Blogs

Entradas con etiqueta ‘PNV’

Reglas democráticas

Lunes, 4 Mayo 2009

En la década de los ochenta, tuvo lugar en Europa un debate sobre los límites de la democracia a raíz de unos fondos estatales suecos destinados a adquirir acciones de empresas privadas: aquella medida socialdemócrata dificultaba la alternancia, toda vez que los futuros gobiernos no podrían revertir la medida; la señora Thatcher hizo campaña en contra de aquellas solapadas actuaciones que, a su entender, podía impedir el regreso de los liberales al poder en Suecia. y es que, en efecto, la democracia, para serlo, debe ser reversible.

También es opinable la ortodoxia de un déficit público excesivo. Enajenar los presupuestos futuros de forma exagerada priva de autonomía a los gobiernos del porvenir, que han de acatar irremediablemente las pautas impuestas por los anteriores. Las gigantescas inversiones de Gallardón en Madrid, que habrán de financiarse durante un cuarto de siglo, serían un mal ejemplo en este sentido.

Mucho más claro y concreto es el fraude de ley que ha cometido Ibarretxe antes de perder el Gobierno de Euskadi. Apresurar el gasto presupuestario hasta casi agotar  las disponibilidades en cuatro meses para atar de pies y manos al nuevo Gobierno que tomará posesión esta semana constituye una falta democrática grave que corrobora las mayores sospechas sobre la dudosa pulcritud democrática del “movimiento nacional” que cree ser el PNV. 

El PNV a la oposición

Mircoles, 11 Marzo 2009

En las últimas horas se ha conocido que Jesús Eguiguren, presidente del PSE-PSOE, estaría trabajando en pro de un gobierno transversal PSE-PNV con Patxi López como lehendakari. Esta fórmula facilitaría las cosas a Zapatero, ya que le proporcionaría el apoyo parlamentario del PNV en el Congreso (los seis diputados vascos, que, sumados a los 169 del PSOE, darían plena estabilidad al Gobierno). Sin embargo, es muy dudoso que tal coalición respondiera a la voluntad de cambio que López dice haber percibido en la sociedad vasca, que, por primera vez ha alumbrado una mayoría no nacionalista en la Cámara de Vitoria. 

En efecto, lo que está en juego en Euskadi no es sólo un equilibrio político sino una reorganización del poder y un saneamiento de las dinámicas sociales. En treinta años, el PNV ha construido una trama de intereses y clientelas que desfigura la neutralidad institucional y genera reductos de votos cautivos que distorsionan la propia democracia. Tanto tiempo en el poder ha hecho posible el surgimiento de inercias viciadas y de hábitos objetivamente corruptos que es preciso desterrar. 

Todo ello se hace especialmente evidente en dos ámbitos significativos: la policía y la televisión vascas. En la Ertzaintza, un cuerpo policial formado por cerca de 8.000 agentes, todos los cargos relevantes –más de quinientos- son de confianza y, por lo tanto, de libre designación. Es claro que un cambio de mayoría política, capaz de generar una colaboración más estrecha entre la policía vasca y las policías estatales –sobre todo en materia de lucha antiterrorista-, representaría significativos relevos, e incluso podría dar lugar a un sistema de nombramientos y ascensos mediante criterios objetivos, como parece deseable.

La Radio Televisión Pública Vasca –la ETB- es en la actualidad un organismo estrechamente vinculado al PNV (en descargo de los nacionalistas vascos, hay que reconocer que esta parcialidad, que llega con frecuencia al sectarismo, es general y ocurre en prácticamente todas las televisiones autonómicas del Estado).  Quien ocupó la dirección general de este organismo hasta 2008, Andoni Ortúzar, abandonó el cargo para presidir el PNV en Vizcaya y convertirse en número dos del actual presidente del EBB, Urkullu. La ETB ha sido el gran aparato de propaganda de los planes soberanistas de Ibarretxe, sin contradicción posible en sus cadenas de radio y televisión. Los cambios resultarán también en este caso oxigenantes.

