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Entradas con etiqueta ‘Patxi López’

Las condiciones de UPyD

Lunes, 2 Marzo 2009

Si finalmente el PSE-PSOE no consigue el escaño número 25 en el País Vasco tras el recuento del voto de la emigración, la formación de un gobierno constitucionalista requerirá, además del apoyo del PSE (24 escaños) y del PP (13), el concurso de UPyD, cuyo escaño por Álava resulta indispensable para la formación de la mayoría absoluta (38 escaños).

Pero el apoyo de Rosa Díez a Patxi López no será fácil. No sólo porque aquélla rompió con el PSOE por su incompatibilidad con López sino también por los principales rasgos programáticos que ha exhibido UpyD en su oferta electoral: revisión del cupo vasco, devolución al Estado de las competencias en Educación, disolución de los gobiernos locales que estén en manos de la ilegalizada Acción Nacionalista Vasca…

Díez hará bien enfatizando estos rasgos, que la diferencian de los demás partidos estatales y que inciden verdaderamente en problemas reales aunque en algún caso no reflejan más que puro voluntarismo, pero sería absurdo que la utopía frustrara un cambio que es inaplazable y que ha de representar la entrada de raudales de oxígeno en un País Vasco intelectualmente afectado por demasiado tiempo de sectaria uniformidad. 

Encuestas de infarto

Lunes, 23 Febrero 2009

Como es habitual, ayer domingo, último antes de las elecciones gallegas y vascas, se publicaron en los medios las últimas encuestas relativas a dichas consultas. La pasada semana, ya aparecieron dos encuestas significativas: la del Gobierno vasco, según la cual el tripartito encabezado por Ibarretxe se quedaría a cuatro escaños de la mayoría absoluta (es difícil no creer que este sondeo se ha maquillado para impulsar la participación electoral de los simpatizantes del nacionalismo) y el barómetro de Antena 3, que presagia que el PP no conseguirá en Galicia la mayoría absoluta (obtendría entre 35 y 37 escaños) y que en Euskadi el PSE, que subiría cinco puntos, sería el árbitro de la situación frente a un PNV que bajaría el 5% y que no conseguiría escaños suficientes para reeditar el tripartito.

Las encuestas publicadas el domingo –en “ABC”, “El País”, “”La Vanguardia”, “El Mundo”…- pronostican sin embargo unos resultados bastante más ajustados. Julián Santamaría, catedrático de Ciencia Política, uno de los expertos en sociología aplicada más prestigiosos y presidente del Instituto Noxa que ha confeccionado los sondeos para “La Vanguardia”, ha resumido así la situación en las dos comunidades en juego: “La campaña electoral será clave ya que hay muchos indecisos y el resultado se juega en uno o dos escaños”. 

Característica fundamental de las encuestas publicadas es la escasa incidencia en los resultados de la coyuntura política –los escándalos de corrupción, espionaje y cinegéticos que tanto nos entretienen en Madrid-, y la gran preocupación ciudadana por la situación económica y el paro. Según los expertos, la recesión en que nos encontramos podría acentuar la abstención.

Así las cosas, las elecciones, que parecían resueltas a favor de la continuidad en Galicia y de un trascendental cambio en Euskadi, han adquirido un súbito interés entre la clase política (no entre la ciudadanía), que ha sido presa de un extraño miedo escénico. Rajoy toca con la punta de los dedos un buen resultado en Galicia, lo que le lleva a intensificar su campaña personal, en tanto el PSOE comienza a horrorizarse por lo que puede ser un buen resultado propio en Euskadi. Realmente, si el ‘tripartito’ no consigue la mayoría absoluta (38 escaños), todas las opciones de Patxi López son peligrosas para el Gobierno central. En efecto, si el líder del PSE se convierte en lehendakari gracias a los votos del PP, y el PNV pasa a la oposición, la soledad del PSOE en el Congreso, donde se encuentra a siete escaños de la mayoría absoluta, resultará preocupante. La posibilidad de un pacto PSE-PNV es remota: no son tiempos de gobiernos transversales ni parece viable pactarlos: ni López aceptaría ser segundo de Ibarretxe ni al contrario. Aunque siempre cabría que López apoyara a un lehendakari nacionalista distinto de Ibarretxe (¿Izaskun Bilbao, actual presidenta del Parlamento vasco?).

