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La estabilidad de la legislatura

Sbado, 7 Marzo 2009

La formación de un gobierno socialista en el País Vasco con el apoyo político del Partido Popular, que relegará al Partido Nacionalista Vasco a la oposición, creará un problema evidente de estabilidad al Gobierno, constituido por una formación política, el PSOE, que también mantiene a CiU en la oposición en Cataluña. En ambos casos, las fuerzas nacionalistas hegemónicas están resentidas con el Partido Socialista, que les ha impedido gobernar a pesar de que en las respectivas elecciones autonómicas fueron las que obtuvieron más votos y más escaños.

El PSOE consiguió en las últimas elecciones generales 169 escaños, de forma que está a siete diputados de la mayoría absoluta. Hasta ahora, el grupo socialista se ha apoyado con frecuencia en el PNV (seis diputados) para sacar adelante sus iniciativas legislativas –la ley de Presupuestos de este año, por ejemplo-, ya que CiU (once diputados) se ha negado a cualquier colaboración. Si el Gobierno pierde también el apoyo del PNV, quedaría teóricamente en manos de ERC (tres escaños), IU (dos), BNG (dos), CC (dos), UPyD (uno) y Nafarroa Bai (uno).

Parece innecesario decir que la coyuntura de este país es sumamente grave a causa de la crisis económica, por lo que no resultaría nada tranquilizador que el Gobierno estuviera a merced de tan heterogéneas e insignificantes minorías. Así las cosas, tiene todo el sentido que el Gobierno reclame y que el PP conceda una estrecha colaboración entre las dos grandes fuerzas políticas en aquellos asuntos de Estado que hay que abordar con premura y énfasis en esta legislatura.

Tras las elecciones del 1-M, el liderazgo de Rajoy ha salido indudablemente fortalecido, a pesar de los episodios de corrupción y espionaje que quedarán superados si Génova aplica con firmeza la cirugía necesaria. Así las cosas, es evidente que el líder de la oposición tiene al alcance de la mano adquirir envergadura de estadista si sabe entender que su papel ahora no sólo consiste en la contradicción y el control del Gobierno sino en cerrar un gran pacto anticrisis y otros monográficos sobre la Justicia, sobre política exterior y sobre los asuntos de Estado que lo requieran.

Ramón Jáuregui le explicaba a este columnista recientemente que ésta es precisamente la intención de la mayoría: conseguir la estabilidad parlamentaria no sólo mediante ocasionales pactos con las minorías sino a través de un acuerdo de mayor calado con el principal partido de la oposición, que adquiere todo el sentido en las circunstancias excepcionales en que nos encontramos. Ha de tenerse en cuenta que el arma principal en la lucha contra la crisis, la confianza, no provendrá tanto de las medidas que sucesivamente se vayan aplicando cuanto de la aparatosidad y consistencia de la respuesta que reciba la recesión de parte de las instituciones del Estado.

Conviene, en fin, que Rajoy se libere cuanto antes de los tumores que debe extirpar en su partido y que se apreste a cumplir esta misión trascendental que le corresponde y que le permitirá sin duda asentarse definitivamente al frente del hemisferio conservador de este país.

Hacia las elecciones del 1 de marzo

Viernes, 13 Febrero 2009

La renovación de los parlamentos vasco y gallego que se producirá en las urnas el 1 de marzo tiene en esta ocasión una singular importancia intrínseca en Euskadi, donde según las encuestas podría concluir el reinado nacionalista que ha durado toda la etapa democrática. El cambio vasco, después de la radicalización soberanista del PNV, constituye una necesidad casi de salubridad pública, toda vez que así se romperían de una vez las redes clientelares que ha tejido el nacionalismo, convertido en un auténtico y anacrónico movimiento nacional

En Galicia, la confrontación es asimismo interesante porque, en tanto la coalición social nacionalista habrá de contrastar su ejecutoria tras una gestión generalmente apreciable aunque con algunos abultados errores –los gastos ostentosos de la presidencia, el  último de ellos-, el PP tendrá ocasión de comprobar si la modernización impulsada por Núñez Feijoo, que ha dejado atrás los tiempos oscuros de las familias fraguistas, ha calado en el electorado y ha conseguido o no aglutinar a una mayoría de ciudadanos en torno al centro-derecha. 

Pero como sucede siempre con las elecciones parciales, los resultados que se obtengan y las coaliciones a posteriori que se formalicen tendrán repercusión sobre la política nacional. Y esta vez, los ecos de las autonómicas serán muy sonoros.

Primeramente, y en lo que concierne al PP, la nota que obtenga este partido en el doble examen será inmediatamente atribuida a su líder, Rajoy, cuyo débil liderazgo está siendo cuestionado por un sector crítico que, aunque golpeado por los últimos escándalos, no ceja en su empeño de alcanzar el poder en la organización. El hecho de que Rajoy sea gallego otorga un simbolismo especial a las elecciones en esta comunidad que fue tanto tiempo del PP, y sin embargo las encuestas auguran un retroceso de este partido en beneficio del PSG-PSOE. En Euskadi, el PP no ha cerrado aún las heridas causadas por la marcha de María San Gil y es además probable que parte de su clientela se desvíe hacia el nuevo partido de Rosa Díez por lo que parecen verosímiles los sondeos que presagian un considerable descenso del PP, en tanto el PSE-PSOE conseguiría uno de los mejores resultados de su historia. 

En segundo lugar, el signo del gobierno vasco condicionará la acción del gobierno central, ya que al PSOE le faltan siete diputados para alcanzar la mayoría absoluta del Congreso, déficit que ha completado frecuentemente con los seis diputados del PNV. Si el actual tripartito más Aralar no consigue la mayoría absoluta de la Cámara de Vitoria, Patxi López optará probablemente por formar gobierno en solitario con el apoyo externo del PP.  La coalición transversal PSE-PNV, que ya gobernó hasta 1998, que es la más deseada por los electores según los sondeos y la que al parecer prefiere el presidente Zapatero, resulta muy difícil en esta ocasión: si López acumula más escaños que el PNV, no es imaginable que los nacionalistas participen en un gobierno presidido por un socialista; y no parece probable que López acepte el papel secundario que Ramón Jáuregui desempeñó durante la anterior etapa de colaboración.

Hay, en fin, intereses vitales, regionales y estatales, en estas dos consultas. No es extraño que las fuerzas políticas pongan toda la carne en el asador en esta campaña electoral que acaba de comenzar.