En esta hipótesis de pérdida del poder autonómico, el PNV conservará de momento las diputaciones (que gobierna pese a ser segunda o tercera fuerza provincial gracias a los desacuerdos de los demás partidos), que gestionan las poderosas Haciendas Forales. Pero sin mayoría suficiente para controlar las cajas (la alavesa, la Vital, ya tiene como presidente al socialista Gregorio Rojo, y en las otras dos,  la mayoría es tan ajustada que no fue posible aprobar la fusión entre la BBK y la Kutxa). Previsiblemente, además, el cambio de equipo en Ajuria Enea supondría el relevo al frente de las diversas empresas públicas vascas, verdaderos feudos nacionalistas.

El ‘cambio’ en Euskadi, si llega a producirse, habría de llevarse a cabo con sana intención pedagógica: no debería representar la vuelta de la tortilla sino la normalización democrática, que ha de procurar avances en la neutralidad administrativa, de forma que la alternancia sea cada vez menos una sacudida social. La madurez democrática se demuestra precisamente en que los cambios de mayoría no provocan grandes terremotos. Entre otras razones, porque el poder no se entiende como ocupación sino como servicio. Hemos de avanzar en esta dirección, también en el opaco terreno autonómico. 

Bajeza moral

Martes, 10 Marzo 2009

El PNV está dando muestras de escasa sensibilidad democrática ante la expectativa de perder el poder autonómico. Primero, ha criticado la Ley de Partidos, que a su juicio distorsiona la representación en el País Vasco; insinúa así que, de haberse presentado la izquierda abertzale radical a las elecciones, aceptaría sus votos para mantenerse en Ajuria Enea (no sería la primera vez). Después, ha insinuado la ilegitimidad de un gobierno socialista aupado por los populares, y ha llegado a hablar de “golpe institucional”, concepto que no está evidentemente muy alejado del de “golpe de Estado”. Finalmente, ha lanzado la maliciosa especie de que el PSE-PSOE estaría dialogando con la ilegalizada Batasuna, quién sabe si para intentar una negociación con ETA, para dificultar el apoyo de los populares a Patxi López.

Bajeza moral es la expresión que mejor describe esta resistencia ante el desalojo del “movimiento nacional” vasco que ha tejido redes clientelares muy sólidas durante treinta años de hegemonía.  Es comprensible que el PNV se duela del mal trago, pero sólo quien abrace convicciones autoritarias podrá estar dispuesto a impedir por todos los medios que se consume un cambio que los ciudadanos han posibilitado claramente en las urnas.

PP y PSOE se necesitan

Lunes, 9 Marzo 2009

El proceso sin duda más reconfortante que afecta la política española en los últimos años es la progresiva contracción del nacionalismo periférico, especialmente de sus manifestaciones más radicales. La ciudadanía de este país, que ha demostrado gran sabiduría y una poderosa intuición en los treinta años de recorrido democrático, ha ido percatándose seguramente de que la dispersión de voto y su atribución a fuerzas excéntricas que ponen en duda los fundamentos del sistema comenzaba a debilitar el régimen constitucional, que goza del aprecio y satisface plenamente a la inmensa mayoría de los españoles.

Enric Juliana acaba de publicar en la prensa de Cataluña un análisis en el que constata que ésta es también la opinión de los más reputados sociólogos políticos, como José Juan Toharia o Juan Ignacio Wert. Y los datos son reveladores: en las pasadas elecciones generales de las que ayer precisamente se cumplía un año, todas las formaciones periféricas perdieron votos; la débacle fue particularmente estrepitosa para ERC, que redujo su clientela a menos de la mitad y pasó de 8 escaños a 3 en el Congreso, así como para el PNV, que vio cómo se esfumaban 120.000 votos de su cantera y perdió las elecciones en las tres provincias vascas, en las tres capitales y en la mayoría de las grandes localidades.

En las elecciones del 1 de marzo, las fuerzas del ‘tripartito’ vasco perdieron 62.000 votos y la mayoría absoluta de escaños, y ni siquiera podrían ya formar gobierno con Aralar, que recogió buena parte del voto ‘abertzale’. Gracias a ello, el PSOE podrá gobernar en Euskadi con el apoyo del PP.

