilateral con Obama, probable comienzo de un cambio en la relación España-USA). Pero no deberíamos perder un minuto del análisis en estas cuestiones coyunturales: la convicción de que la crisis global sólo admite soluciones globales ha de bastar para estimular una cooperación intensa, real y nada retórica, entre las grandes economías. Una cooperación que debe buscar frutos tangibles en el refuerzo de los mercados financieros y en la recuperación de la actividad, y que asimismo ha de generar confianza en la opinión pública internacional. Sin ella, no regresará el necesario dinamismo a los agentes económicos.

Elecciones vascas y gobernabilidad

Mircoles, 14 Enero 2009

Las elecciones autonómicas vascas del 1 de marzo pueden representar la salida del nacionalismo del poder en la comunidad, tras casi tres décadas de ocuparlo. Pero también pueden suponer la entrada de nuestro país en una etapa de inestabilidad dada la dificultad que encontrará el Gobierno socialista para encontrar apoyos parlamentarios.

El panorama es el siguiente: todos los pronósticos auguran que, aunque el PNV ganará las elecciones regionales, la correlación de fuerzas resultante de la consulta no permitirá la reedición del ‘tripartito’ (PNV-EA-IU). Y sí, en cambio, la formación de un gobierno socialista en minoría apoyado desde fuera por el Partido Popular.  En 2005, la coalición PNV-EA consiguió 29 escaños y 18 el PSOE, con 190.000 votos de diferencia; se piensa que la distancia se reducirá considerablemente, pero no tanto como para que el PSOE sobrepase al PNV, que ahora se presenta sólo.

Si se confirma esta situación, el PNV de Urkullu intentará por todos los medios convencer al PSOE para formar un gobierno transversal, como los que se sucedieron en el País Vasco antes de que Ibarretxe optara por la fórmula actual cuando ya las relaciones PNV-PSE se habían deteriorado gravemente, a causa sobre todo de la radicalización del nacionalismo que impulsó Arzallus y que desembocó en el Pacto de Estella. Para ello, Urkullu estaría incluso dispuesto a jubilar definitivamente a Ibarretxe y a colocar en su lugar a una figura moderada del estilo de Ardanza (se habla insistentemente de que quien mejor podría responder a este perfil sería Izaskun Bilbao, actual presidenta de la Cámara Vasca). Rodríguez Zapatero vería con buenos ojos esta solución, que no sería sin embargo aceptada por Patxi López y su núcleo de poder en el PSE-PSOE. En definitiva, si no suceden sorpresas, López será, al menos por un tiempo, lehendakari. Una saludable experiencia para la democracia vasca, que no ha experimentado nunca la alternancia.

Los problemas los tendrá en esta hipótesis el gobierno central, que ya no podrá contar con el apoyo parlamentario del PNV. Como es sabido, el grupo socialista está a sólo siete escaños de la mayoría absoluta, pero tras haber pasado CiU en Cataluña a la oposición, los seis votos del PNV le resultan vitales, como se ha comprobado en la reciente tramitación delos Presupuestos Generales del Estado. 

La posición de la mayoría socialista se volverá entonces delicada en Madrid. No peligrará la estabilidad del Gobierno ya que resultaría impensable que prosperase una hipotética moción de censura, que en nuestro régimen constitucional ha de ser constructiva –es decir, ha de incluir la propuesta de un candidato alternativo-, pero la tramitación de los proyectos legislativos puede volverse un calvario para el Gobierno.

Esta evidencia lleva a algunos buenos conocedores de la realidad vasca a pronosticar que el reinado de Patxi López sería en este caso efímero. La capacidad de adaptación del PNV, que no dudaría en adquirir un perfil moderado para asegurarse la vuelta al poder, auspiciaría pronto el paso a la fórmula transversal, que no en vano es con diferencia la más apreciada por la ciudadanía vasca, según acreditan todas las encuestas.