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El PNV a la oposición

Mircoles, 11 Marzo 2009

En las últimas horas se ha conocido que Jesús Eguiguren, presidente del PSE-PSOE, estaría trabajando en pro de un gobierno transversal PSE-PNV con Patxi López como lehendakari. Esta fórmula facilitaría las cosas a Zapatero, ya que le proporcionaría el apoyo parlamentario del PNV en el Congreso (los seis diputados vascos, que, sumados a los 169 del PSOE, darían plena estabilidad al Gobierno). Sin embargo, es muy dudoso que tal coalición respondiera a la voluntad de cambio que López dice haber percibido en la sociedad vasca, que, por primera vez ha alumbrado una mayoría no nacionalista en la Cámara de Vitoria. 

En efecto, lo que está en juego en Euskadi no es sólo un equilibrio político sino una reorganización del poder y un saneamiento de las dinámicas sociales. En treinta años, el PNV ha construido una trama de intereses y clientelas que desfigura la neutralidad institucional y genera reductos de votos cautivos que distorsionan la propia democracia. Tanto tiempo en el poder ha hecho posible el surgimiento de inercias viciadas y de hábitos objetivamente corruptos que es preciso desterrar. 

Todo ello se hace especialmente evidente en dos ámbitos significativos: la policía y la televisión vascas. En la Ertzaintza, un cuerpo policial formado por cerca de 8.000 agentes, todos los cargos relevantes –más de quinientos- son de confianza y, por lo tanto, de libre designación. Es claro que un cambio de mayoría política, capaz de generar una colaboración más estrecha entre la policía vasca y las policías estatales –sobre todo en materia de lucha antiterrorista-, representaría significativos relevos, e incluso podría dar lugar a un sistema de nombramientos y ascensos mediante criterios objetivos, como parece deseable.

La Radio Televisión Pública Vasca –la ETB- es en la actualidad un organismo estrechamente vinculado al PNV (en descargo de los nacionalistas vascos, hay que reconocer que esta parcialidad, que llega con frecuencia al sectarismo, es general y ocurre en prácticamente todas las televisiones autonómicas del Estado).  Quien ocupó la dirección general de este organismo hasta 2008, Andoni Ortúzar, abandonó el cargo para presidir el PNV en Vizcaya y convertirse en número dos del actual presidente del EBB, Urkullu. La ETB ha sido el gran aparato de propaganda de los planes soberanistas de Ibarretxe, sin contradicción posible en sus cadenas de radio y televisión. Los cambios resultarán también en este caso oxigenantes.

En esta hipótesis de pérdida del poder autonómico, el PNV conservará de momento las diputaciones (que gobierna pese a ser segunda o tercera fuerza provincial gracias a los desacuerdos de los demás partidos), que gestionan las poderosas Haciendas Forales. Pero sin mayoría suficiente para controlar las cajas (la alavesa, la Vital, ya tiene como presidente al socialista Gregorio Rojo, y en las otras dos,  la mayoría es tan ajustada que no fue posible aprobar la fusión entre la BBK y la Kutxa). Previsiblemente, además, el cambio de equipo en Ajuria Enea supondría el relevo al frente de las diversas empresas públicas vascas, verdaderos feudos nacionalistas.

El ‘cambio’ en Euskadi, si llega a producirse, habría de llevarse a cabo con sana intención pedagógica: no debería representar la vuelta de la tortilla sino la normalización democrática, que ha de procurar avances en la neutralidad administrativa, de forma que la alternancia sea cada vez menos una sacudida social. La madurez democrática se demuestra precisamente en que los cambios de mayoría no provocan grandes terremotos. Entre otras razones, porque el poder no se entiende como ocupación sino como servicio. Hemos de avanzar en esta dirección, también en el opaco terreno autonómico. 

Bajeza moral

Martes, 10 Marzo 2009

El PNV está dando muestras de escasa sensibilidad democrática ante la expectativa de perder el poder autonómico. Primero, ha criticado la Ley de Partidos, que a su juicio distorsiona la representación en el País Vasco; insinúa así que, de haberse presentado la izquierda abertzale radical a las elecciones, aceptaría sus votos para mantenerse en Ajuria Enea (no sería la primera vez). Después, ha insinuado la ilegitimidad de un gobierno socialista aupado por los populares, y ha llegado a hablar de “golpe institucional”, concepto que no está evidentemente muy alejado del de “golpe de Estado”. Finalmente, ha lanzado la maliciosa especie de que el PSE-PSOE estaría dialogando con la ilegalizada Batasuna, quién sabe si para intentar una negociación con ETA, para dificultar el apoyo de los populares a Patxi López.

Bajeza moral es la expresión que mejor describe esta resistencia ante el desalojo del “movimiento nacional” vasco que ha tejido redes clientelares muy sólidas durante treinta años de hegemonía.  Es comprensible que el PNV se duela del mal trago, pero sólo quien abrace convicciones autoritarias podrá estar dispuesto a impedir por todos los medios que se consume un cambio que los ciudadanos han posibilitado claramente en las urnas.