 

A Rajoy, siempre bajo la lupa de su sector crítico, puede bastarle un resultado honroso en Galicia –como mínimo, repetir el de hace cuatro años- para salvar el escollo y mantenerse en el sillón de Génova sin oposición.  Pero en este caso y si consigue salir del atolladero de los escándalos, aún le quedará por delante la gran prueba de las europeas, en junio. Si Mayor Oreja no consiguiera esta vez ganar al Partido Socialista en unas elecciones en que es proverbial el voto de castigo al Gobierno de turno en todos los países comunitarios, Rajoy ya no podría probablemente oponerse a la evidencia de que no es un caballo ganador.

 

Elecciones vascas y gobernabilidad

Mircoles, 14 Enero 2009

Las elecciones autonómicas vascas del 1 de marzo pueden representar la salida del nacionalismo del poder en la comunidad, tras casi tres décadas de ocuparlo. Pero también pueden suponer la entrada de nuestro país en una etapa de inestabilidad dada la dificultad que encontrará el Gobierno socialista para encontrar apoyos parlamentarios.

El panorama es el siguiente: todos los pronósticos auguran que, aunque el PNV ganará las elecciones regionales, la correlación de fuerzas resultante de la consulta no permitirá la reedición del ‘tripartito’ (PNV-EA-IU). Y sí, en cambio, la formación de un gobierno socialista en minoría apoyado desde fuera por el Partido Popular.  En 2005, la coalición PNV-EA consiguió 29 escaños y 18 el PSOE, con 190.000 votos de diferencia; se piensa que la distancia se reducirá considerablemente, pero no tanto como para que el PSOE sobrepase al PNV, que ahora se presenta sólo.

Si se confirma esta situación, el PNV de Urkullu intentará por todos los medios convencer al PSOE para formar un gobierno transversal, como los que se sucedieron en el País Vasco antes de que Ibarretxe optara por la fórmula actual cuando ya las relaciones PNV-PSE se habían deteriorado gravemente, a causa sobre todo de la radicalización del nacionalismo que impulsó Arzallus y que desembocó en el Pacto de Estella. Para ello, Urkullu estaría incluso dispuesto a jubilar definitivamente a Ibarretxe y a colocar en su lugar a una figura moderada del estilo de Ardanza (se habla insistentemente de que quien mejor podría responder a este perfil sería Izaskun Bilbao, actual presidenta de la Cámara Vasca). Rodríguez Zapatero vería con buenos ojos esta solución, que no sería sin embargo aceptada por Patxi López y su núcleo de poder en el PSE-PSOE. En definitiva, si no suceden sorpresas, López será, al menos por un tiempo, lehendakari. Una saludable experiencia para la democracia vasca, que no ha experimentado nunca la alternancia.

Los problemas los tendrá en esta hipótesis el gobierno central, que ya no podrá contar con el apoyo parlamentario del PNV. Como es sabido, el grupo socialista está a sólo siete escaños de la mayoría absoluta, pero tras haber pasado CiU en Cataluña a la oposición, los seis votos del PNV le resultan vitales, como se ha comprobado en la reciente tramitación delos Presupuestos Generales del Estado. 

La posición de la mayoría socialista se volverá entonces delicada en Madrid. No peligrará la estabilidad del Gobierno ya que resultaría impensable que prosperase una hipotética moción de censura, que en nuestro régimen constitucional ha de ser constructiva –es decir, ha de incluir la propuesta de un candidato alternativo-, pero la tramitación de los proyectos legislativos puede volverse un calvario para el Gobierno.

Esta evidencia lleva a algunos buenos conocedores de la realidad vasca a pronosticar que el reinado de Patxi López sería en este caso efímero. La capacidad de adaptación del PNV, que no dudaría en adquirir un perfil moderado para asegurarse la vuelta al poder, auspiciaría pronto el paso a la fórmula transversal, que no en vano es con diferencia la más apreciada por la ciudadanía vasca, según acreditan todas las encuestas.

El parto de los montes

Lunes, 12 Enero 2009

Parirán los montes y nacerá un ridículo ratón. Horacio

 

El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha tomado la decisión de sobreseer el caso que ha sentado en el banquillo al lehendakari Ibarretxe y al secretario del PSE Patxi López., entre otros políticos vascos, acusados de “desobediencia” tras haberse reunido con miembros de la ilegalizada Batasuna durante el “proceso de paz”.  Lo ha hecho por mayoría, con el voto particular del presidente, Manuel Díaz de Rábago, por considerar que “hay falta de acusación legítima” para celebrar el juicio al no ejercer la acción penal ni la fiscal ni la acusación particular, tan sólo las acusaciones populares. Es la llamada “doctrina Botín“.

