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Errores y remedios

Martes, 23 Marzo 2010

Los pactos entre formaciones nacionalistas y no nacionalistas, aunque consustanciales con nuestro modelo democrático y con el sistema electoral proporcional, producen malformaciones que hieren la sensibilidad mayoritaria y con frecuencia han de ser corregidas cuando cesa aquella colaboración. Ello es especialmente así cuando la influencia nacionalista ha sido ejercida por una formación radical, como ERC en Cataluña o el BNG en Galicia.

 

Hoy día, dos de estas disfunciones están en vías de reparación: En lo tocante a Cataluña, el ministro de Educación, Gabilondo, ha dicho claramente que está en contra de que existan reglas rígidas de rotulación en Cataluña cuya vulneración acarree sanciones; el tripartito, de la mano de Maragall y a impulsos de ERC, ha ido en este asunto incluso más allá de lo que había dispuesto el partido de Pujol sobre el particular. Y dos, el presidente de Galicia, el popular Núñez Feijóo, ha corregido un deslizamiento lingüístico anterior, fruto del pacto entre el PSOE y el BNG, disponiendo que en lo sucesivo los alumnos puedan cursar la educación obligatoria en la lengua que decidan sus progenitores.

 

Ambos designios –la corrección de la rigidez catalana si prosperan la tesis del ministro; la liberalización de la educación gallega en camino hacia un bilingüismo pacífico y real- van en la dirección adecuada. La de la madurez, la del imperio de la moderación sobre el fundamentalismo etnicista.

Hacia las elecciones del 1 de marzo

Viernes, 13 Febrero 2009

La renovación de los parlamentos vasco y gallego que se producirá en las urnas el 1 de marzo tiene en esta ocasión una singular importancia intrínseca en Euskadi, donde según las encuestas podría concluir el reinado nacionalista que ha durado toda la etapa democrática. El cambio vasco, después de la radicalización soberanista del PNV, constituye una necesidad casi de salubridad pública, toda vez que así se romperían de una vez las redes clientelares que ha tejido el nacionalismo, convertido en un auténtico y anacrónico movimiento nacional

En Galicia, la confrontación es asimismo interesante porque, en tanto la coalición social nacionalista habrá de contrastar su ejecutoria tras una gestión generalmente apreciable aunque con algunos abultados errores –los gastos ostentosos de la presidencia, el  último de ellos-, el PP tendrá ocasión de comprobar si la modernización impulsada por Núñez Feijoo, que ha dejado atrás los tiempos oscuros de las familias fraguistas, ha calado en el electorado y ha conseguido o no aglutinar a una mayoría de ciudadanos en torno al centro-derecha. 

Pero como sucede siempre con las elecciones parciales, los resultados que se obtengan y las coaliciones a posteriori que se formalicen tendrán repercusión sobre la política nacional. Y esta vez, los ecos de las autonómicas serán muy sonoros.

Primeramente, y en lo que concierne al PP, la nota que obtenga este partido en el doble examen será inmediatamente atribuida a su líder, Rajoy, cuyo débil liderazgo está siendo cuestionado por un sector crítico que, aunque golpeado por los últimos escándalos, no ceja en su empeño de alcanzar el poder en la organización. El hecho de que Rajoy sea gallego otorga un simbolismo especial a las elecciones en esta comunidad que fue tanto tiempo del PP, y sin embargo las encuestas auguran un retroceso de este partido en beneficio del PSG-PSOE. En Euskadi, el PP no ha cerrado aún las heridas causadas por la marcha de María San Gil y es además probable que parte de su clientela se desvíe hacia el nuevo partido de Rosa Díez por lo que parecen verosímiles los sondeos que presagian un considerable descenso del PP, en tanto el PSE-PSOE conseguiría uno de los mejores resultados de su historia. 

En segundo lugar, el signo del gobierno vasco condicionará la acción del gobierno central, ya que al PSOE le faltan siete diputados para alcanzar la mayoría absoluta del Congreso, déficit que ha completado frecuentemente con los seis diputados del PNV. Si el actual tripartito más Aralar no consigue la mayoría absoluta de la Cámara de Vitoria, Patxi López optará probablemente por formar gobierno en solitario con el apoyo externo del PP.  La coalición transversal PSE-PNV, que ya gobernó hasta 1998, que es la más deseada por los electores según los sondeos y la que al parecer prefiere el presidente Zapatero, resulta muy difícil en esta ocasión: si López acumula más escaños que el PNV, no es imaginable que los nacionalistas participen en un gobierno presidido por un socialista; y no parece probable que López acepte el papel secundario que Ramón Jáuregui desempeñó durante la anterior etapa de colaboración.

Hay, en fin, intereses vitales, regionales y estatales, en estas dos consultas. No es extraño que las fuerzas políticas pongan toda la carne en el asador en esta campaña electoral que acaba de comenzar.