Sin embargo, el adelgazamiento de los nacionalismos crea dificultades al partido político que Gobierna en el Estado con mayoría relativa (las mayorías absolutas son la excepción y no la regla en este país, a causa del sistema electoral proporcional). El pacto vasco PP-PSOE genera en este sentido inestabilidad en el Parlamento español, ya que el PSOE perderá la posibilidad de apoyarse en el PNV. Así las cosas, el grupo socialista no tendrá más remedio que recurrir a las minorías irrelevantes de la Cámara para sacar adelante sus iniciativas. Pero si cundiese cierta magnanimidad en los grandes partidos, este obstáculo podría salvarse fácilmente. De hecho, resultaría difícil de entender que el PP no facilitase la estabilidad cuando de lo que se trata en esta coyuntura excepcional es de combatir la crisis económica, objetivo primordial y casi único de esta legislatura. Algunos portavoces socialistas ya han requerido a Rajoy para que preste apoyo al Gobierno en este designio.

Si el PP y el PSOE, que son capaces de favorecer el cambio en Euskadi, no acertaran a entenderse en la lucha contra la crisis, mandarían a la opinión pública un mensaje equivocado: el de que las minorías nacionalistas no sólo no entorpecen el proceso político sino que son necesarias para garantizar la gobernabilidad. En cambio, si los dos grandes partidos demuestran que pueden cumplir sus respectivos roles sin desestabilizar ni paralizar el devenir político, es muy probable que consigan incrementar sus clientelas periféricas, en perjuicio de las anticuadas opciones particularistas que persiguen intereses locales por el procedimiento de introducir cuñas en los engranajes del Estado.

El giro al centro del PP facilita grandemente las cosas porque restablece una plausible simetría parlamentaria que hace posibles la cooperación y el diálogo. No habría que demorar, pues, la extrapolación del pacto PP-PSOE en Euskadi a un gran acuerdo de Estado en Madrid. El drama social de la crisis exige este esfuerzo.

La estabilidad de la legislatura

Sbado, 7 Marzo 2009

La formación de un gobierno socialista en el País Vasco con el apoyo político del Partido Popular, que relegará al Partido Nacionalista Vasco a la oposición, creará un problema evidente de estabilidad al Gobierno, constituido por una formación política, el PSOE, que también mantiene a CiU en la oposición en Cataluña. En ambos casos, las fuerzas nacionalistas hegemónicas están resentidas con el Partido Socialista, que les ha impedido gobernar a pesar de que en las respectivas elecciones autonómicas fueron las que obtuvieron más votos y más escaños.

El PSOE consiguió en las últimas elecciones generales 169 escaños, de forma que está a siete diputados de la mayoría absoluta. Hasta ahora, el grupo socialista se ha apoyado con frecuencia en el PNV (seis diputados) para sacar adelante sus iniciativas legislativas –la ley de Presupuestos de este año, por ejemplo-, ya que CiU (once diputados) se ha negado a cualquier colaboración. Si el Gobierno pierde también el apoyo del PNV, quedaría teóricamente en manos de ERC (tres escaños), IU (dos), BNG (dos), CC (dos), UPyD (uno) y Nafarroa Bai (uno).

Parece innecesario decir que la coyuntura de este país es sumamente grave a causa de la crisis económica, por lo que no resultaría nada tranquilizador que el Gobierno estuviera a merced de tan heterogéneas e insignificantes minorías. Así las cosas, tiene todo el sentido que el Gobierno reclame y que el PP conceda una estrecha colaboración entre las dos grandes fuerzas políticas en aquellos asuntos de Estado que hay que abordar con premura y énfasis en esta legislatura.

Tras las elecciones del 1-M, el liderazgo de Rajoy ha salido indudablemente fortalecido, a pesar de los episodios de corrupción y espionaje que quedarán superados si Génova aplica con firmeza la cirugía necesaria. Así las cosas, es evidente que el líder de la oposición tiene al alcance de la mano adquirir envergadura de estadista si sabe entender que su papel ahora no sólo consiste en la contradicción y el control del Gobierno sino en cerrar un gran pacto anticrisis y otros monográficos sobre la Justicia, sobre política exterior y sobre los asuntos de Estado que lo requieran.

