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Hacia las elecciones del 1 de marzo

Viernes, 13 Febrero 2009

La renovación de los parlamentos vasco y gallego que se producirá en las urnas el 1 de marzo tiene en esta ocasión una singular importancia intrínseca en Euskadi, donde según las encuestas podría concluir el reinado nacionalista que ha durado toda la etapa democrática. El cambio vasco, después de la radicalización soberanista del PNV, constituye una necesidad casi de salubridad pública, toda vez que así se romperían de una vez las redes clientelares que ha tejido el nacionalismo, convertido en un auténtico y anacrónico movimiento nacional

En Galicia, la confrontación es asimismo interesante porque, en tanto la coalición social nacionalista habrá de contrastar su ejecutoria tras una gestión generalmente apreciable aunque con algunos abultados errores –los gastos ostentosos de la presidencia, el  último de ellos-, el PP tendrá ocasión de comprobar si la modernización impulsada por Núñez Feijoo, que ha dejado atrás los tiempos oscuros de las familias fraguistas, ha calado en el electorado y ha conseguido o no aglutinar a una mayoría de ciudadanos en torno al centro-derecha. 

Pero como sucede siempre con las elecciones parciales, los resultados que se obtengan y las coaliciones a posteriori que se formalicen tendrán repercusión sobre la política nacional. Y esta vez, los ecos de las autonómicas serán muy sonoros.

Primeramente, y en lo que concierne al PP, la nota que obtenga este partido en el doble examen será inmediatamente atribuida a su líder, Rajoy, cuyo débil liderazgo está siendo cuestionado por un sector crítico que, aunque golpeado por los últimos escándalos, no ceja en su empeño de alcanzar el poder en la organización. El hecho de que Rajoy sea gallego otorga un simbolismo especial a las elecciones en esta comunidad que fue tanto tiempo del PP, y sin embargo las encuestas auguran un retroceso de este partido en beneficio del PSG-PSOE. En Euskadi, el PP no ha cerrado aún las heridas causadas por la marcha de María San Gil y es además probable que parte de su clientela se desvíe hacia el nuevo partido de Rosa Díez por lo que parecen verosímiles los sondeos que presagian un considerable descenso del PP, en tanto el PSE-PSOE conseguiría uno de los mejores resultados de su historia. 

En segundo lugar, el signo del gobierno vasco condicionará la acción del gobierno central, ya que al PSOE le faltan siete diputados para alcanzar la mayoría absoluta del Congreso, déficit que ha completado frecuentemente con los seis diputados del PNV. Si el actual tripartito más Aralar no consigue la mayoría absoluta de la Cámara de Vitoria, Patxi López optará probablemente por formar gobierno en solitario con el apoyo externo del PP.  La coalición transversal PSE-PNV, que ya gobernó hasta 1998, que es la más deseada por los electores según los sondeos y la que al parecer prefiere el presidente Zapatero, resulta muy difícil en esta ocasión: si López acumula más escaños que el PNV, no es imaginable que los nacionalistas participen en un gobierno presidido por un socialista; y no parece probable que López acepte el papel secundario que Ramón Jáuregui desempeñó durante la anterior etapa de colaboración.

Hay, en fin, intereses vitales, regionales y estatales, en estas dos consultas. No es extraño que las fuerzas políticas pongan toda la carne en el asador en esta campaña electoral que acaba de comenzar.

          

‘Txeroki’ y Euskadi

Lunes, 17 Noviembre 2008

La detención de Garikoitz Aspiazu Rubina, “Txeroki”, supuesto jefe de los comandos etarras, probable cabecilla del llamado ‘aparato militar’, autor de horrendos crímenes –desde el atentado que costó la vida al juez Lidón en 2001 al de los dos guardias civiles en Capbreton a finales del 2007, pasando por el intento de asesinato que mutiló al joven socialista Eduardo Madina- y principal enemigo del fallido ‘proceso de paz’, al que apuntilló con el atentado contra la T-4, representa un paso decisivo en la desarticulación de ETA, no tanto porque la organización terrorista no sea capaz de sustituir al dirigente caído, que lo es, cuanto porque, como ha pronosticado reiteradamente el ministro Rubalcaba en los últimos tiempos, cada vez es más rápida la detención de los responsables de ETA, minada internamente, cercada policialmente, detestada internacionalmente, agobiada por la creciente falta de respaldo social.

El deterioro material creciente de ETA cuando la organización no ha sido capaz de sacudirse la animadversión y el descrédito que ha representado para ella el rechazo absurdo de la oportunidad de una salida relativamente honrosa que le brindó el Gobierno de Rodríguez Zapatero coincide además con algunos movimientos y con determinadas expectativas que pueden resultar decisivos en la apertura de horizontes del País Vasco, comunidad que se dispone a encarar unas trascendentes elecciones autonómicas en la primavera de 2009.

En efecto, la resurrección de la amenaza etarra tras la ‘tregua’, que ha sumido a la sociedad vasca en una reiterativa e indignada desazón, así como las utópicas, inviables y pertinaces propuestas soberanistas del lehendakari Ibarretxe, que han tropezado con el ordenamiento jurídico y han terminado de hastiar a la opinión pública vasca, han provocado un retroceso del apoyo electoral al PNV, que se advierte en las encuestas y que se hizo patente en las pasadas elecciones generales. Y mientras el PSE-PSOE parece afirmarse como una válida opción alternativa capaz de provocar la alternancia –probablemente con el apoyo a posteriori del Partido Popular-, el mundo nacionalista efectúa algunos movimientos significativos: la izquierda radical, desorientada y dividida tras el regreso de ETA a la violencia, ha desistido ya del imposible empeño de lanzar una ‘marca blanca’ capaz de sortear fraudulentamente la ley de Partidos, y al propio tiempo Eusko Alkartasuna, dispuesta a enfatizar su condición independentista, ha roto la coalición con el PNV para capitalizar esta situación. Así las cosas, si EA –una formación impecablemente democrática y opuesta a cualquier clase de violencia- consigue encarnar la representación del independentismo democrático vasco, el aislamiento de ETA, sin representación alguna en el Parlamento de Euskadi, podría terminar siendo insoportable para los terroristas y sus amigos.

Naturalmente, estos movimientos adquirirían completa entidad e infundirían nuevas y gratas expectativas a Euskadi si las elecciones autonómicas vascas consagrasen efectivamente la alternancia. Porque con independencia de preferencias ideológicas, es claro que tras más de veinticinco años de hegemonía nacionalista, que ha generado clientelismos y monopolios de toda índole, el cambio político se ha convertido en el País Vasco en una cuestión de verdadera salubridad pública. La democracia se agosta si no se renueva, y hoy se dan en Euskadi todas las condiciones para que la sociedad pueda poner verdaderamente en tensión su libertad de elegir, ya sin presiones insuperables, sin miedos exorbitantes, sin inercias potentes que se opongan al cambio.