Finalmente, la Justicia ha llegado a las conclusiones del sentido común, por vía indirecta y merced a la jurisprudencia del Tribunal Supremo que en este caso ha permitido al Tribunal salvar la cara. Vienen perfectamente a cuento aquellos versos de Cervantes ante el túmulo de Felipe II: “…y luego in continente / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada“.

Es inevitable preguntarse si era preciso mantener en vilo durante dos años la política vasca con la instrucción de una causa absurda, a pesar de que el Supremo ya había manifestado en un caso parecido –una denuncia contra el presidente del Gobierno por la misma razón, el ‘proceso de paz’- que era ilegítimo y marrullero intentar controlar el desempeño político de los gobiernos mediante querellas judiciales. No se entiende,  en fin, cómo la manifiesta falta de profesionalidad de quienes han conducido este caso hasta la nada durante tanto tiempo no ha de tener consecuencia alguna para los autores del disparate. El crédito de los jueces sigue decayendo.  

Jueces por encima del bien y del mal

Lunes, 5 Enero 2009

El poder judicial de este país está desorientado, en parte por la postración a que ha sido sometido por los restantes poderes –sus quejas sobre la insuficiencia de medios están perfectamente justificadas-, en parte por sus propias carencias. Porque aunque la Justicia haya de ser “invisible y nula” según el célebre dictamen de Montesquieu, es claro que sus actuaciones no están al margen de la sociedad y de la política, por lo que resulta exigible cierta adecuación de su ejecutoria al sentido común y al sentido de la oportunidad.

Viene esto a cuenta del hecho de que el próximo jueves comienza la vista oral por “colaboración necesaria a la desobediencia” al Tribunal que ilegalizó Batasuna contra varios políticos vascos, y entre ellos los dos principales candidatos en las elecciones del 1 de marzo: Juan José Ibarretxe y Patxi López, acusados de haberse entrevistado con representantes de aquella organización radical en pleno ‘proceso de paz’. El procedimiento ha durado dos años,  apoyado exclusivamente por la acusación popular –asociaciones civiles de dudosa representatividad-, llevado adelante por la obstinada voluntad del juez instructor contra la opinión del ministerio fiscal y de varios jueces que han emitido votos particulares a lo largo del procedimiento.

La sinrazón de estas actuaciones está bien acreditada: esta causa es en todo similar a otra querella que se interpuso contra el presidente del Gobierno, desestimada por el Tribunal Supremo con un doble argumento: de un lado, para que exista delito de desobediencia es preciso que se haya producido una orden expresa y debidamente comunicada; de otro lado, el alto Tribunal califica de “fraude de ley” cualquier intento de recurrir a la Justicia para interferir en el control de los actos políticos del Ejecutivo. En otras palabras, es rechazable –viene a decir el Supremo- judicializar la política para desgastar al adversario u obtener otros fines espurios.

También cabe invocar a este respecto la llamada ‘doctrina Botín’, establecida por el Supremo, según la cual una querella no prospera si sólo la mantiene viva la acusación popular, aunque el alto Tribunal no siempre la haya aplicado en sus exactos términos: en el ‘caso Atutxa’ no se tomó en cuenta, lo que sólo puede ser atribuido a la endeblez del concepto de jurisprudencia en este país.

De cualquier modo, y aunque el instructor pueda reivindicar seguramente con razón la integridad de su propio criterio, cabe alegar el mencionado sentido de la oportunidad: tras tanta dilación en el proceso, ubicar la vista oral, que durará varias semanas, a las puertas de unas elecciones autonómicas de extraordinaria importancia –es posible que se produzca esta vez un cambio histórico en Euskadi- constituye un puro disparate, que no puede excusarse con el argumento de la independencia judicial. Ésta no padece en absoluto si el calendario de los actos del juez se acomoda a la realidad social.

En definitiva, una vez más los jueces están en el centro de la polémica por méritos propios. Por esta vía, será muy difícil que el Poder Judicial encuentre la comprensión y el apoyo social que reclama cuando trata de justificar sus propios errores.