Ramón Jáuregui le explicaba a este columnista recientemente que ésta es precisamente la intención de la mayoría: conseguir la estabilidad parlamentaria no sólo mediante ocasionales pactos con las minorías sino a través de un acuerdo de mayor calado con el principal partido de la oposición, que adquiere todo el sentido en las circunstancias excepcionales en que nos encontramos. Ha de tenerse en cuenta que el arma principal en la lucha contra la crisis, la confianza, no provendrá tanto de las medidas que sucesivamente se vayan aplicando cuanto de la aparatosidad y consistencia de la respuesta que reciba la recesión de parte de las instituciones del Estado.

Conviene, en fin, que Rajoy se libere cuanto antes de los tumores que debe extirpar en su partido y que se apreste a cumplir esta misión trascendental que le corresponde y que le permitirá sin duda asentarse definitivamente al frente del hemisferio conservador de este país.

La lista más votada

Martes, 3 Marzo 2009

Con ostentosa grandilocuencia, el PNV ha exigido a las demás fuerzas parlamentarias vascas que se respete el “principio no escrito” de la lista más votada y se permita por tanto gobernar a los nacionalistas, que efectivamente han ganado las elecciones con mayoría relativa de 30 escaños sobre 75. El PNV interpretaría cualquier otra opción como una “agresión política” ya que, a su juicio, el entendimiento PSE-PP sería contra natura.

Es muy humana la pretensión peneuvista de seguir gobernando, aunque sea en minoría, pero esta argumentación subjetiva, que resulta dudosamente democrática –quien debe gobernar en un régimen de democracia de segundo grado como el nuestro es quien consiga suficientes apoyos parlamentarios para hacerlo-, tropieza inexorablemente con la propia evidencia: en las elecciones forales del 2007, el PNV fue el segundo más votado en Guipúzcoa y el tercero en Álava, y sin embargo gobierna sin problemas en las dos diputaciones.

En un modelo de representación proporcional, las coaliciones y los pactos de legislatura son necesarios con frecuencia para lograr la gobernabilidad. En los treinta años de experiencia que ya acumula nuestro sistema, hay ejemplos de todas clases, algunos muy fecundos, otros no tanto. Así las cosas, es muy arriesgado hablar de pactos contra natura porque ninguna fuerza política puede tirar en esto la primera piedra.

Hacia las elecciones del 1 de marzo

Viernes, 13 Febrero 2009

La renovación de los parlamentos vasco y gallego que se producirá en las urnas el 1 de marzo tiene en esta ocasión una singular importancia intrínseca en Euskadi, donde según las encuestas podría concluir el reinado nacionalista que ha durado toda la etapa democrática. El cambio vasco, después de la radicalización soberanista del PNV, constituye una necesidad casi de salubridad pública, toda vez que así se romperían de una vez las redes clientelares que ha tejido el nacionalismo, convertido en un auténtico y anacrónico movimiento nacional

En Galicia, la confrontación es asimismo interesante porque, en tanto la coalición social nacionalista habrá de contrastar su ejecutoria tras una gestión generalmente apreciable aunque con algunos abultados errores –los gastos ostentosos de la presidencia, el  último de ellos-, el PP tendrá ocasión de comprobar si la modernización impulsada por Núñez Feijoo, que ha dejado atrás los tiempos oscuros de las familias fraguistas, ha calado en el electorado y ha conseguido o no aglutinar a una mayoría de ciudadanos en torno al centro-derecha. 

Pero como sucede siempre con las elecciones parciales, los resultados que se obtengan y las coaliciones a posteriori que se formalicen tendrán repercusión sobre la política nacional. Y esta vez, los ecos de las autonómicas serán muy sonoros.