Las condiciones de UPyD

Lunes, 2 Marzo 2009

Si finalmente el PSE-PSOE no consigue el escaño número 25 en el País Vasco tras el recuento del voto de la emigración, la formación de un gobierno constitucionalista requerirá, además del apoyo del PSE (24 escaños) y del PP (13), el concurso de UPyD, cuyo escaño por Álava resulta indispensable para la formación de la mayoría absoluta (38 escaños).

Pero el apoyo de Rosa Díez a Patxi López no será fácil. No sólo porque aquélla rompió con el PSOE por su incompatibilidad con López sino también por los principales rasgos programáticos que ha exhibido UpyD en su oferta electoral: revisión del cupo vasco, devolución al Estado de las competencias en Educación, disolución de los gobiernos locales que estén en manos de la ilegalizada Acción Nacionalista Vasca…

Díez hará bien enfatizando estos rasgos, que la diferencian de los demás partidos estatales y que inciden verdaderamente en problemas reales aunque en algún caso no reflejan más que puro voluntarismo, pero sería absurdo que la utopía frustrara un cambio que es inaplazable y que ha de representar la entrada de raudales de oxígeno en un País Vasco intelectualmente afectado por demasiado tiempo de sectaria uniformidad. 

Oportunidad para Euskadi

Domingo, 14 Diciembre 2008

A medida que se espacian en el tiempo los atentados de ETA y desaparece por tanto la sensación de estar en presencia de una tragedia rutinaria, los crímenes adquieren una patológica solemnidad que acrecienta, si cabe, la conmoción de las conciencias.  Y así, el asesinato de Ignacio Uría en Azpeitia a manos de ETA y ante la impasibilidad de Acción Nacionalista Vasca (ANV), que no ha condenado la atrocidad, ha generado una colosal respuesta de la opinión pública, que exige que esta fuerza ilegalizada, marca blanca de Batasuna, abandone el poder allá donde lo detenta. De momento, y según acaba de anunciarse, ANV perderá el ayuntamiento de Azpeitia al haberle retirado su apoyo Eusko Alkartasuna y Aralar, y el Gobierno del Estado busca indicios de colaboración con ETA en los Ayuntamientos en que ANV gobierna con mayoría absoluta para instar  su disolución por la vía del artículo 61 de la ley de Bases de Régimen Local, reformada por última vez en 2003.

En definitiva, la brutalidad de ETA, que ha pretendido justificar este crimen con el argumento ecologista de su oposición a la “Y” del AVE vasco, ha provocado el distanciamiento entre Eusko Alkartasuna y la izquierda abertzale, frustrándose así el intento de la formación fundada por Garaikoetxea de crear una plataforma electoral que agrupara al independentismo no violento con vistas a las elecciones autonómicas de la próxima primavera. Como es conocido, EA ha decidido no formar más alianzas electorales con el Partido Nacionalista Vasco.

Las últimas encuestas –tanto las del Euskobarómetro como las del Ejecutivo Vasco- confirman el desgaste del PNV, ininterrumpidamente en el poder desde la formación de la autonomía, como ya se vio en las últimas elecciones generales del pasado marzo (perdió casi 120.000 votos y se quedó con poco más de 300.000, lo que le reportó un escaño menos en el Congreso de los Diputados), en las que se produjo un ascenso relevante del PSE-PSOE. En estas circunstancias,  dando por supuesto  que la izquierda radical excluida en virtud de la ley de Partidos no conseguirá presentar candidatura alguna, cobra verosimilitud la posibilidad de que el País Vasco cuente al fin con un lehendakari no nacionalista. 

Muchos pensamos que, como ocurría en Cataluña en 2003, la alternancia en Euskadi es un asunto de verdadera salubridad pública ya que un período tan largo de poder en las mismas manos ha tenido que engendrar forzosamente un cúmulo de relaciones clientelares tanto en la política como en la sociedad que desvirtúan el modelo democrático. La separación entre los centros de poder político y los grupos de presión económica y social tan sólo es verdaderamente posible allá donde existe un pluralismo real que genera oscilaciones en la titularidad de los gobiernos cada cierto período de tiempo. Y estas afirmaciones adquieren aún más rotundidad cuando las fuerzas que han monopolizado el poder durante décadas son nacionalistas: el nacionalismo, por definición, tiende a convertirse en “más que un partido”, en una especie de movimiento nacional que trasciende de la simple racionalidad democrática y se convierte en un fenómeno místico y cuasi religioso.

 A los nacionalistas no hay que excluirlos, ni mucho menos que “colgarlos” como quiere Fraga, pero sí hay que confrontarlos vigorosamente con otras opciones. Euskadi tiene ahora una magnífica oportunidad. Ojalá los vascos la aprovechen.