Primeramente, y en lo que concierne al PP, la nota que obtenga este partido en el doble examen será inmediatamente atribuida a su líder, Rajoy, cuyo débil liderazgo está siendo cuestionado por un sector crítico que, aunque golpeado por los últimos escándalos, no ceja en su empeño de alcanzar el poder en la organización. El hecho de que Rajoy sea gallego otorga un simbolismo especial a las elecciones en esta comunidad que fue tanto tiempo del PP, y sin embargo las encuestas auguran un retroceso de este partido en beneficio del PSG-PSOE. En Euskadi, el PP no ha cerrado aún las heridas causadas por la marcha de María San Gil y es además probable que parte de su clientela se desvíe hacia el nuevo partido de Rosa Díez por lo que parecen verosímiles los sondeos que presagian un considerable descenso del PP, en tanto el PSE-PSOE conseguiría uno de los mejores resultados de su historia. 

En segundo lugar, el signo del gobierno vasco condicionará la acción del gobierno central, ya que al PSOE le faltan siete diputados para alcanzar la mayoría absoluta del Congreso, déficit que ha completado frecuentemente con los seis diputados del PNV. Si el actual tripartito más Aralar no consigue la mayoría absoluta de la Cámara de Vitoria, Patxi López optará probablemente por formar gobierno en solitario con el apoyo externo del PP.  La coalición transversal PSE-PNV, que ya gobernó hasta 1998, que es la más deseada por los electores según los sondeos y la que al parecer prefiere el presidente Zapatero, resulta muy difícil en esta ocasión: si López acumula más escaños que el PNV, no es imaginable que los nacionalistas participen en un gobierno presidido por un socialista; y no parece probable que López acepte el papel secundario que Ramón Jáuregui desempeñó durante la anterior etapa de colaboración.

Hay, en fin, intereses vitales, regionales y estatales, en estas dos consultas. No es extraño que las fuerzas políticas pongan toda la carne en el asador en esta campaña electoral que acaba de comenzar.

          

Elecciones vascas y gobernabilidad

Mircoles, 14 Enero 2009

Las elecciones autonómicas vascas del 1 de marzo pueden representar la salida del nacionalismo del poder en la comunidad, tras casi tres décadas de ocuparlo. Pero también pueden suponer la entrada de nuestro país en una etapa de inestabilidad dada la dificultad que encontrará el Gobierno socialista para encontrar apoyos parlamentarios.

El panorama es el siguiente: todos los pronósticos auguran que, aunque el PNV ganará las elecciones regionales, la correlación de fuerzas resultante de la consulta no permitirá la reedición del ‘tripartito’ (PNV-EA-IU). Y sí, en cambio, la formación de un gobierno socialista en minoría apoyado desde fuera por el Partido Popular.  En 2005, la coalición PNV-EA consiguió 29 escaños y 18 el PSOE, con 190.000 votos de diferencia; se piensa que la distancia se reducirá considerablemente, pero no tanto como para que el PSOE sobrepase al PNV, que ahora se presenta sólo.

Si se confirma esta situación, el PNV de Urkullu intentará por todos los medios convencer al PSOE para formar un gobierno transversal, como los que se sucedieron en el País Vasco antes de que Ibarretxe optara por la fórmula actual cuando ya las relaciones PNV-PSE se habían deteriorado gravemente, a causa sobre todo de la radicalización del nacionalismo que impulsó Arzallus y que desembocó en el Pacto de Estella. Para ello, Urkullu estaría incluso dispuesto a jubilar definitivamente a Ibarretxe y a colocar en su lugar a una figura moderada del estilo de Ardanza (se habla insistentemente de que quien mejor podría responder a este perfil sería Izaskun Bilbao, actual presidenta de la Cámara Vasca). Rodríguez Zapatero vería con buenos ojos esta solución, que no sería sin embargo aceptada por Patxi López y su núcleo de poder en el PSE-PSOE. En definitiva, si no suceden sorpresas, López será, al menos por un tiempo, lehendakari. Una saludable experiencia para la democracia vasca, que no ha experimentado nunca la alternancia.

Los problemas los tendrá en esta hipótesis el gobierno central, que ya no podrá contar con el apoyo parlamentario del PNV. Como es sabido, el grupo socialista está a sólo siete escaños de la mayoría absoluta, pero tras haber pasado CiU en Cataluña a la oposición, los seis votos del PNV le resultan vitales, como se ha comprobado en la reciente tramitación delos Presupuestos Generales del Estado. 

La posición de la mayoría socialista se volverá entonces delicada en Madrid. No peligrará la estabilidad del Gobierno ya que resultaría impensable que prosperase una hipotética moción de censura, que en nuestro régimen constitucional ha de ser constructiva –es decir, ha de incluir la propuesta de un candidato alternativo-, pero la tramitación de los proyectos legislativos puede volverse un calvario para el Gobierno.

Esta evidencia lleva a algunos buenos conocedores de la realidad vasca a pronosticar que el reinado de Patxi López sería en este caso efímero. La capacidad de adaptación del PNV, que no dudaría en adquirir un perfil moderado para asegurarse la vuelta al poder, auspiciaría pronto el paso a la fórmula transversal, que no en vano es con diferencia la más apreciada por la ciudadanía vasca, según acreditan todas las encuestas.

Oportunidad para Euskadi

Domingo, 14 Diciembre 2008

A medida que se espacian en el tiempo los atentados de ETA y desaparece por tanto la sensación de estar en presencia de una tragedia rutinaria, los crímenes adquieren una patológica solemnidad que acrecienta, si cabe, la conmoción de las conciencias.  Y así, el asesinato de Ignacio Uría en Azpeitia a manos de ETA y ante la impasibilidad de Acción Nacionalista Vasca (ANV), que no ha condenado la atrocidad, ha generado una colosal respuesta de la opinión pública, que exige que esta fuerza ilegalizada, marca blanca de Batasuna, abandone el poder allá donde lo detenta. De momento, y según acaba de anunciarse, ANV perderá el ayuntamiento de Azpeitia al haberle retirado su apoyo Eusko Alkartasuna y Aralar, y el Gobierno del Estado busca indicios de colaboración con ETA en los Ayuntamientos en que ANV gobierna con mayoría absoluta para instar  su disolución por la vía del artículo 61 de la ley de Bases de Régimen Local, reformada por última vez en 2003.

En definitiva, la brutalidad de ETA, que ha pretendido justificar este crimen con el argumento ecologista de su oposición a la “Y” del AVE vasco, ha provocado el distanciamiento entre Eusko Alkartasuna y la izquierda abertzale, frustrándose así el intento de la formación fundada por Garaikoetxea de crear una plataforma electoral que agrupara al independentismo no violento con vistas a las elecciones autonómicas de la próxima primavera. Como es conocido, EA ha decidido no formar más alianzas electorales con el Partido Nacionalista Vasco.

Las últimas encuestas –tanto las del Euskobarómetro como las del Ejecutivo Vasco- confirman el desgaste del PNV, ininterrumpidamente en el poder desde la formación de la autonomía, como ya se vio en las últimas elecciones generales del pasado marzo (perdió casi 120.000 votos y se quedó con poco más de 300.000, lo que le reportó un escaño menos en el Congreso de los Diputados), en las que se produjo un ascenso relevante del PSE-PSOE. En estas circunstancias,  dando por supuesto  que la izquierda radical excluida en virtud de la ley de Partidos no conseguirá presentar candidatura alguna, cobra verosimilitud la posibilidad de que el País Vasco cuente al fin con un lehendakari no nacionalista. 

Muchos pensamos que, como ocurría en Cataluña en 2003, la alternancia en Euskadi es un asunto de verdadera salubridad pública ya que un período tan largo de poder en las mismas manos ha tenido que engendrar forzosamente un cúmulo de relaciones clientelares tanto en la política como en la sociedad que desvirtúan el modelo democrático. La separación entre los centros de poder político y los grupos de presión económica y social tan sólo es verdaderamente posible allá donde existe un pluralismo real que genera oscilaciones en la titularidad de los gobiernos cada cierto período de tiempo. Y estas afirmaciones adquieren aún más rotundidad cuando las fuerzas que han monopolizado el poder durante décadas son nacionalistas: el nacionalismo, por definición, tiende a convertirse en “más que un partido”, en una especie de movimiento nacional que trasciende de la simple racionalidad democrática y se convierte en un fenómeno místico y cuasi religioso.

 A los nacionalistas no hay que excluirlos, ni mucho menos que “colgarlos” como quiere Fraga, pero sí hay que confrontarlos vigorosamente con otras opciones. Euskadi tiene ahora una magnífica oportunidad. Ojalá los vascos la aprovechen. 

‘Txeroki’ y Euskadi

Lunes, 17 Noviembre 2008

La detención de Garikoitz Aspiazu Rubina, “Txeroki”, supuesto jefe de los comandos etarras, probable cabecilla del llamado ‘aparato militar’, autor de horrendos crímenes –desde el atentado que costó la vida al juez Lidón en 2001 al de los dos guardias civiles en Capbreton a finales del 2007, pasando por el intento de asesinato que mutiló al joven socialista Eduardo Madina- y principal enemigo del fallido ‘proceso de paz’, al que apuntilló con el atentado contra la T-4, representa un paso decisivo en la desarticulación de ETA, no tanto porque la organización terrorista no sea capaz de sustituir al dirigente caído, que lo es, cuanto porque, como ha pronosticado reiteradamente el ministro Rubalcaba en los últimos tiempos, cada vez es más rápida la detención de los responsables de ETA, minada internamente, cercada policialmente, detestada internacionalmente, agobiada por la creciente falta de respaldo social.

El deterioro material creciente de ETA cuando la organización no ha sido capaz de sacudirse la animadversión y el descrédito que ha representado para ella el rechazo absurdo de la oportunidad de una salida relativamente honrosa que le brindó el Gobierno de Rodríguez Zapatero coincide además con algunos movimientos y con determinadas expectativas que pueden resultar decisivos en la apertura de horizontes del País Vasco, comunidad que se dispone a encarar unas trascendentes elecciones autonómicas en la primavera de 2009.

En efecto, la resurrección de la amenaza etarra tras la ‘tregua’, que ha sumido a la sociedad vasca en una reiterativa e indignada desazón, así como las utópicas, inviables y pertinaces propuestas soberanistas del lehendakari Ibarretxe, que han tropezado con el ordenamiento jurídico y han terminado de hastiar a la opinión pública vasca, han provocado un retroceso del apoyo electoral al PNV, que se advierte en las encuestas y que se hizo patente en las pasadas elecciones generales. Y mientras el PSE-PSOE parece afirmarse como una válida opción alternativa capaz de provocar la alternancia –probablemente con el apoyo a posteriori del Partido Popular-, el mundo nacionalista efectúa algunos movimientos significativos: la izquierda radical, desorientada y dividida tras el regreso de ETA a la violencia, ha desistido ya del imposible empeño de lanzar una ‘marca blanca’ capaz de sortear fraudulentamente la ley de Partidos, y al propio tiempo Eusko Alkartasuna, dispuesta a enfatizar su condición independentista, ha roto la coalición con el PNV para capitalizar esta situación. Así las cosas, si EA –una formación impecablemente democrática y opuesta a cualquier clase de violencia- consigue encarnar la representación del independentismo democrático vasco, el aislamiento de ETA, sin representación alguna en el Parlamento de Euskadi, podría terminar siendo insoportable para los terroristas y sus amigos.

Naturalmente, estos movimientos adquirirían completa entidad e infundirían nuevas y gratas expectativas a Euskadi si las elecciones autonómicas vascas consagrasen efectivamente la alternancia. Porque con independencia de preferencias ideológicas, es claro que tras más de veinticinco años de hegemonía nacionalista, que ha generado clientelismos y monopolios de toda índole, el cambio político se ha convertido en el País Vasco en una cuestión de verdadera salubridad pública. La democracia se agosta si no se renueva, y hoy se dan en Euskadi todas las condiciones para que la sociedad pueda poner verdaderamente en tensión su libertad de elegir, ya sin presiones insuperables, sin miedos exorbitantes, sin inercias potentes que se opongan al cambio.